Este año, la serie Cristóbal Balenciaga mostró el mundo privado de uno de los diseñadores más célebres de España. Curiosamente, la serie tiene también su eco en The New Look, la nueva producción de Apple TV+, que de una manera u otra, toca el mismo contexto. En diez episodios, muestra los años de la Segunda Guerra Mundial, con París tomada por el control alemán. Por si eso no fuera suficiente, la ciudad se encuentra bajo el puño opresor de la estética nazi y sus limitaciones. Lo que convierte la vida corriente y la más sofisticada, en una prueba de valor y voluntad.
Pero la serie, no se enfoca en la resistencia o en qué manera los parisinos pudieron sobrevivir al puño de la violencia. En lugar de eso, analiza la situación a través de la esfera más elegante, creativa y emblemática de la capital Gala. Esto es: los diseñadores que permanecieron en Francia durante la ocupación y en especial, la forma en que su trabajo se convirtió en una callada rebeldía. Mucho más, cuando cada esfuerzo por conservar las clásicas Maison abiertas, debía enfrentarse con las restricciones, el prejuicio y el rencor de los funcionarios del Tercer Reich.

The New Look
The New Look de Apple TV+, es una exploración sobre lo ocurrido con el mundo de la moda de París, durante la ocupación nazi. No obstante, la producción evade las respuestas sencillas y se inclina más por mostrar los estragos cotidianos de una situación violenta. Eso, en medio de la rivalidad entre Coco Chanel y Christian Dior. No siempre logra la tensión que busca, pero cuando lo hace, el guion alcanza sus momentos más altos.
Lo más interesante de la serie, es que utiliza este doloroso y en ocasiones claustrofóbico escenario, para contar dos cosas a la vez. Por un lado, la manera en que el pueblo francés reaccionó a la agresión bélica. En específico, cómo encontró la manera de resistir, en medio de un sistema de supra vigilancia temible. Al otro extremo, el cómo la época, fue especialmente fructífera para la creación estética. De hecho, durante sus dos primeros episodios, la serie hace un acento particular en la premisa. La necesidad de convertir el rechazo al autoritarismo, en una expresión de arte. O lo que viene a ser lo mismo, en una liberación simbólica.
La resistencia en medio de una dura situación
Para eso, el guion de Todd A. Kessler toma a dos figuras representativas de la moda parisina de la época. Por un lado, a Coco Chanel (Juliette Binoche). Ya por entonces dueña de una reputación que la precedía y sin duda, el rostro más reconocible de lo que se llamaba la moda de París. La actriz imprime un aire nervioso y práctico a su personaje. Pero también, hace algo más. Logra encontrar el punto central que la hizo famosa. Chanel en The New Look, es algo más que una marca y Coco, su diseñadora. Es la insigne prueba que París — y luego Francia — sigue resistiendo a pesar del asedio nazi.
El argumento toma la inteligente decisión de encarnar a París — con todas sus contradicciones, oscuridades y brillos — en la figura de su diseñadora más conocida por entonces. Más que una artista — que también lo es — la serie muestra a la figura como una fuerza de la naturaleza. Una que, además, está decidida a cambiar la estética que sostiene y en ocasiones limita a la idea de la mujer.
Gradualmente, el argumento descubre las capas del personaje, mientras pasea por las calles en las que ondea la bandera con la esvástica o debe enfrentarse a la presencia militar. La cámara la sigue con cuidado, tanto en el taller como en las reuniones, en las que se debate con angustia enfurecida sobre el que hacer mientras la sombra de la guerra se extiende a través del continente. Para Chanel, todo está claro: resistir.
Los matices de una época complicada

Pero la diseñadora es una figura ambigua. Corre el año 1943 y vive en el Hotel Ritz. También, sostiene una escandalosa relación con el espía alemán Hans Günther von Dincklage ( Claes Bang). La serie evita, con cuidado, mostrar cualquier tipo de inclinación o explicación moral. La cosa está clara: Coco Chanel intenta encontrar un punto de equilibrio en medio de un escenario delicado.
No siempre lo logra y de hecho, la sensación que el personaje deja a su paso, es que, en realidad, no tiene mucha idea de cómo hacerlo. Lo que sí es bastante evidente y claro, es que la mujer que viste a París, tiene un singular poder de cuál hacer gala. El de enviar un mensaje discreto con sus creaciones.
Un hombre tímido en busca de la fama

Para el comienzo de la serie, Christian Dior (Ben Mendelsohn), todavía es un genio en formación. La serie muestra su evolución con cuidado, aunque el actor tiene algunos problemas en mostrar la ambición muy cercana a la avaricia de su personaje. Dior quiere ser famoso, reconocido, querido y admirado. Pero en 1943, las posibilidades son pocas y el alcance de sus recursos, limitado.
Lo que le hace un hombre en medio de un dilema de lealtades. Como pupilo de Lucien Lelong (John Malkovich), crea vestidos para la alta esfera nazi y a pesar de saber que no es lo correcto, no tiene otro remedio. Quizás, en uno de los puntos bajos de la serie, el intérprete no logra expresar la presión interna de Dior, que desea dejar de ser alumno, en medio de una situación que le supera. También, la caracterización de personaje no ayuda demasiado. Mendelsohn, conocido por imprimir su carácter a las figuras que interpreta, parece encontrarse un poco fuera de lugar en la piel de diseñador francés.

Mucho más cuidosa en su encarnación — y ejecución, incluso — es Maisie Williams, que interpreta a Catherine, hermana de Christian. Como emblema de la libertad — pertenece a la resistencia — el guion intenta mostrarla como una especie de Coco Chanel, sin las limitaciones del lujo. No siempre lo logra, pero cuando lo hace, le da la oportunidad a la joven actriz de lograr una interpretación brillante.
El lujo de la nueva imagen de la mujer
Poco a poco, los dos diseñadores terminarán por coincidir y enfrentarse entre sí. Pero en los dos primeros capítulos de The New Look, el interés del guion es narrar una París crepuscular, rodeada de violencia oculta y que se resiste a ceder su espíritu. La premisa funciona mientras los personajes parecen absorbidos por su cápsula de trabajo y creatividad. Sin embargo, es un poco torpe al tratar de mostrarse neutral, sin lograrlo siempre.
A pesar de eso, The New Look rebosa elegancia y tiene una premisa inteligente. Además, el apartado visual se sostiene con facilidad en amplios primeros planos de la ciudad y en las sombras de los grandes edificios parisinos. Una identidad que, sin duda, brinda a la serie varios de sus mejores momentos.

