El verano es época de festivales. Ciudades de todo el mundo se llenan de escenarios, música, luces y diversión. Pero, si no se hacen bien las cosas, también de estrés, desesperación y muertes. Muchísimos animales sufren las consecuencias de este tipo de celebraciones. La contaminación lumínica, por ejemplo, puede dañar la biodiversidad, especialmente a las especies nocturnas. Pero también otros factores, como el consumo de drogas y, sobre todo, el ruido, son capaces de estresar a algunas especies hasta provocarles la muerte.
Recientemente, la Estación Experimental de Zonas Áridas, en Almería, alertó al ayuntamiento de la ciudad para que no celebrasen un festival junto a la finca experimental de la Hoya, en la que conviven varias especies de ungulados en peligro de extinción. Señalaron que los animales se encuentran en época reproductiva y que el estrés causado por el ruido podría ser mortal. El consistorio no hizo caso de sus consejos, celebró el festival como estaba previsto y, como consecuencia, han muerto cuatro gacelas y un arruí. Entre los animales fallecidos había dos crías y dos hembras embarazadas.
Los animales sufren, pero también pueden hacerlo los propios humanos que asisten a los festivales. Recientemente, la telonera de AC/DC en su concierto de Sevilla, Taylor Momsen, tuvo que acudir al hospital después de que un murciélago despistado por el ruido le mordiese en pleno espectáculo. Estos animales, que podrían transmitir la rabia, normalmente no atacan. Si lo hizo, es porque estaba totalmente desorientado. Por lo tanto, si el egoísmo no permite a algunos humanos pensar en los animales, quizás podrían pensar en los propios humanos que pagan su entrada por acudir a los festivales. Los efectos sobre la biodiversidad los podemos pagar todos.
Ruido y estrés en los festivales
La música de los festivales es una gran fuente de diversión para quienes vamos voluntariamente. En cambio, los animales que se topan con ella de repente pueden sufrir estrés por muchos motivos.
En primer lugar es importante recordar que se trata de un sonido muy alto y mantenido. Tras lo ocurrido en Almería, la Concejalía de Cultura emitió un comunicado en el que se señala que el sonido no superó los 60 dB y que esto es menos que el sonido de un teléfono. Esto puede ser cierto, pero cabe tener en cuenta que sería un teléfono sonando durante más de una hora.
Los animales que escuchan este ruido no pueden oírse entre sí, lo cual dificulta el apareamiento. Tampoco escuchan llegar a los depredadores, de manera que ponen su vida en peligro. Además, en el caso de los que utilizan el sonido para orientarse, como los murciélagos, acabarían totalmente perdidos.
Se han realizado estudios sobre diversas especies en las que se ven cuáles son las consecuencias. Por ejemplo, en el caso de los murciélagos, como ya hemos visto, se ven especialmente afectados, ya que se orientan a través de la ecolocalización. Emiten sonidos y detectan posibles obstáculos escuchando el eco. Si de fondo hay música fuerte y constante, se desorientan totalmente. Taylor Momsen es testigo de ello.

Además, la Universidad del Oeste de Inglaterra realizó un estudio con varias especies de murciélagos en las inmediaciones de un festival y comprobó que después de su finalización la actividad de estos animales en la zona se reduce casi en un 50%.
Los pájaros también se ven muy afectados. Hay estudios que demuestran que muchos desaparecen en las inmediaciones de los festivales. Puede ser porque huyen, pero también porque mueren. Se trata de animales muy vulnerables al estrés, especialmente cuando tienen poco tiempo de vida. Por eso, la música de los festivales puede causarles la muerte. Puede ocurrir con muchas especies de aves, pero los estudios apuntan a los estorninos como una de las más sensibles.

El caso de los ungulados de Almería
Lo ocurrido en la finca almeriense ha puesto de nuevo sobre la mesa el peligro de la música de los festivales para la biodiversidad. Los animales fallecidos se han sometido a autopsias que han revelado distintas causas de muerte, todas ellas atribuibles al estrés. Una de las crías murió por desatención de su madre, que posiblemente se encontraba desorientada por el ruido. Por otro lado, una de las hembras gestantes murió durante un aborto. El resto de animales fallecieron a causa de lesiones traumáticas, posiblemente inducidas también por el estrés.

Por muy controlado que estuviese el sonido, no deja de ser ruido alto de origen desconocido, que genera un gran nerviosismo entre los animales.
Otros factores de riesgo de los festivales
En 2019 y 2021 se publicaron dos estudios sobre los efectos de las drogas en las anguilas de río. ¿Y cómo consumen las anguilas esas drogas? Efectivamente, por su presencia involuntaria en los festivales.

Las personas que consumen sustancias como la cocaína o el MDMA orinan en los ríos cercanos. Esa orina cargada de drogas llega hasta las anguilas, causándoles daños respiratorios, musculares y reproductivos. Literalmente, pueden acabar con su vida.
¿Se pueden hacer festivales seguros para los animales?
Algunos de los efectos de los festivales son fáciles de controlar. Por ejemplo, el asunto de las anguilas es tan sencillo como poner vigilancia para que los asistentes no orinen en el río y evitar que los baños públicos evacúen en sus aguas.
En cuanto al ruido, es más complicado. Por supuesto, se debe elegir a conciencia la zona en la que se celebran los festivales. Para empezar, si los científicos alertan de que el lugar elegido no es adecuado, como ocurrió en Almería, se deben seguir sus consejos. También se puede pedir alguna recomendación a asociaciones con experiencia en este tipo de asuntos.
Una vez seleccionada la zona, se deben seguir tomando medidas. Por ejemplo, en Inglaterra se está empezando a recomendar la colocación de setos de insonorización. Estos son arbustos capaces de amortiguar muchísimo el sonido, de manera que el ruido causado por los festivales no vaya más allá del recinto enmarcado por ellos.
Podemos disfrutar de los festivales, desde luego, pero lo lógico sería que quienes los organizan tengan en cuenta a los asistentes que no pagan entrada. Ellos son los más damnificados. Tanto, que incluso les puede ir la vida en ello.
