Movistar + sigue haciendo crecer, despacio y con buena letra, su catálogo de ficciones propias. El día de mañana, estrenada a finales del pasado mes, es la última adición a una lista que incluye obras de primer orden como La zona o La peste. La hemos devorado y os contamos nuestras sensaciones.

La serie dirigida por Mariano Barroso tiene al personaje de Justo Gil como eje principal de todo aquello que se pretende contar. Es una obra, como el libro del mismo nombre en el que se basa, ambientada en la España de finales de los sesenta y principios de los setenta que, como tantas otras veces, ejerce como telón de fondo y contexto inmejorable de una historia que aprovecha al máximo una Barcelona en plena ebullición, ya cerca de la modernidad.

‘La peste’, magnífico ‘thriller’ de época con una inmejorable ambientación

Justo, interpretado por un sobresaliente Oriol Pla, llega a la Ciudad Condal con el desesperado objetivo de ganarse la vida para poder costear los gastos médicos de su madre, en estado vegetal. Tan noble punto de partida derivará en una ambiciosa y fría escalada a nivel social y económico que terminará desembocando en su labor como confidente de la policía franquista, núcleo dramático en una obra con dos mitades bien delimitadas. Genial, para reforzar la construcción del personaje, es la apuesta por intercalar testimonios “a cámara” (heredados del formato de la novela de Ignacio Martínez de Pisón) de todos los personajes, principales y secundarios, con los que se cruza el protagonista.

La gris odisea de Justo Gil

Y lo que cuentan es que Justo es un traidor, un seductor, alguien muy noble y de buen corazón, un impostor y un valiente. De hecho, es todo eso y más. A lo largo de los tres primeros episodios vemos el lado más humano, con sitio para la compasión, la generosidad y el amor, mientras que los últimos nos muestran traiciones, vergüenzas, decadencia y desesperación. Con todo, uno de los mayores aciertos de El día de mañana y del, repetimos, inmenso Oriol Pla está en un Justo Gil del todo gris y ambivalente que roza los extremos pero nunca se asienta en ellos.

Y el trabajo del actor catalán está aupado y reforzado por un reparto impecable en su práctica totalidad: desde la mágica mirada de Aura Garrido hasta la fantástica intensidad de un Karra Errejalde que se come la pantalla pasando por la amable distancia de Jesús Carroza y las siempre efectivas aportaciones de Pere Ponce, Pep Cruz o David Marcé. Las interpretaciones y la dirección de actores son maravillosas.

Es una pena, por ello, que su formato, con seis capítulos de cincuenta minutos de duración, sea aquí un arma de doble filo: el camino de Justo Gil es intenso en todo momento, con una continua sucesión de hechos de lo más relevantes pero, como contrapartida, los saltos temporales entre capítulos (de hasta tres años) provocan que todo se sienta excesivamente apresurado, complicando que ciertos giros o puntos de tensión dejen el poso que debieran.

El día de mañana resulta una ficción más que notable y que merece cada minuto que invirtamos en ella. El Justo Gil de Oriol Pla es uno de los personajes más magnéticos y complejos de la ficción española de los últimos años, su historia saca todo el jugo posible a un contexto tan complejo e interesante como el tardofranquismo y, pese a cierta prisa y pérdida de intensidad en su desarrollo, hablamos de una extraordinaria compañera para la sucia emoción de La Peste y la fría intensidad de La zona. Y eso no es poco.