En varios de los episodios de Terminator Zero de Netflix, la sensación es que el anime es la forma ideal en que esta distopía puede mostrar todo su horror. Mucho más, cuando en esta oportunidad, explora en una nueva dimensión. El animado es el primer añadido a la saga que no tiene a Sarah y John Connor como centro de su conflicto. Más bien, explora en el mundo capaz de crear una AI lo suficientemente poderosa para ser autónoma. Y después de ahí, capaz de devastar a la vida humana. La interrogante se plantea pronto, de modo que durante sus primeros capítulos, la producción intenta describirlo.
Ambientada en 1990, la serie reflexiona acerca del poder. Pero no lo hace a través de puntos de vista sencillos, sino de los riesgos que conlleva. El mundo de Terminator Zero todavía no se ha enfrentado al apocalipsis de 1997, pero podría provocar uno parecido. Eso, debido a la avaricia y la condición natural del ser humano de ser autodestructivo. La producción se vuelve terrorífica al mostrar lo que el hombre es capaz de hacer y de hecho, varias de sus mejores escenas, apelan a las mismas obsesiones de la saga cinematográfica. Del libre albedrío a la sustancia del tiempo y la realidad. El animado recupera lo mejor de las dos primeras películas de la franquicia — las únicas a tener en cuenta al momento de analizar su escenario — y lo lleva a nuevos extremos.
De hecho, el anime logra dotar de una belleza terrorífica y detallada, tanto al futuro distópico y a los horrores que guarda, como al pasado con aires de steampunk. Si en la saga apenas pudimos ver cómo era el mundo controlado por robots y de qué manera podía sobrevivirse, en Terminator Zero se explota en traumáticas secuencias. Lo que hace que, en general, la serie sea mucho más sólida, mejor construida y más atención a los puntos centrales de su argumento, de lo que fue cualquier otra cinta desde la segunda. Un soft reboot, que permite a Terminator como saga, recuperar su aire siniestro y temible. También, dotar a la producción de Netflix de un inteligente punto de vista sobre la ciencia ficción y el terror.
Una nueva amenaza

En Japón, Malcolm Lee (André Holland) desarrolla una IA de defensa, que espera, tenga aplicaciones mundiales a largo alcance. De hecho, en el universo de Terminator Zero, Skynet de Cyberdyne Systems, es una referencia, pero continúa siendo una promesa a distancia. Con inteligencia, la serie establece de inmediato que lo que ya fue narrado en las películas, es apenas una posibilidad de todas las catástrofes que podrían ocurrir. Pero en este caso, se trata de una amenaza por completo nueva.
Malcolm forma parte del equipo de la compañía nipona Cortex Industries. Y para el comienzo de Terminator Zero, acaba de descubrir las posibilidades de Kokoro; una inteligencia artificial (con la voz de Rosario Dawson), cuyo uso y en busca de ser competencia de Skynet, se diversifica en formas mucho más completas que su versión norteamericana. Lo que, al cabo, podría suponer una amenaza para el macabro y célebre sistema autónomo ya conocido en la saga. El guion establece de inmediato paralelismo en la forma de control que explora y podrían ejecutar ambos sistemas. Y de hecho, de los elementos más interesantes de la serie, es la manera en que nada parece accidental. Más allá de eso, en Terminator Zero se explora la posibilidad que la responsabilidad tecnológica sea algo más un concepto moral.
Este punto es muy obvio, cuando Malcolm comienza a ser acosado por extrañas y violentas imágenes de un holocausto nuclear. La serie retoma la idea del pánico colectivo de principios de 1980 y lo transforma en secuencias tan brutales y crueles, como para ser un hito dentro de la franquicia. Pero mucho más, contextualizar qué es realmente lo que podría simbolizar un ataque de Kokoro o Skynet al mundo. Más que nunca, lo que está en juego, en el presente y el futuro, parece el punto de quiebre para los personajes. Mucho más para Malcolm, padre de tres y que después de sus gráficos delirios, sospecha que el uso militar de la AI es más grave de lo que parece.
Un enemigo poderoso a vencer

Convencido que su trabajo puede llevar a un cataclismo, Malcolm comienza a reflexionar sobre la complejidad moral que rodea la creación de Kokoro. Mucho más, la manera en que ese paso, puede ser el primero de muchos hacia situaciones más extremas. Es entonces, cuando comienza a ser perseguido por un misterioso asesino (Timothy Olyphant), que no es otro que una versión del T-800 ya famoso en la saga.
Para la ocasión y en especial, gracias al formato animé, el robot ya no es solo un mecanismo amenazante de aspecto antropomórfico. Su naturaleza artificial es más evidente y, sin embargo, cuenta una historia distintas al del corpulento T-800 de Arnold Schwarzenegger o el T-1000 de Robert Patrick. Enviado desde el 2022, parece más grande, menos acabado y evidentemente, se trata de un modelo previo al ya visto. El director Masashi Kudō brinda a su asesino, una personalidad que tiene mucho que ver con el mundo del que proviene. Lo que hace más interesante toda la narración en su conjunto.

Por supuesto, la capacidad de los animados para mostrar la violencia de una manera más explícita, es ideal para el tono de la serie. Y se usa en varios de los mejores momentos de Terminator Zero. Con el mismo aire militar y de asesino imparable, el asesino robótico que persigue a Malcolm no tiene el menor resquicio para ser comprendido como algo más que una herramienta. Si buena parte de la saga Terminator intentó explorar en la supuesta redención o la humanidad de los robots, Terminator Zero toma caminos distintos. Más efectivos por su inteligencia y brillante capacidad para sorprender, es el punto más destacable del argumento.
El tiempo corre en contra

Como ocurre en toda historia ambientada en la saga que se respete, Terminator Zero tiene un héroe de moral ambigua. Uno que se enfrentará y arriesgará la vida por su misión, en este caso, proteger a Malcolm Lee. En esta ocasión, se trata de Eiko (Sonoya Mizuno), que tiene mucho en común con el Kyle Reese de Michael Biehn de la primera entrega de la saga.
Pero además de ser el antihéroe de la historia, Eiko es el nexo con la guerra contra las máquinas que se libra en el futuro. Llegada desde 2022, está aterrorizada por las consecuencias de un posible fallo y enfurecida, al comprender el origen de la realidad en la que creció. Buena parte de Terminator Z, intenta, entonces, explorar entre el pasado de 1997 (y todo lo que Malcolm representa, en caso de que su proyecto con Kokoro llegue a buen puerto), y la destrucción total.
Una animación que cumple lo prometido
Por esa razón, el guion tiene mucho cuidado al explorar los lados oscuros de su personaje. En especial, para cuando el argumento alcanza su momento más oscuro y se hace evidente que nada es lo que parece. Su necesidad de salvar a Malcolm y a sus hijos, es una turbia combinación de anhelo de justicia y al final, de esperanza. Pero entre ambas cosas, el personaje es más destacable cuando guarda silencio, que cuando la trama intenta que explique en lo que mueve sus decisiones.

Para su cuarto capítulo, el aire steampunk e industrial de la serie, se emparenta visualmente con anteriores animaciones de Production I.G, encargada del proyecto. Hay mucho de Ghost in the Shell o Psycho-Pass, en la forma de mostrar las escenas terroríficas y en las de acción. Lo que convierte su frenético tramo final, más apresurado de lo necesario y quizás el fallo de la serie como conjunto, en un deleite visual.
Claro está, Terminator Zero cierra sus ocho episodios anunciando una posible continuación. Pero algo queda claro. Este nuevo escenario en que se batallará por la supervivencia humana, es mucho más rico, creíble y mejor planteado que cualquiera de las películas, desde la secuela de 1991. Todo un logro que convierte al animado en un triunfo y un rostro nuevo para una saga que lo necesitaba.

