Nissan acaba de admitir algo a lo que ningún fabricante quiere verse expuesto después de las dimensiones adquiridas por el dieselgate del grupo Volkswagen: ha falsificado datos de los test de emisiones en la práctica totalidad de las factorías que la compañía tiene en Japón. El objetivo, como no podía ser otro, era el de ofrecer unos resultados que fueran más acordes a las regulaciones medioambientales actuales de lo que los vehículos de la firma realmente ofrecían.

La empresa afirma que el descubrimiento de las primeras irregularidades se llevó a cabo el pasado mes de septiembre, tras los cual se procedió a abrir una investigación en profundidad instada por el Ministerio de Infraestructura y Transporte estatal. La empresa asegura ahora que se han descubierto una serie de "malas conductas llevadas a cabo en los vehículos producidos en sus plantas de producción de vehículos nacionales y los de sus afiliados", aunque no revela el número total de unidades afectadas.

Una investigación "exhaustiva"

Nissan se encuentra realizando una investigación en profundidad para esclarecer los hechos y tomar las medidas consecuentes, según ha informado en un comunicado, donde asegura también haber contratado a una de las mejores firmas de abogados del país. Quieren atajar así cuanto antes un problema que lleva ya años arrastrando Volkswagen. Las consecuencias para la empresa ya se están haciendo notar, habiendo caído más de un 4 % en bolsa tras haber hecho públicos estos hechos y detallado la información de la que se dispone hasta el momento a sus inversores.

A pesar de todo, el problema podría no ser de una tan elevada magnitud como pudiera aparentar en un un primer momento, ya que "Nissan ha confirmado que todos los vehículos producidos, a excepción de GT-R, cumplen con los estándares de seguridad japoneses y también que los valores de medición promedio de aprobación de los vehículos garantizan las especificaciones para las emisiones de gases contaminantes".