– Sep 17, 2019, 17:04 (CET)

Criminal y el potente avance de la ficción europea en Netflix

Netflix nos trae con fuerza su proyecto más internacional, una serie policíaca de doce capítulos producidos en España, Inglaterra, Francia y Alemania. Criminal es un duelo intelectual ambientado en una sala de interrogatorios que engancha al espectador y lo reta a descubrir la verdad.

Cómo se agradece una buena serie policíaca. A los fans del género negro, que se han bebido las interminables temporadas de CSI, Mentes criminales y Bones, parece que ya nada les puede sorprender, se las saben todas. Las triquiñuelas de los asesinos, los patrones de comportamiento de los sociópatas, la malévola moral de los violadores; y, por supuesto, los métodos policiales que la ficción estadounidense nos deja vislumbrar. Por eso, cuando aparece un proyecto como Criminal es una gran noticia.

La serie se mueve dentro de los límites de una sala de interrogatorios, algo que ya hemos visto hacer en La Sala, por ejemplo. Esta peculiaridad deja la acción a un lado y nos centra en la tensión del momento, en las respuestas esquivas de los sospechosos y las pesquisas de los policías al otro lado del cristal. Jim Field Smith y George Kay han ideado Criminal, un ambicioso proyecto de Netflix de doce episodios** que entrelaza investigaciones de cuatro países: España, Inglaterra, Francia y Alemania. Cada tres episodios cambia el reparto y la localización, lo que convierte la serie en un producto políglota y multicultural con una misma premisa.

Los capítulos situados en España corren a cargo de Mariano Barroso (Mi hermano del alma), actual presidente de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España. Además, cuentan con un reparto excepcional: Emma Suárez (Julieta) y Álvaro Cervantes (Carlos, Rey Emperador) en el equipo de policías investigadores; y Carmen Machi, Eduard Fernández (El Niño) e Inma Cuesta (La novia, La voz dormida) del bando de los criminales.

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Nos encontramos así con tres historias, la de un conocido narcotraficante acostumbrado a los encontronazos con los agentes del orden, una mujer acomodada a la que interrogan sobre el paradero de su hermano fugado y la de una joven acusada del asesinato de su hermana autista. Hay, también, una cuarta historia, la de la relación entre la veterana policía de Emma Suárez y el personaje de Álvaro Cervantes, que juega entre la admiración profesional y el deseo. Cada una de ellas está cuidada hasta el mínimo detalle, con especial atención en el guion.

Los textos de Alejandro Hernández y Manuel Martín Cuenca son lo mejor de la serie. Al desenvolverse por entero en un espacio cerrado y limitado, el diálogo es esencial para transmitir emociones al público. Estos guiones consiguen eso y mucho más, creando una sensación de angustia y claustrofobia perfectos para ambientar los episodios. También destaca el diseño de producción. A pesar de la sencillez del escenario, la atención prestada a los pequeños detalles logra el efecto deseado. Todo ello consigue una atmósfera teatral que nos imbuye en la sensación de estar asistiendo a un relato íntimo y personal en el que estás tú solo con los personajes.

Además, tiene la ventaja de que es una serie muy accesible. Los misterios están construidos de forma excelente, pero eso no significa que no permitan al espectador especular sobre la inocencia del sospechoso o la forma en que se cometieron los crímenes. Alguno de los rasgos de la historia incluso puede verse venir, sin que eso reste ningún mérito o al capítulo. Al contrario, hace que la serie sea apta para un público más amplio, que disfrutará de la redondez del relato al tiempo que comprende cada detalle. No es ningún complejo juego mental en el que echas dos horas devanándote los sesos para intentar comprender lo que te están contando.

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Lo que sí es es un duelo intelectual entre el sospechoso y la policía. Tanto unos como otros nos irán dando pistas del caso a medida que avanzan los minutos, pero la mayor parte de los detalles los aprendemos al mismo tiempo que los agentes, por lo que estamos presentes como espectadores en el proceso de descubrimiento de la verdad. Las autoridades, además, deberán luchar contra sus propios prejuicios, construidos después de muchos años en el oficio, y, por eso, la visión de un agente más joven (Álvaro Cervantes) aporta el toque necesario de inocencia y esperanza que necesita el ambiente por lo general oscuro de la serie.

La fuerza de la ficción europea

Más allá de nuestras fronteras, Criminal nos ofrece otras nueve historias de suspense e interrogatorios con las que pasar una buena tarde de otoño. En Francia, Frédéric Mermoud (Les Revenants) dirige a Nathalie Baye (Atrápame si puedes) y Jérémie Renier (Escondidos en Brijas). En Inglaterra, el proyecto recae sobre uno de los creadores, Jim Field Smith, y los episodios los protagonizan David Tennant (Doctor Who, Good Omens) y Hayley Atwell (Capitán América, Saga Harry Potter), entre otros. Por su parte, los alemanes se mueven bajo las órdenes de Oliver Hirschbiegel (El experimento, Invasión) y las caras protagonistas las ponen Christian Berkel (Valkiria) y Peter Kurth (Herbert, Good bye, Lenin!).

Criminal es el culmen de lo que llevan siendo años de Netflix apostando por la ficción europea. Actualmente, la plataforma cuenta con una vasta oferta de títulos europeos, que compiten con otros más conocidos de origen estadounidense. Gracias a estas iniciativas, series como La casa de Papel, Élite o Las chicas del cable han trascendido de nuestras fronteras y han conseguido un importante éxito internacional, sobre todo en Latinoamérica.

También ha ocurrido en el caso contrario, y desde España hemos podido disfrutar de la alemana Dark, la sanesa The Rain o la británica Derry Girls. Todas ellas son ejemplo de la gran calidad audiovisual que hay más allá de los blockbuster norteamericanos y que ahora podemos descubrir en las plataformas de streaming. Criminal se adhiere a esta lista de títulos manteniendo alto el listón y demostrando el potencial de la ficción europea en el género policíaco.