Valak (Bonnie Aarons) vuelve a la escena del cine de terror. Pero ya sea porque no hay nada nuevo que aportar al personaje o a lo flojo de su guion, La monja II, disponible en Max, es más tediosa que terrorífica. A pesar de sus esfuerzos, no logra desarrollar a su personaje titular, más allá de apariciones sorpresivas con las que se busca únicamente el sobresalto.

Una y otra vez, la pregunta que plantea la película, es cual es el origen del mal. Pero, el argumento evita responder su gran interrogante en favor de una trama predecible que se resuelve de manera desordenada. 

No es la primera vez que ocurre en la saga los Expedientes Warren. Esta nació en el 2013 de la mano de James Wan y la mayoría de las veces, es irregular. Por supuesto, la parte de la historia que involucra a los demonólogos interpretados por Vera Farmiga y Patrick Wilson es la más interesante. No obstante, el resto flaquea. En especial, lo relacionado con el terrorífico demonio en ropas eclesiásticas, aparecido por primera vez en Expediente Warren: El caso Enfield

La monja II

La monja II de Michael Chaves, hace lo peor que puede hacer una cinta de terror: aburrir. Llena de lugares comunes y más cerca del melodrama religioso que lo espeluznante, el argumento no logra explorar en su figura central de forma efectiva. En lugar de eso, Valak termina por ser una presencia irritante e incluso, un secundario de lujo en su propia película. Sin duda, la entrega más floja del llamado Warrenverso.

Puntuación: 2 de 5.

Otra historia para el universo Warren

La cinta inicial relacionada con la monja demoníaca, estrenada en el 2018, fue un desastre en la forma de plantear su premisa. Combinación de terror religioso y folclórico, intentó ser el relato de origen de un monstruo y spin off de la franquicia central. No logró ni una cosa ni la otra. A pesar de eso, triunfó en taquilla, convirtiéndose en la película con mayor recaudación de la saga. Lo que le aseguró una continuación a futuro y quizás, más participaciones del tenebroso personaje en el conjunto de largometrajes. 

Pero La monja II, no tiene mayor interés en explorar varias de las obsesiones más conocidas del resto de las ocho películas del universo. Si la primera, mostró una batalla de fe entre la hermana Irene (Taissa Farmiga) y el diabólico Valak, la segunda vuelve al mismo escenario. Cinco años después de los acontecimientos narrados, la religiosa se ha convertido en un símbolo del poder de la pureza espiritual. Bien planteado, el guion podría vincular la cinta con las interrogantes que el resto de las películas se plantean. En especial, el origen de lo sobrenatural y los motivos de distintos entes para atacar víctimas indefensas. 

Nada nuevo que ofrecer en 'La monja II'

Solo que el director, Michael Chaves, utiliza el paso del tiempo no como una forma de desarrollar a su protagonista, sino de afianzar su misterio. Esta es una monja que logró un milagro. Por lo que la iglesia católica, necesita otro para mantener el fervor a su alrededor. El argumento no explica de qué forma se entiende lo acontecido en la anterior entrega. Únicamente que Irene es una prueba patente del ataque de los seres diabólicos que la circundan, por lo que el Vaticano necesita sea la experta a consultar. Lo que se refuerza con su amistad con Debra (Storm Reid), una novicia atormentada por las dudas acerca de lo que cree y de lo que puede ser cierto. 

De hecho, la primera hora de La monja II, la película pierde el tiempo en dar vueltas en círculos sobre la misma idea. ¿Qué es real y que no? Lo que no explica la trama, es el motivo por el que hay que demostrarlo. En particular, si de inmediato deja claro que el dúo de personajes principales atraviesan Europa en medio de casos de asesinatos paranormales. Pero la película no parece preocuparle demasiado la lógica y sus contradicciones de fondo. En realidad, su interés es sacar provecho de su espeluznante criatura central y convertirla en objeto de horror perenne. 

Un demonio que es incapaz de asustar

La cinta también se equivoca al plantear la naturaleza de su monstruo y la forma en la cual funcionan sus limitaciones y ventajas. Valak aparece y desaparece sin motivo, mientras el director lucha por crear una atmósfera terrorífica a su alrededor y recalcar que sus poderes son enormes. Eso, por supuesto, si no se enfrenta a dos monjas de hábito muy jóvenes, cuando el demonio retrocede y se convierte en un lastre para su propia mitología. 

En manos de Michael Chaves, que dirigió la olvidable y mediocre La maldición de la llorona, Valak es una figura repetitiva y deslucida. Despojada de todo su misterio, solamente es una imagen que aparece en cualquier lugar sin un motivo lógico. No queda establecido si persigue a Irene en un intento de evitar que esta descubra sus secretos o se trata de una venganza por la victoria de la religiosa en la película anterior. Lo único evidente, es que el personaje — que debería basarse en el enigma — es tan prescindible como para convertirse en un secundario de lujo en su propia película. 

Una tediosa y predecible cinta de terror

Sin creatividad ni imaginación, La monja II basa su impacto en enlazar el bien y el mal bajo una batalla de voluntades. Por un lado, Irene, que ahora tiene todas las armas para enviarla — otra vez — al infierno. Al otro extremo, la entidad destinada a probar sus creencias y llevarla a la tentación. Pero el guion es tan torpe que incluso los momentos clichés, resultan aburridos, sin sentido y por completo disparatados. 

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El final queda abierto para una tercera parte, que seguramente será rodada. Sin embargo, se echa de manos que la película dependa tanto de tener un monstruo maléfico que exhibir en pasillos oscuros que un buen relato que la sustente. Su mayor problema. 


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