A finales de 2017, el Sistema Nacional de Salud de Inglaterra publicó una guía que recomendaba a los profesionales preguntar a todos los usuarios sobre su orientación sexual para mejorar su atención a los no heterosexuales. Meses más tarde, un estudio publicado en el British Medical Journal incidía en estas recomendaciones. Los autores, investigadores del Imperial College de Londres, concluyeron que todos los pacientes deberían ser preguntados al respecto.

“Algunos médicos y pacientes han expresado su preocupación sobre esta política, citando razones como intrusión o invasión de la privacidad, temor a ofender, dudas sobre la relevancia o seguridad de los datos”, afirma Richard Ma, uno de los expertos. “Si bien entiendo estas preocupaciones, la falta de acción socava los derechos de los pacientes LGBT+ para conseguir la mejora en la atención médica”, añade Ma. “Si no los valoramos, en la práctica ellos no cuentan”.

Para los científicos del estudio inglés, un buen paso sería introducir el monitoreo de la orientación sexual en los sistemas de salud y de atención social ya que hay especificidades que no se evalúan. ¿Cuál es la situación en España? “La orientación sexual es una característica especialmente protegida por la ley de protección de datos. Asimismo, el Código Penal de 2015 recoge el delito de la discriminación por esta causa”, explica a Sinc Christian Gil Borrelli, investigador en el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII).

Gil Borrelli, que trabaja en la cuantificación y tipificación de lesiones por violencia de odio atendidas en Urgencias de la Comunidad de Madrid, subraya cómo no preguntar al respecto podría suponer un trato discriminatorio al no brindar así una atención adecuada. “Sin embargo, es lo que ocurre de manera sistemática en consulta”, apunta.

Necesidades de salud LGBT+

Según Guillermo López, de la ONG Apoyo Positivo, España no es un país especialmente complicado para ser población LGTB+. “Sin embargo, seguimos encontrando que muchos chicos y chicas tienen problemas a la hora de visibilizarse como tales dentro de la consulta. Les genera cierta ansiedad”. “Esto es porque tenemos una sexualidad coitocéntrica, reproductiva y heterosexista que es la que adopta el modelo sanitario actual. Esto fomenta un modelo que purga a buena parte de los usuarios”, apunta. “La situación básica es la invisibilización: lo que no se nombre ni se reconoce ni existe”.

López, que da apoyo desde el Servicio de Prevención y Diagnóstico Precoz de VIH y otras infecciones de transmisión sexual (ITS) en centros de atención primaria, insiste en que la orientación sexual no se suele preguntar incluso si una persona solicita pruebas de VIH o llega a consulta con una ITS. Muchos hombres gays o bisexuales tienen problemas para solicitar la prueba del VIH por miedo a que su médico les pregunte. Muchas mujeres que tienen sexo con mujeres no reciben toda la información que necesitan desde ginecología.

Mercedes Herrero Conde, ginecóloga que trabaja en HM Hospitales, indica que en su especialidad es fundamental conocer la orientación sexual. “Solo que a veces se pregunta mal. Debería estar incluida en la entrevista sin dar por hecho la heterosexualidad. Hay que normalizar”. Las personas transexuales tampoco sienten que los espacios sanitarios sean amigables. Presentan indicadores de salud mucho más negativos que el resto de la población ya que acuden al médico cuando se encuentran especialmente mal.

homosexualidad
Ludovic Bertron (Wikimedia)

“Muchas no quieren ir a las unidades de tratamiento de identidad de género por falta de confianza”, denuncia López. “La consecuencia es que las personas LGTB+ tienen resistencia a ir al médico o a pedir pruebas y esto trae consigo un retraso diagnóstico”. Para Toni Alba, especialista de la Federación estatal de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales (FELGTB), “aún falta formación y sensibilidad en el personal sanitario. Hay cuestiones que quizá no se plantean, como es que un hombre trans pueda necesitar ir a consulta ginecológica”.

Acabar con las desigualdades

En 2013, una encuesta elaborada por FELGTB revelaba que hasta un 20% de los usuarios LGBT+ se habían sentido discriminadas en el ámbito sanitario. “El colectivo se enfrenta a barreras adicionales construidas por el prejuicio y la discriminación que impiden desarrollar el máximo estado de salud y bienestar”, revela Gil Borrelli. Esta LGTBfobia tiene diversas manifestaciones: presunción de heterosexualidad, asunción de prácticas sexuales de riesgo o consumo de alcohol y drogas en hombres gais y bisexuales; negación de la salud sexual y reproductiva en las mujeres lesbianas y bisexuales o la centralización de la atención a personas trans en unidades especializadas.

“Esto mantiene al colectivo en redes asistenciales paralelas cuando muchos de sus problemas pueden ser atendidos en atención primaria. Esta no integración conduce a que haya una falta de habilidades en el trato del personal sanitario, dando lugar a situaciones como, por ejemplo, llamar a la persona por su nombre de nacimiento y no por su nombre social”, expone Gil Borrelli. Por su parte, Guillermo López señala que las mayores quejas vienen de personas con [diagnósticos VIH]8https://hipertextual.com/2016/10/vih-paciente-cero). “El problema es que no se protesta por los comentarios fuera de lugar y así se invisibilizan estos comportamientos. A veces vemos sanitarios que se ponen doble guante cuando tratan a una persona con VIH de carga viral indetectable”.

El experto comenta que en atención especializada existe un protocolo implícito según el cual se atiende a la persona con VIH en último lugar aunque haya sido citada antes: “El colectivo con VIH, que ya sufre bastante culpa, muchas veces se ha sentido juzgado, estigmatizado y discriminado en atención sanitaria”.

Formar para ‘curar’ mejor

Es importante introducir la formación del personal sanitario en diversidad sexual, de género y familiar. “En la mayoría de casos a los médicos no se les prepara para abordar la educación y salud sexual. No todo tiene que seguir un patrón homogéneo, hay que ser un poco más flexible”, valora Herrero Conde.

Los profesionales deben afrontar la relación con el paciente LGTB+ desde la confianza y el respeto para que este compruebe que es positivo visibilizarse en la consulta; que son espacios dónde se acepta, se comprende y se promueve la diversidad afectivosexual. En definitiva, no solo se necesitan leyes que defiendan los derechos de esta población. Hay que acabar con el estigma en las consultas (y en las calles) que puede provocar, en última instancia, una peor salud.