Como si de una imagen en blanco y negro se tratase, y en un retroceso de 100 años, para algunos analistas, aquello conocido como 'nueva economía' es un claro retorno al pasado. Concretamente a los astilleros de principios del siglo XX en Reino Unido.

Frank Field, político británico perteneciente al Partido Laborista, ha destacado por su lucha contra la pobreza y el bajo salario de los ciudadanos británicos desde que la elección de Tony Blair como Primer Ministro le alejase de las primeras posiciones en la carrera política. En este contexto, Field ha querido demostrar los estragos de eso que llaman nueva economía y las diferencias sociales que esas grandes compañías están gestando en la sociedad. Para ello, un informe publicado por el diputado, analiza una muestra de 179 riders de la compañía de reparto de comida más grande de Reino Unido: Deliveroo. Su conclusión, ya criticada por la propia compañía, se acerca a los mencionados astilleros.

Cuenta Field que, hasta mediados del siglo pasado, el sistema de empleo en los astilleros funcionaba por la confluencia de varias circunstancias. Por un lado, un gran grupo de mano de obra barata y excedente y grandes empresas dispuestas a aprovechar estas circunstancias. En dichos astilleros, además de los empleados fijos, un gran número de ciudadanos se arremolinaban en las puertas de los astilleros para optar a un puesto eventual en las jornadas de máximo trabajo. El resto de año, estos trabajadores carecían de cobertura y, dado su carácter temporal para las empresas, estas negaban toda responsabilidad.

Sería en términos prácticos una subasta de trabajo que, a día de hoy, ha mutado gracias a una aplicación. Para Field, no existe ninguna diferencia entre esperar a las puertas de un astillero a la de acampar en algún punto de encuentro esperando un pedido.

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El informe que, además de la comparación, busca analizar el sistema de salarios y condiciones laborales de los llamados riders, insta a la compañía a comprometerse con el estatus laboral de los mismos puesto que, a término, estos trabajadores conforman la columna vertebral de la compañía. A día de hoy, analiza, existe una desconexión entre los resultados financieros de las grandes tecnológicas y los beneficios de los empleados; incumpliendo así la garantía de distribución de la riqueza entre unos y otros. Si bien es cierto que, algunas modificaciones en los sistemas de relación laboral han mejorado la calidad de vida de estos trabajadores, Field apunta a que no están en la línea de los 72 millones de libras que Deliveroo ingresó en 2016. Dicho de otro, para el diputado esto se encontraría en las Antípodas de un modelo disruptivo.

Entiende que efectivamente ha surgido una nueva modalidad de trabajo flexible, una ventaja para este tipo de compañías, y una nueva oportunidad para otros tantos, pero que estos sistemas deben garantizar el nivel de vida de los trabajadores. Se refiere directamente a las tarifas de pago que vienen manejando los riders.

Field entiende que 'la nueva economía' debería regirse por la idea de mantener los sueldos mínimos de los trabajadores. Si no hay pedidos, estos no cobran; entiende así que el pago debería ser por hora trabajada y no por pedido realizado. Igualmente, diferencia dos grupos: aquellos altamente comprometidos que tendrían que ganar un fijo para asegurar su supervivencia y aquellos que optan por la flexibilidad. De esta manera, se eliminaría el sistema de ganancias impredecibles asociado a este tipo de compañías. Igualmente, la idea del laborista entra en conflicto con la opinión de los riders (según Deliveroo). Una encuesta a un grupo de trabajadores de la compañía argumentaba que el 73% de estos preferían trabajar por pedido que por hora, ya que de esta manera sus ingresos aumentaban.

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La realidad es que este debate ya tiene su realidad en las calles desde diferentes puntos. Daliveroo solicitando a las entidades públicas nuevos modelos de contratación que se ajusten a la realidad vigente. Algunos partidos políticos y la Unión Europea con un ojo puesto en el futuro de estas compañías y a una posible modificación del statu quo que rige las sociedad actual. Y, por último, los riders que, trans una sucesión de quejas y manifestaciones están consiguiendo la modificación de sus relaciones laborales. La última de la lista ha sido la victoria de los riders de Barcelona donde un juez ha considerado que pueden ser considerados como falsos autónomos, incluyendo en esta decisión a los que forman parte del contrato TRADE.