El polvo en los cuerpos que habitan el universo es común, se acumula debido a los golpes y rasguños que tiene el asteroide o satélite. Un ejemplo es el de la Luna, lo hemos visto en muchas imágenes. Sin embargo, Ryugu, el cuerpo que está investigando la agencia espacial japonesa, JAXA, parece no tener ningún tipo de polvo ni siquiera partículas finas y esto es todo un misterios.

Las últimas imágenes tomadas por uno de los aterrizadores que han llegado a la Tierra muestra cómo se ve la superficie de Ryugu, pero no hay ni rastro de polvo. Los investigadores siempre han pensado que el asteroide era similar a la de un grupo de meteoritos llamados condritas carbonáceas, que tan solo son el 5% de meteoritos que caen en nuestro planeta, por eso podía ser muy interesante estudiarlo. ¿Y qué son las condritas carbonáceas? Se trata de meteoritos rocosos se caracterizan por albergar compuestos de carbono como aminoácidos y por la presencia de agua o de minerales alterados por ella.

En las fotografías se han visto dos tipos muy diferentes de rocas. Unas, oscuras y rugosas; otras, brillantes y lisas. Es más, ambas ocupan una parte igual en la superficie.

¿Cómo puede ser que no tenga polvo? Los investigadores se han animado a hacer conjeturas, pero por el momento no hay nada confirmado. En estos momentos se baraja la idea de las partículas de polvo fino se cargan debido a la radiación solar y son eliminadas por fuerzas eléctricas, según explica a New Scientist Ralf Jaumann en el Instituto de Ciencia Planetaria del Centro Aeroespacial Alemán en Berlín.

Entender la formación del Sistema Solar

No es la primera misión de retorno de muestras para los japoneses. De hecho, fue la primera agencia en enviar una sonda, Hayabusa, a recoger rocas de un asteroide, Itokawa. Ahora, los investigadores repiten con Hayabusa 2 y Ryugu, que se espera que, si todo sale bien, retorne a la Tierra para finales de 2020.

Pero no se trata de la única misión de retorno de muestras. De hecho, OSIRIS-REx es una misión de la NASA que busca estudiar Bennu que, además de ser un asteroide primordial, tiene una forma muy parecida a la de Bennu. Esto se debe a que ambos se formaron al principio, es decir, con el nacimiento del Sistema Solar y se han mantenido inalterados desde entonces.

Además, OSIRIS-REx es la primera prueba de retorno de muestras de la agencia norteamericana y se espera que regrese a Tierra para 2023, si todo sale según lo previsto por la NASA.

¿Para qué sirve estudiar estos asteroides? La respuesta parece ser clara para los investigadores: conociéndolos más, se podrá tener más información sobre cómo fue la formación y evolución de nuestro sistema.