‘Destiny 2: Forsaken’: una fenomenal expansión que vuelve a llegar tarde

Repitiendo sus aciertos y errores, Bungie vuelve a dar en el clavo con Forsaken, la gran expansión que muestra cómo debería haber sido Destiny 2

Por – Sep 19, 2018 - 21:41 (CET)

Se suele decir que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra y es cierto. Fuimos millones los que, después de la decepción inicial que supuso el Destiny original, compramos su secuela pensando que habrían solventado los errores que tanto lastraron la franquicia en sus primeros pasos. Pero no.

Destiny 2 cumplió, uno por uno, los errores de la entrega anterior, sumó alguno que otro nuevo y, por si fuera poco, volvió a lanzar dos expansiones mediocres en todos los aspectos que, lejos de saciar las ansias de mejoras y más contenido, enervaron más a los jugadores del videojuego. Por suerte, Bungie también ha repetido sus pasos en lo que a la primera gran expansión se refiere y, podemos decirlo ya, Forsaken es todo lo que tendría que haber sido el título en su lanzamiento.

Para empezar, Forsaken cuenta una historia más oscura, menos grandilocuente y mucho más breve pero que, a su vez, es mucho más épica e intensa. Tras el asesinato de Cayde-6, popular personaje de la franquicia, a manos de Uldren Vos y sus ocho barones, sanguinarios y temidos criminales escapados de la Prisión de los Ancianos, deberemos darles caza. Una mezcla de western sci-fi e historia de venganza que funciona a las mil maravillas.

Con este planteamiento Bungie aprovecha y centra la inmensa mayoría de su nuevo contenido en los enfrentamientos con jefes finales: además de las misiones principales, girando en torno a acabar con los barones y Vos, algunos de los eventos públicos y nuevos contratos introducidos en la experiencia explotan lo satisfactorio de enfrentarse a imponentes bosses. Además, en el caso de la trama principal, cada uno de los barones tiene una personalidad muy definida que se explota a nivel mecánico, planteando enfrentamientos diversos y entretenidos.

Todo ocurrirá en la Costa Enredada, el nuevo territorio introducido en la expansión que, como decíamos, explota un enfoque propio del western, con un terreno yermo plagado de forajidos, que también recordará a los barrios bajos de algunos planetas vistos en Solo: Una historia de Star Wars con un aspecto industrial abigarrado. De hecho, Araña, un nuevo NPC, parece directamente sacado de la franquicia de George Lucas. No es precisamente bello en lo visual pero sí un territorio con una identidad muy marcada. Y, para belleza, la de Ciudad Onírica.

Ese será el territorio al que nos dirigiremos en el endgame de una expansión que lleva el nivel y poder máximos al 50 y 600 respectivamente, apostando por una progresión semejante a la del videojuego original pero algo más eficiente y menos pesada, gracias a más vías para conseguir y mejorar nuestro equipo. Una pena, eso sí, que se elementos como el imbuir armas sea ahora más costoso y obligue a farmear en exceso a la larga.

Dejando eso a un lado, el resto de los muchos cambios y retoques que Bungie ha introducido aquí y allá funcionan a la perfección y hacen la experiencia más satisfactoria. Además, el cambio en el sistema de armas, el añadido de los arcos (complicados de utilizar pero muy satisfactorios) y las tres nuevas subclases por personaje son elementos jugables de entidad que complementan un núcleo notable.

Más allá, el segundo gran añadido de Forsaken es su nuevo modo Gambito. Hablamos de un planteamiento PvEvP o, lo que es lo mismo, un modo que mezcla el cooperativo contra la IA con el competitivo contra otros jugadores. Se ha hablado mucho sobre él en la fase promocional y, la verdad sea dicha, supone una genial adición que encaja de diez en la fórmula. Es un modo complejo, retante y que, eso sí, requiere de un alto nivel de juego en equipo si se quiere evitar la frustración. Sin duda, Gambito ha llegado para quedarse.

Por último, amén de misiones para conseguir objetos exóticos y alguna que otra quest secreta, la raid Último Deseo es la joya de la corona y aquí, de nuevo, Bungie ha hecho el trabajo que debería haber hecho mucho antes, cuajando una de las mejores incursiones publicadas hasta la fecha, redondeado una expansión que solo flaquea claramente en cierto contenido secundario como unos asaltos poco inspirados y en no explotar ni implementar de la mejor forma las colecciones e hitos, nuevos elementos en la interfaz de usuario que podrían dar mucho más de sí.

Con todo lo comentado más una nueva forma de enfocar los objetivos diarios y semanales, Destiny 2 al fin parece un videojuego al que poder jugar en todo momento y sacar siempre algo de provecho. Forsaken es una expansión con muchas cosas buenas y muchos aciertos desde su mismo planteamiento pero que, igual que ocurriera con el Rey de los Poseídos hace dos años, llega demasiado tarde. Y, por desgracia, uno ya no sabe si, esta vez sí, Bungie cumplirá a la primera con Destiny 3 o, de nuevo, habrá que desembolsar más de 100€ para tener la experiencia óptima.