El 23 de junio se celebra el Día Internacional de la Mujer en Ingeniería. Se trata de una jornada dirigida a poner en valor el trabajo de las mujeres ingenieras del pasado y del presente, así como a fomentar las vocaciones en las niñas para que se conviertan en las mujeres ingenieras del futuro. 

La ingeniería ha sido siempre una profesión muy masculinizada. En España, las mujeres suponen aún menos del 30 % de estudiantes en el total de las carreras de ingeniería. Es cierto que es un porcentaje que ha crecido bastante en los últimos años, pero sigue siendo insuficiente. Ahora bien, ¿por qué lo es? ¿Hay alguna explicación basada en la ciencia para el hecho de que haya tan pocas mujeres ingenieras? ¿O se trata más bien de una cuestión social o cultural? Esto y mucho más es lo que se debate en las actividades celebradas en el Día Internacional de la Mujer en Ingeniería. 

Para responder a todas esas preguntas, en Hipertextual nos hemos puesto en contacto con Nieves García y Marta Díez, dos mujeres ingenieras con perfiles tan distintos como brillantes. No se conocen entre ellas, pero sus respuestas en algunos puntos son de lo más parecidas. Porque, en realidad, muchas de las vivencias de las mujeres que deciden lanzarse a lo que nos han querido hacer creer que es un trabajo de hombres son las mismas. Por algo será.

¿Quiénes son nuestras dos mujeres ingenieras?

Nieves García es ingeniera industrial especializada en electricidad. Si bien ha pasado por varias especialidades distintas, actualmente trabaja en Francia, en una conocida empresa aeronáutica europea, en el puesto de Engineering Customer Support. “Mi trabajo consiste principalmente en dar soporte de ingeniería a las aerolíneas”, señala. “Se trata de soporte para resolver los problemas técnicos que pueda tener su flota, consejos para maximizar su eficiencia, workshops para mejorar el conocimiento, etc.”

Por su parte, Marta Díez es ingeniera en telecomunicaciones, aunque también complementó su formación con un MBA.  Actualmente dirige la división de Vacunas de Sanofi en España y Portugal. “Queremos ser la primera compañía no tecnológica en implementar la IA a escala en toda nuestra cadena de valor, desde la aceleración del desarrollo clínico, a mejoras en la producción de medicamentos y vacunas hasta el desarrollo de asistentes virtuales y plataformas digitales para mejorar la adherencia del paciente a las terapias y su experiencia”, explica. “Mi formación dual en ingeniería y negocios resulta muy valiosa en este entorno donde la tecnología está revolucionando la salud”.

¿Dónde están los referentes?

Uno de los objetivos del Día Internacional de la Mujer en Ingeniería es indagar en los motivos por los que tan pocas mujeres eligen esta profesión. A menudo se señala que una de las principales razones es la falta de referentes. Como nos señalaba también recientemente la astronauta Sara García en una entrevista a Hipertextual, “no puedes desear algo que no sabes que existe”. Nieves y Marta también lo tienen claro.

“De pequeña yo no conocía a ninguna ingeniera en mi entorno. Vengo de una ciudad pequeña, pero tengo que decir que debo dar las gracias de ser ingeniera a mis padres”, comienza Nieves. “Nunca hicieron distinción porque fuera una mujer y me animaron”. Este, sin duda, es un punto esencial. El apoyo de una familia que no se deje llevar por los estereotipos culturales. Porque sí, no dejan de ser estereotipos. 

“No tuve referentes y ese es precisamente uno de los grandes desafíos”, relata también Marta. “Incluso hoy, la mayoría de referentes tecnológicos siguen siendo hombres”. Este es un problema añadido, pero que, por suerte, se está solucionando. La propia Díez señala que en su compañía se están impulsando iniciativas como mentorías y charlas en colegios a las que acuden sus científicas.

Las matemáticas no son cosa de niños

Uno de los primeros sesgos y prejuicios por los que hay tan pocas mujeres ingenieras es la creencia de que las mujeres no valen para las matemáticas. No es una realidad científica, sino una cuestión cultural.

De hecho, se ha visto que cuando los escolares comienzan el colegio, las habilidades matemáticas de niños y niñas son exactamente las mismas. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo de escolarización, empieza a haber una diferencia a favor de los niños. Las niñas tienen un peor rendimiento y menos participación en clase en esta asignatura. Esto es algo conocido como brecha de género en matemáticas y se desmotró en un estudio publicado en Nature en 2025. En él, se vio que al principio no hay nionguna brecha de género, pero esta avanza rápidamente solo cuatro meses después de empezar el colegio. En primero de primaria es ya de 0,20 y se cuadruplica durante el segundo año, independientemente de la familia, clase, tipo de escuela o nivel socioeconómico de los niños. 

brecha de género en matemáticas
La brecha de género en matemáticas es una cuestión cultural. Crédito: Freepik

Por lo tanto, está claro que hay sesgos culturales que llevan a las propias niñas a creer que las matemáticas no son para ellas. Eso les impide disfrutar de la asignatura y de todas las carreras donde abundan. Aunque hay niñas que, sin darse cuenta, se enfrentan a los perjuicios y atraviesan la brecha de género. 

Me atraían las matemáticas y la física, y coincidió con el boom de las puntocom de los 90”, recuerda Marta. “Con 17 años no tenía una vocación definida, pero aposté por mis fortalezas”. En el caso de Nieves, su respuesta es muy parecida. “Decidí estudiar ingeniería porque desde pequeña siempre me han gustado más las matemáticas y la física, entender cómo funcionan los mecanismos”.

Llega la Universidad y las cosas no cambian

Ya hemos visto que en España menos del 30 % de las personas matriculadas en ingenierías son mujeres. La situación era aún peor cuando nuestras mujeres ingenieras comenzaron sus estudios. Marta relata que en su caso serían, como mucho, de un 10 % a un 15 % de las alumnas. Nieves da cifras exactas. En su primer año de universidad eran 125 alumnos, de los cuales solo 5 eran chicas. 

La situación parece haber mejorado ligeramente, pero no demasiado. Marta, de hecho, nos relata que algunos de sus compañeros, profesores de Universidad, le cuentan que no hay muchas más alumnas que entonces. ¿Pero a qué se debe esto exactamente?

Todo empieza en la infancia

Al preguntar a las dos mujeres ingenieras su opinión sobre esta pregunta, nos dan respuestas bastante parecidas.

“Yo creo que es puramente cultural”, opina Nieves. “Desde pequeñas oímos que son carreras masculinas, y nos dicen que si de mayores no querríamos ser esto o lo otro, y pocas veces nos proyectan en una ingeniería”. Además, añade que, después, cuando te haces mayor, “debes aceptar que, si quieres estudiar ingeniería, vas a estar en minoría, rodeada de un mundo mayoritariamente masculino, con todo el esfuerzo adicional que conlleva”.

Por su parte, Marta nos cuenta que esta es una cuestión que se plantea constantemente. “Académicamente, niños y niñas muestran capacidades similares, por lo que apunta más a factores socioculturales”, comienza. “Seguimos regalando muñecas a las niñas y juegos de construcción a los niños, enviando mensajes subliminales sobre roles de género”.

Esto es algo que coincide con lo que nos contó en otra entrevista la astrofísica Jocelyn Bell, conocida por ser discriminada por la Asamblea del Nobel, al premiar esta por un hallazgo suyo únicamente a su director de tesis. Ella también nos dijo que el problema empieza cuando vestimos a los niños de azul y a las niñas de rosa y les hacemos regalos para que ellas jueguen a ser princesas y ellos construyan edificios. Por eso, como añade Marta Díez, “es la responsabilidad de todos trabajar activamente para cambiar esta narrativa”.

Sesgos de género
Los sesgos empiezan cuando somos bebés.

Es injusto que las mujeres ingenieras tengan que esforzarse más, pero lo hacen

La propia Jocelyn Bell nos contó que en cada uno de sus puestos de trabajo ella se ha esforzado el doble que sus compañeros porque sabía que, si no, no lograría demostrar su valía. No la tomarían en serio. Por desgracia, su caso no fue algo aislado. La mayoría de mujeres ingenieras también han vivido esta situación. Desde luego, nuestras dos entrevistadas son dos grandes ejemplos. “El problemas es que aún ciertas personas, a primera vista, piensan que vamos a ser menos capaces que los hombres, y tenemos que esforzarnos más para quitar esa primera etiqueta y ser reconocidas”, lamenta Nieves.

“Quizás el mayor esfuerzo para las mujeres está en superar barreras invisibles y estereotipos”, añade Marta. Aunque, para ella, el verdadero momento de la verdad ocurre antes, cuando deciden qué estudiar. “Una vez dentro de la carrera, en mi experiencia las mujeres obtenían buenos resultados y las que estudiaron conmigo están teniendo todas carreras exitosas”. 

Esto es algo que también observó Nieves. Y es que, a pesar de comenzar en una clase con 120 chicos y 5 chicas, terminaron 2 chicas entre las primeras de la promoción. Ella y otra compañera. 

Por lo tanto, como bien señala Marte, “es importante crear entornos donde el esfuerzo adicional no sea necesario, donde el talento se mida por lo que aporta, no por a quién pertenece”.

John, Jennifer y la Agencia Espacial Europea

En 2012, un equipo de científicos de la Universidad de Yale publicó un estudio que pone de manifiesto cómo afectan los prejuicios a la selección de mujeres en carreras científicas. No se hace referencia únicamente a las ingenieras, pero sí que es cierto que suelen ser las que más sufren este tipo de discriminación.

En el estudio, se hizo llegar a 127 responsables de selección de personal de 6 universidades, unas públicas y otras privadas, un curriculum para su valoración. Tenían que calificarlo según su competencia, contratabilidad y nivel de tutorización. Además, debían calcular el sueldo que considerarían justo para esa persona.

La mitad recibieron el CV de un estudiante falso conocido como John, mientras que la otra mitad evaluaron a Jennifer, también una estudiante ficticia. Ambos CVs eran exactamente iguales, solo se diferenciaban en el nombre.

científicos
John y Jennifer eran la misma persona ficticia. Crédito: Freepik

Las evaluaciones, a pesar de estar evaluando los mismos logros, fueron muy dispares. John tuvo puntuaciones significativamente más altas en los tres parámetros que se medían. Además, de media, se le calculó un sueldo justo anual de 30.238 dólares. En cambio, Jennifer, además de tener peores puntuaciones, se despachó con un sueldo medio calculado de 26.508 dólares. Recordémoslo de nuevo. Exactamente los mismos CVs. Solo variaba el nombre.

El problema es que tenemos el prejuicio cultural y social de que las mujeres son peores científicas. Especialmente en carreras técnicas. Por eso, muchas ni siquiera se atreven a intentarlo. Es por eso por lo que había tan pocas chicas en las clases de Nieves y Marta. Y también ese es el motivo por el que, en 2021, cuando la Agencia Espacial Europea convocó un proceso de selección para una nueva tanda de astronautas, solo 5.400 de las 22.500 personas que se presentaron fueron mujeres. Pero aquí hay otro dato importante. Y es que, después de los procesos ciegos de selección, en los que cada candidato era un número, sin datos sobre su procedencia o su género, de los 17 finalistas 8 fueron mujeres. Prácticamente el 50 %. 

Está claro que es más una cuestión de prejuicios que de capacidades. 

Un gran motivo por el que necesitamos el Día Internacional de las Mujeres en Ingeniería

Las mujeres ingenieras lo tienen más difícil desde el momento en el que se perciben como una minoría en una clase llena de chicos. Entienden, como nos dijo Nieves, que tendrán que esforzarse más y que el camino no va a ser fácil. No debería ser así, como señala Marta, pero desgraciadamente la sociedad aún no está preparada para asumir lo que simplemente debería ser una cuestión de igualdad. 

Es por eso que muchas mujeres ingenieras deben atravesar muchas situaciones desagradables de discriminación en su carrera. Cada una es diferente, pero prácticamente todas han vivido algo. 

Nieves, por ejemplo, nos cuenta que ha tenido malas experiencias tanto con jefes como con compañeros o clientes. “En el caso de jefes, algunas frases que nunca me hubieran dicho o preguntado si hubiera sido un hombre, u oficialmente entrar en un proceso de promoción pero en realidad entender que no será el caso”, relata. “Con los compañeros, alguna frase grosera de cómo has llegado donde estás, o intentar darte un beso, o comentarios sobre la vestimenta, o pensar que por ser mujer no vas a saber de lo que hablas”.

discriminación en el trabajo
Es muy habitual que las mujeres ingenieras sufran discriminación en el trabajo. Crédito: Freepik

Con respecto a los clientes, en algunos casos se refuerzan aún más los prejuicios culturales, ya que trabaja con personas de todo el mundo. “En el caso de los clientes, he tenido dificultades con ciertos clientes de países donde ver una mujer ingeniera es menos corriente que en Europa. Desde querer invitarme a cenar, a decirme que no soy ingeniera, sino solo una profesora o no mirarme directamente a la cara”.

Afortunadamente, también quiere recalcar que durante su carrera se ha encontrado con muchísimas personas, jefes, compañeros o clientes, que no le han dado un trato discriminatorio, sino todo lo contrario.

En el caso de Marta, nos cuenta que no ha sufrido discriminación frontal, pero sí “microagresiones y sesgos inconscientes”. “Recuerdo cuando un jefe me dijo que era demasiado directa, mientras mis colegas masculinos eran igualmente asertivos sin recibir ese feedback”, evoca. “Le pregunté si me haría el mismo comentario si fuera hombre, lo que le llevó a reconocer su sesgo inconsciente”.

¿Están cambiando las cosas?

Ya hemos visto que las cifras de matriculación de mujeres en ingeniería han mejorado un poquito, pero no demasiado. Por otro lado, la celebración de inciaitivas como las que se llevan a cabo durante el Día Internacional de la Mujer en Ingeniería está llevando a que haya una mayor concienciación en este tema. ¿Pero ven las mujeres ingenieras que las cosas estén cambiando?

Nuestras dos entrevistadas lo ven, pero no tan rápido como les gustaría. Nieves comenzó a ejercer en 2006 y desde entonces ha visto muchas mejorías. “Creo que sí ha mejorado mucho desde entonces. Hay comentarios y sinergias que se permitían antes que ahora las empresas o la sociedad no lo permiten”. También señala que se siente afortunada porque su empresa es bastante justa en este sentido. Aun así, cree que no estamos en el punto que deberíamos. “Yo creo que en general, en la sociedad, aún queda camino por andar para que en la mente de todos seamos simplemente un ingeniero más, con sus cualidades y defectos como cualquier persona, no como un hombre o una mujer”.

Marta, por su parte, comenzó a trabajar un poco antes, en el 2000. Cree que todo ha mejorado mucho, pero aún no lo suficiente. Sobre todo en las primeras etapas de la vida. “La sociedad es más abierta y ya no resulta extraño ver a mujeres en carreras STEM”, celebra. “Sin embargo, aún tenemos mucho por hacer en la educación temprana. Como madre de dos adolescentes, siempre las animo a considerar carreras técnicas por su versatilidad y las habilidades que desarrollan”. Añade, además, un consejo para otras niñas y adolescentes. “A todas las jóvenes que están considerando la ingeniería: ¡adelante! El mundo necesita su talento y perspectiva”.

mujeres ingenieras
Las cosas están mejorando para las mujeres ingenieras, pero aún queda mucho camino por delante. Crédito: Freepik.

Ojalá haya un día en que no tengamos que entrevistar a mujeres ingenieras para enseñar referentes y demostrar lo que valen. Ojalá, llegue un día en que las niñas tengan un millón de espejos en los que mirarse y sea innecesario celebrar el Día Internacional de la Mujer en Ingeniería. Porque solo cuando no sea necesario reivindicar el papel de la mujer en esta profesión será cuando hayamos alcanzado totalmente la igualdad.