Con frecuencia, el género de espías reduce el mundo a un escenario binario. Incluso, las historias esenciales del género, se inclinan a crear héroes incorruptibles en plena confrontación contra villanos sin redención. Por lo que El Velo, es mucho más interesante por el mero hecho de hacer bastante complicado, lo que el mal y el bien pueden ser en nuestra época. Eso, cuando, además, ambos puntos de vista, están sujetos a lealtades, traiciones e intereses dispares. La serie — cuyos dos primeros capítulos ya puedes ver en Star+ — plantea la idea que el escenario mundial es una complicada, y la mayoría de las veces decepcionante, idea sobre la justicia. Una que, además, se muestra a través de las malas decisiones de organismos, instituciones y funcionarios.
El guion de Steven Knight (el mismo de Peaky Blinders y Taboo) narra la historia de Imogen Salter (Elisabeth Moss, de regreso a las series), una agente del MI6 con una misión complicada. No solo debe entrar en un campo de refugiados turco-sirio para salvar y llevar a resguardo, a la posible informante Adilah El Idrissi (Yumna Marwan). A la vez, debe enfrentar las dudas acerca de los datos que esta última maneja y qué tanto la comprometen en un posible ataque terrorista. Todo irá a peor, cuando la amenaza que Adilah encarna, además haga que Salter se haga la obvia pregunta de a quién beneficia llevar a Inglaterra una mujer que representa semejante amenaza.

El Velo
El Velo’, toma la habitual premisa de espías y la lleva al terreno de las lealtades cuestionables. El guionista Steven Knight, logra crear la sensación que el mapa político es una imagen falsa de la realidad. Algo que el agente Imogen Salter, interpretada por Elisabeth Moss, descubrirá de la manera más brutal imaginable. Con una historia tensa y bien narrada, es una de las mejores producciones de suspense del año.
Durante su primer y segundo episodio, la trama fluye con inteligencia en, al menos, dos escenarios distintos, tanto físicos como políticos. Por un lado, Salter debe atravesar territorio en conflicto, que le permitirá descubrir que lo creía comprender a la distancia de análisis académicos, se vuelve un mapa borroso en la vida real. Al otro extremo que Adilah, con todo su peso como figura que debe ser entregada a la CIA, es algo más que una villana o un detonante para la violencia. Poco a poco, la serie explora en sus personajes y muestra, que en el campo de batalla, no es tan fácil saber, a ciencia cierta, quién es el enemigo.
‘El Velo’, una perspectiva dura acerca de las lealtades actuales
Por supuesto, la gran pregunta que se plantea la serie, es cuál la batalla real que enfrenta Salter, la CIA o cualquier otro organismo de seguridad mundial. Es entonces cuando el argumento se fragmenta y tiene sus mejores momentos. Knight explora en su historia, hasta hacer más que complicado, tomar partido por cualquiera de sus personajes.

Todos, están cargados de buenas y malas intenciones. Cada uno es capaz de matar y podría ser asesinado. El paisaje de claroscuros que la serie despliega se hace cada vez más complicado, a medida que revela que tanto Salter, como sus superiores y el enlace con los gobiernos que exigen la entrega de Adilah, tienen su propia agenda.
Que, más grave aún, cada capa de mentiras, secretos y manipulaciones, engendra un peligro mayor. Adilah, podría ser una informante necesaria para varios gobiernos a la vez, pero a la vez, la manera de planear un ataque a objetivos inocentes. También, esta podría ser una terrorista que pondera cuidadosamente una estrategia y utiliza las dudas de Salter sobre lo que ocurre a su favor. El guion maneja con habilidad punto a punto. Eso, para crear la sensación que nada es lo que parece, a medida que la trama avanza en tres países distintos.

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El Velo maneja la sensación de amenaza inminente, para jugar con cuidados en sus lugares más elaborados y mejor narrados. Gracias a la magnífica actuación del dúo Moss y Marwan, la producción logra crear la sensación que la misión que las involucra a ambas acabará mal. Mucho más, que ese fracaso engendrará todo tipo de consecuencias que podrían poner en jaque el complicado escenario del terrorismo mundial. Eso, a medida que el argumento se cuestiona acerca del monopolio de la violencia, las supuestas causas justas y los males necesarios.
Una serie para los amantes de las historias complejas

De un campamento en cubierto de nieve en que los refugiados deben sobrevivir a duras penas, hasta Turquía, París y Londres. El Velo utiliza su interesante mezcla de escenarios mundiales, para narrar el trasfondo político. Poco a poco, lo que comienza como una misión que debería tener una conclusión específica, se convierte en una lucha interna. Una, por demostrar quién tiene el derecho a obtener el poder de la agresión directa. A saber: qué gobierno — o funcionario — podría utilizar la información que Adibah lleva consigo, para su beneficio. Del de su país, pero también, de sus propios intereses y confluencia de poder.
Con un ritmo rápido que no se detiene en explicaciones, El Velo resulta una historia que se hace más rápida a medida que avanza. Eso, sin perder complejidad, densidad y su cuidado trasfondo moral. Gradualmente, los personajes deberán mostrar sus rostros y admitir hacia qué lado manipulan la violencia. Pero mientras eso ocurre, deberán ocultar sus verdaderas intenciones. El mapa de intereses que detalla la serie y que probablemente la convierta en la mejor pieza de tensión política de año.

