Se ha cumplido lo previsto. La huelga de taxis que mantenía bloqueadas las principales arterias de las capitales de comunidad terminaba en la noche del miércoles.

Una vez resueltas las reuniones con el sector el lunes, la del martes con las compañías VTC y la del miércoles con las diferentes comunidades se ha decidido conceder una tregua a las calles de Madrid y Barcelona principalmente. La realidad es que no hay nada resuelto sobre la mesa. La fecha pone un nuevo punto en el calendario y fija septiembre como tope para resolver un problema que puede volver a alcanzar su punto álgido con el término de las vacaciones.

Mientras Unato proponía un encuentro entre todas las partes para el próximo mes, el taxi buscaba una reacción firme por parte de Fomento; de momento tendrá que confiar en lo expuesto por el ministro Ábalos. La promesa, que vendría en forma de Decreto Ley, evitando así cualquier sentencia del Tribunal Supremo tendrá que esperar a septiembre. En contra de lo que opina el sector de las VTC, la idea está en derivar la regulación (que no la cesión) de dichas licencias a todas aquellas comunidades que así lo soliciten. De esta manera, se evita trasladar el problema completo a las comunidades. Para el taxi era la mejor opción, por su larga trayectoria con esas administraciones, no tanto así para Uber y Cabify. Esta concesión estaría más cerca de las famosas licencias urbanas prometidas por Ada Colau desde hace tiempo; sinónimo de limitaciones para muchas VTC operando bajo las multinacionales.

Pese a todo, no hay nada firmado y, es posible que agosto empiece con curvas y una amenaza de próximas huelgas. Los Consejos de Ministros estarán estrechamente vigilados por los líderes de las protestas del taxi durante esas fechas. El próximo 14 de septiembre, fecha límite, se verán los resultados. Un proceso que, aún así, no convence a todas las partes. Para los más radicales supone todo un triunfo, aunque no esté firmado. Para los moderados, liderados por Fedetaxi, esta situación generará más problemas que resultados: la no unificación de los mecanismos de control generará aún más caos. Entienden, además, que las trabas legales que esto generará serán determinantes para echar atrás las promesas de Ábalos.

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Malos tiempos para una VTC

Cada paso en esta huelga ha estado enfocado a limitar las competencias de las compañías de VTC. El acuerdo, de aprobarse en septiembre, será determinante para ellas. Ya lo comentaba Mariano Silveyra a Hipertextual: "una licencia urbana en Barcelona nos obligaría a dejar la ciudad por no ser rentable para nosotros". Y quien dice Barcelona, también habla de Madrid. Ambos Ayuntamientos dirigidos por Podemos apostarían en firme, haciendo realidad lo comentado desde hace meses, por sus respectivas licencias complementarias.

Por su parte, tanto Uber como Cabify han agradecido a los usuarios su confianza durante estos días mandando un mensaje al sector:

"Creemos firmemente que la solución no pasa por restringir a la VTC, si no por flexibilizar el taxi para que pueda competir mejor. Para que pueda competir de la mano de Uber, no contra Uber. ¿Uber y el taxi? Puede sonar raro, pero no lo es. Lo hacemos ya en varias ciudades en todo el mundo, y queremos hacerlo en España".

Precisamente este sería el tema de la reunión prevista para septiembre, pero que encontrará la oposición total del taxi. Su discurso está claro: o se regula la proporción 1/30 o no habrá acuerdo ninguno para las partes. Y no solo eso. Entre las peticiones del taxi podría incluirse uno de los puntos más polémicos. La obligación para Uber y Cabify de regresar a sus bases cuando terminen sus servicios; desde el punto del vista del taxi, una VTC circulando por la ciudad es un incumplimiento tácito de la ley vigente. Un control que se ha derivado a la llamada policía del taxi, la llamada a controlar a todo el transporte por la ciudad.

Lo que está claro, sin duda, es que esta historia de verano tendrá muchos más capítulos a principio de curso.