La quinta temporada de The Bear es la conclusión de la muy aclamada historia que desde su estreno en 2022 se convirtió en fenómeno de crítica. Por lo que la última entrega es tanto una despedida como una celebración a todo lo que la serie fue desde sus primeros capítulos. Para eso, la premisa se enfoca en el día posterior a la renuncia del chef Carmy (Jeremy Allen White) de la industria gastronómica. Lo que obliga a Sydney (Ayo Edebiri), Richie (Ebon Moss-Bachrach) y Sugar (Abby Elliott) a tomar las riendas de la cocina. Todo, mientras enfrentan severas inundaciones en el restaurante, la inminente amenaza de una quiebra financiera y la obsesiva búsqueda de la esquiva estrella Michelin.
Pero, a diferencia del fenómeno cultural que significaron sus tres primeras entregas, este desenlace ha sido recibido con una notable indiferencia. También con un debate acerca del poco o ningún impacto del final. Pero no se trata de una circunstancia repentina. En realidad, es el resultado de un desgaste progresivo iniciado a partir de la tercera y cuarta temporada. Entregas en las que el libreto comenzó a sentirse errático, repetitivo y saturado de cameos innecesarios, capítulos de relleno y una pérdida de la esencia del show.
Algo más que obvio para su final, en el que la humildad y el sentido de la urgencia de la serie se trasladaron a una última y sofisticada jornada en la cocina. El encanto de The Bear residía en su retrato de la clase trabajadora de Chicago dentro de una caótica sandwichería familiar. Al transformarse en un frío y sofisticado templo de la alta cocina, la serie alienó su esencia para centrarse en tomas excesivamente estilizadas de platos gourmet. Además, de una solemnidad pretenciosa que restó fuerza al desarrollo humano. Un fenómeno que impactó en su trascendencia y que analizamos a continuación.
Lo bueno de ‘The Bear’
La consagración y el liderazgo de Sydney

Tras la drástica decisión de Carmy de alejarse de los fogones para sanar sus profundos traumas psicológicos, The Bear cambió su peso narrativo. Todo, para enfocarse en la forma en que el peso operativo del restaurante recae sobre los hombros de Sydney Adamu.
Lo que permitió al personaje evolucionar con una enorme honestidad hacia lo que parecía ser su destino, durante las primeras temporadas. Ser el centro de la dinámica culinaria y mostrar toda su capacidad y creatividad. Pero además de eso. Sydney se convirtió en una manera de comprender a profundidad la premisa original de la serie. A saber: la forma en que la cocina puede ser un medio para expresar temores y la redención.
Un interesante giro estructural

La producción de The Bear tomó una decisión audaz para su despedida. Y eso fue analizar de manera por completo distinta su fórmula para narrar su historia. Por lo que los primeros episodios cambian inteligentemente el formato habitual de la serie para adoptar el ritmo de una cinta de atracos al estilo Ocean’s Eleven.
Con una intensa tormenta inundando Chicago, facturas amontonadas y el restaurante colapsado por clientes, el equipo de cocina debe unirse de manera casi militar. Por lo que utiliza señales silenciosas, menús de contingencia improvisados y máxima eficiencia. Todo esto magistralmente potenciado por una vibrante e inmersiva banda sonora original compuesta por Christian Lundberg y el legendario Hans Zimmer.
El adiós a la familia elegida

Esta entrega final premia de manera hermosa a los personajes secundarios más queridos del Original Beef. La historia le otorga emotivos triunfos personales a Richie, consolidado como un brillante gerente. Lo mismo ocurre con Marcus, que empieza a sanar su vida familiar, y con la entrañable cocinera Tina (Liza Colón-Zayas).
El aclamado séptimo episodio de la temporada, titulado Caramel, funciona como una conmovedora despedida a los lazos construidos día a día en esa cocina. Lo que lleva a los espectadores a las lágrimas gracias a su inmensa ternura.
Lo malo de ‘The Bear’
Demasiados flashbacks

No obstante sus puntos altos, la quinta y última temporada de The Bear padeció un severo bajón en su ritmo narrativo, todo provocado por el uso desmedido e injustificado de flashbacks y analepsis a mitad de la entrega. Si bien las temporadas anteriores utilizaban los recuerdos fragmentados de forma magistral para ilustrar el trauma y la ansiedad culinaria de Carmy, esta conclusión abusa del recurso.
Eso, al introducir flashes innecesarios de momentos que se comprenden a la perfección. Esta decisión corta de golpe la inmensa tensión dramática que se genera en el tiempo presente dentro de la cocina. Algo que estancó la trama principal durante varios episodios intermedios.
En lugar de empujar la historia hacia su inminente resolución final, el metraje se detiene constantemente para revisitar el pasado. Lo que deja al espectador con la frustrante sensación de estar viendo un resumen de eventos antiguos. Un giro muy distinto a un avance orgánico hacia el esperado clímax de la serie.
Muy rápido, muy precipitado, sabe a poco

El principal problema de la quinta y última temporada de The Bear radica en su arriesgado cambio de formato estructural que se enfoca en una sola cena. Una decisión que limita el desarrollo de sus personajes en favor de la inmediatez. Por lo que la serie sacrifica la exploración profunda de las secuelas emocionales de la entrega anterior, como la abrupta renuncia de Carmy Berzatto a la industria.
Esta compresión del tiempo genera un ritmo frenético y claustrofóbico. Que, si bien recupera la icónica tensión culinaria de los inicios, impide que los arcos secundarios respiren de forma orgánica. Así, la rigidez del concepto temporal termina por asfixiar el espacio que el elenco necesitaba para consolidar despedidas más emotivas. Lo que resulta en una resolución que se siente demasiado apresurada, explícita y artificial en comparación con la sutileza psicológica que caracterizó a las mejores etapas del show.
Un adiós incompleto

Por último, la temporada final sufre debido a una evidente falta de minutos en pantalla para los entrañables personajes secundarios del Original Beef de Chicagoland. Todo, al concentrar el tiempo y el peso emocional en resolver el caótico arco de Carmy y consolidar el nuevo liderazgo de Syd. Por lo que el guion relega a figuras fundamentales como la cocinera Tina Marrero, el repostero Marcus Brooks o el maduro Ebraheim a un plano casi invisible.
Estos personajes, cuyos viajes individuales de superación personal sostuvieron el corazón emotivo de las primeras etapas de la serie, apenas reciben escenas significativas para lucirse. O al menos, cerrar sus propias historias de manera digna. La falta de un balance coral adecuado provoca que el desenlace de la familia elegida de la cocina se sienta apresurado en ciertos puntos. Lo que deja la amarga sensación de que se sacrificó el desarrollo de los rostros más queridos del restaurante en favor de resolver únicamente los conflictos de la dupla protagonista.
Lo feo en ‘The Bear’
Un severo desgaste

El cierre de The Bear desató notables polémicas en redes y un evidente desgaste en el interés del público general. Tras haber sido el fenómeno televisivo más importante de los últimos años, la producción de Hulu y FX sufrió las consecuencias del cansancio de su propia fórmula. Lo que alejó a una parte considerable de su audiencia original durante la emisión de sus últimos ocho episodios.
Algo que podría atribuirse al cansancio del público ante el cambio de tono y la pretenciosidad. En especial, porque el guion olvidó la sencillez y el encanto que la hicieron famosa en un principio. Todo, al pasar de ser una comedia dramática sobre una caótica tienda de sándwiches a un drama denso sobre la obsesión de la alta cocina. Un giro que impactó en su premisa y que el público no perdonó.
La polémica por los errores de continuidad y edición

Debido a que las últimas temporadas se filmaron de manera consecutiva y bajo un proceso caótico, la entrega final sufrió de notorios descuidos. El error de continuidad más comentado ocurrió cuando Sydney describió su comida favorita de todos los tiempos. Lo que le llevó a contradecir un montaje visual explícito de un plato que Carmy le había preparado en el pasado. Estos fallos de edición rompieron la inmersión de la historia y generaron encendidos debates sobre si el equipo creativo había perdido el control del detalle por las prisas de producción.
Mucho de lo mismo

Otra razón fundamental para la final irrelevancia de The Bear fue el agotamiento del factor sorpresa y la repetición de su propia fórmula dramática. Tras varias temporadas utilizando la ansiedad extrema, los gritos en la cocina y los traumas familiares como motores principales, la serie perdió la capacidad de impactar.
Por lo que, al no ofrecer una verdadera evolución o una propuesta temática fresca, la dinámica de constante crisis sanitaria, financiera y emocional se volvió predecible. Algo que diluyó el entusiasmo y provocó que el público viviera el final más con una sensación de fatiga que con la expectación de sus años dorados.

