El estreno de Mufasa: El Rey León está a punto de llegar. El remake de 2019 dirigido por Jon Favreau contará con una precuela que, esta vez, será una historia totalmente original. Nunca antes Disney había profundizado en la vida y juventud del legendario rey de la sabana. El padre de Simba toma el testigo en una aventura en la que pasará de ser un don nadie al monarca de todo un reino. El oscarizado director Barry Jenkins (Moonlight) toma el testigo para ofrecer a los espectadores la que espera ser la gran película Disney de estas navidades.
Mufasa: El Rey León comienza como una fábula que Rafiki le cuenta a Kiara -la hija de Simba y Nala- durante una noche de tormenta. El mono le explica cómo su abuelo, al que nunca conoció, tuvo que hacerse a sí mismo para llegar a ser la leyenda que todos conocen. Y es que Mufasa era tan solo un huérfano que dio a parar con Taka, el joven príncipe de un lejano reino. Inadaptado a pesar de los esfuerzos de su hermano adoptivo y su madre, el futuro rey león emprendió un peligroso camino hacia Milele, un territorio de ensueño donde vivir en paz.

Mufasa: El Rey León
Barry Jenkins imprime su sello humanista en una historia de orígenes que trata de ir más allá que su predecesora. No siempre lo consigue, pero a grandes rasgos Mufasa: El Rey León cumple con el cometido gracias a una trama entretenida y una muy interesante dinámica entre hermanos. No es la gran película del año pero ni de lejos se acerca al desastre que algunos vaticinaban.
Una precuela al uso
Desde hace años, Disney se enfrenta a una doble realidad con sus remakes en imagen real. Por un lado, miles de personas critican que no son necesarios pues no añaden nada a las películas animadas. Por otro lado, la taquilla habla por si sola, acumulando éxito tras éxito. El Rey León es el caso más paradigmático, pues la versión hiperrealista de 2019 es ya una de las películas más taquilleras de la historia del cine.
Pero esta vez, Mufasa: El Rey León tratará de contentar a ambos bandos. Y es que, lejos de reutilizar las historias de El Rey León 2, El Rey León 3 o incluso de las series de televisión, Disney ha optado por indagar en una historia nunca antes contra. Para ello, Barry Jenkins emplea una estructura clásica de precuela. El cineasta no busca sorprender de manera rompedora sino que trata de amoldarse al universo de una de las sagas más apreciadas del cine.
Así, los homenajes a la original son constantes. Incluso por momentos la narrativa es absolutamente similar a la historia de Simba. En Mufasa: El Rey León, Jenkins no se aleja de lo conocido y busca los elementos que sabe con certeza que funcionan, trazando paralelismos que en ocasiones ni siquiera son sutiles (pérdida de los padres, canción sobre convertirse en rey...). En cualquier caso, se aprecia y mucho la originalidad de la propuesta y el esfuerzo por ampliar los horizontes conocidos en lugar de hacer un nuevo refrito.

Buenas ideas
La historia de Mufasa: El Rey León arranca con solidez. Aunque no presente nada muy distinto, es interesante descubrir los primeros pasos de ese cachorro. Rápidamente, Jenkins traza a la perfección la personalidad de todos sus protagonistas. El director siempre ha sido un experto a la hora de establecer a sus personajes y las relaciones entre ellos. Esta vez, acercándose al cine familiar, no iba a ser diferente. Mufasa es soñador, valiente y orgulloso. Taka, por su parte, es alegre y creído pero inseguro. Además, el cineasta profundiza en las calves que marcan el carácter y el desarrollo de cada uno de ellos.
Las virtudes y pecados de los dos hermanos están perfectamente justificadas por lo que les toca vivir desde su más tierna infancia. Jenkis reflexiona con acierto en como la paternidad moldea la forma de ser de cada uno. Por eso, Mufasa acabó siendo el inolvidable personaje que es en El Rey León, mientras que Taka, como se ve ya en los tráileres y materiales promocionales, acabaría dando un giro tenebroso hasta convertirse en Scar.

Estas buenas ideas, por fortuna, vienen acompañadas de una historia lo suficientemente sólida para sostenerlas. Es cierto que no es ni mucho menos perfecta, eso sí. La primera hora es más entretenida, pero poco a poco el ritmo y la trama de Mufasa: El Rey León se va desgastando ligeramente con el paso de los minutos. Por momentos quiere correr demasiado, especialmente con ese giro de Taka que deja una sensación inevitable de precipitación. En otros momentos, sin embargo, frena demasiado. Pero en ningún momento naufraga.
La relación entre hermanos es predecible, pero lo suficientemente interesante como para salir indemne del reto. Mención especial merecen Timón y Pumba, que a buen seguro sacarán unas cuantas risas entre los más pequeños pero irritarán a algunos espectadores más mayores por romper con el ritmo de la trama principal. Sus apariciones, en cualquier caso, son bastante esporádicas. Además, las canciones llevan el inconfundible sello de Lin-Manuel Miranda, que busca honrar el legado que recoge a la vez que mantener su propio estilo muy marcado. Algunas son olvidarles pero otras son de lo más pegadizas, como la de I Always Wanted a Brother.

Cambios visuales
A nivel visual, Jenkins se enfrentaba a un problema de difícil solución. La primera entrega de El Rey León en este estilo visual fue tan celebrada por su espectacularidad técnica como criticada por la falta de expresión de sus personajes. Al tratarse de animales hiperrealistas, estos transmitían muchísima menor emoción que sus contrapartes tradicionalmente animadas. Además, son inmensamente menos reconocibles e icónicos. Por ello, Disney ha optado por meter mayor fantasía en Mufasa: El Rey León.
Ahora, los animales ofrecen más expresiones faciales. Es exactamente lo que aquellos fans demandaban, que saldrán más o menos complacidos. Para otros espectadores, como es el caso de este humilde redactor, sin embargo, el resultado es algo extraño. Aunque la tónica general es la de mantener el realismo extremo, durante las canciones o en ciertos momentos, los leones hacen muecas, sonríen, se ponen tristes, soplan como si fuesen humanos... El famoso valle inquietante del que tan bien escapó la primera película se hace mucho palpable en esta segunda, que requiere de unos minutos hasta que el ojo se adapta.
En cualquier caso, Barry Jenkins sigue bien los pasos de Jon Favreau. Aunque lo que mejor sabe hacer es hablar de aspectos humanos, recoge la herencia del segundo, que es un virtuoso de lo técnico. Así, de nuevo sorprende con imponentes paisajes llenos de luz y color. El extremo cuidado puesto en cada plano para que parezca una fotograma de National Geographic es un trabajo de orfebrería único.

En resumen, Mufasa: El Rey León va un paso más allá que su predecesora. A nivel visual está a la altura pero además ofrece una historia bastante más original en interesante. Cuenta con bastantes fallas en el guion y quizá no sea todo lo ambiciosa, espectacular y memorable que debería para tratarse de la historia de orígenes del gran Mufasa. Pero en líneas generales la aventura es suficiente para pasar un buen rato en el cine.

