La cuestión de la internacionalización de las startups es tema que lleva encima de la mesa mucho tiempo. Por un lado, la exigencia del ecosistema para crear empresas con vocación para salir al extranjero -se acabó el negocio local-, por otro, un problema de profesionalización en muchos sectores que entienden la internacionalización como una pérdida de control en las operaciones. Sería el caso de Valeet, una empresa española que pronto pondrá su sede central en Estados Unidos; mejor mercado para las rondas de financiación y más clientes. De hecho, el 40% de las compañías en España tienen marcado como objetivo tener actividad en Estados Unidos. En la trastienda de la operación, comentaba el fundador de Valeet, Carlos Jiménez, estaba un hecho esencial: "algunos inversores españoles no entendían nuestro proceso de notas convertibles".

Al otro lado de la balanza, se encuentran aquellas compañías que teniendo sede en otro países afrontan procesos legales para comprobar si, de facto, supone una afrenta contra Hacienda o no. Sería el caso de Podemos contra Cabify por su sede en Delaware; una región considerada como paraíso fiscal por la opinión pública, pero no por las Instituciones.

Problemas legales a un lado, la cuestión de la internacionalización preocupa al sector de los emprendedores. El tema de la fiscalidad, origen y destino de un gran número de problemas en la actualidad, el famoso exit tax, cuestiones de forma legal en inversiones -en muchas ocasiones, o la obligación a las compañías por parte de los inversores a crear sedes en determinadas geografías.

Para Metricson, despacho de abogados especializados en la internacionalización de compañías analizan precisamente los problemas que implican las diferencias internacionales. México y Brasil, muy cercanos en terreno, pero años luz en lo que a normativa se refiere cuentan incluso con leyes diferentes entre sus propios estados. Son estos mercados, de hecho, los más importantes para el emprendedor en España: “es el mercado más natural y, a la vez, complejo es Europa por las diferencias culturales, pero tendemos irnos a Latinoamérica”, explica José Luis Zimmerman. Aunque solo sea por idioma, para muchas compañías que no cuentan con grandes recursos, es el paso lógico. Silicon Valley está destinado solo a algunos pocos afortunados con grandes recursos.

Recalcan, además, la importancia de los socios estratégicos en otros países. En este sentido, para Juan Domínguez, fundador de viajar.com, “existe un tipo de socio, que con suerte no te aplastará por el camino. Están también las grandes empresas, como Telefónica, y existe un tercer socio estratégico que es el inversor, que es con el que realmente hay que contar”.