La tercera temporada de La casa del dragón, logró lo que parecía imposible: resurgir sobre sus cenizas. Eso, al corregir el ritmo pausado de su entrega anterior. Y a la vez, lograr capturar la esencia del libro Fuego y sangre que marcó su tan celebrada entrega inicial. Lo cierto es que la serie, que culmina con un asombroso 91% de aprobación en el agregador Rotten Tomatoes, enmendó el camino de la producción. Todo luego de lo que pareció un bajón de calidad y un enfrentamiento muy público entre el escritor George R.R. Martin y el showrunner Ryan Condal.
Pero la decisión de sumergir a Poniente en un conflicto abierto y brutal, logró rescatar el tono brutal de la novela de origen. A la vez, explorar en el mundo con la suficiente habilidad como para recuperar el interés del público. En especial, porque la tercera temporada exploró finalmente la transformación de Rhaenyra (Emma D’Arcy) en una monarca cruel y violenta. Al mismo tiempo, siguió los pasos de Daemon (Matt Smith) en su lucha por mantener el poder en el lado de los Negros y mantener su lealtad para la corona. Una situación límite que impactó tanto en Alicent (Olivia Cooke), reclusa del poder, como en la malograda Helaena (Phia Saban).
Una combinación de factores que convirtió a la tercera temporada de La casa del Dragón, en una combinación de lo mejor de la historia original y la experimentación televisiva. Con todo, la serie sigue dando que hablar, tanto en lo bueno como en lo malo. Además, generó una buena dosis de polémica que rodeó a su elenco y hasta a su grupo de productores. Una serie de factores singulares te resumimos a continuación y exploramos con cuidado.
Lo bueno de la tercera temporada de ‘La casa del Dragón’
Regreso a las grandes batallas

Lo más destacado de esta temporada fue el regreso a un tipo de acción violento y salvaje conocido por los seguidores de la saga. Eso, luego de una segunda entrega que se tachó de contemplativa y hasta tediosa. Pero los más recientes capítulos demostraron el potencial de la historia. La temporada comenzó con la Batalla del Gaznate y terminó con la espectacular Batalla de Tumbleton. Esta última, descrita por la crítica como el mejor episodio de la serie hasta la fecha y un despliegue de destrucción sin precedentes.
En este enfrentamiento, la épica se mezcló con la tragedia cuando Ulf el Blanco (Tom Bennett), jinete aliado de los Negros, traicionó a su bando. Para luego, comenzar a quemar indiscriminadamente tanto a enemigos como a aliados. Lo que incluyó a la casa Hightower. Este evento marcó un punto de no retorno en la Danza de los Dragones. Eso, al transformar lo que era una Guerra Fría táctica en una carnicería total donde las muertes comenzaron a acumularse a una velocidad aterradora.
El crecimiento de sus personajes

Otro de los pilares fundamentales de esta entrega fue la evolución psicológica de sus protagonistas. En particular, la transformación definitiva de Rhaenyra Targaryen en una reina mucho más despiadada, apodada por algunos seguidores como Rhaenyra la Cruel. El final de temporada mostró un cambio radical en su relación con el pueblo de Desembarco del Rey. Lo que permitió al guion explorar un giro oscuro en su reinado que define el rumbo hacia la temporada final.
Paralelamente, el regreso de Aegon II (Tom Glynn-Carney) a lomos de Fuegosolar, resucitado en medio de la incertidumbre del poder. Por otro lado, su hermano Aemond (Ewan Mitchell) pasó de ser solo un guerrero violento a un personaje atormentado. Todo en su largo retiro en Harrenhal. Un punto de vista que evitó que el reclamo al trono de Los Verdes, fuera solo un giro argumental necesario, pero sin mayor profundidad.
Grandes revelaciones para ‘La casa del Dragón’

Por supuesto, el capítulo final trajo revelaciones que lograron sostener el argumento para la futura y final cuarta temporada. A un extremo, la muerte de Helaena Targaryen. La joven reina, consciente de los horrores por venir, decidió terminar con su vida. Además, dejando tras de sí un bordado que profetizaba su propia muerte y un reinado de sangre.
Por lo que el episodio cerró con Rhaenyra contemplando el tapiz de Helaena. Una declaración de intenciones sobre la guerra definitiva que aún queda por librar. Con la pérdida de uno de sus seis dragones, el bando de los Negros enfrenta ahora un panorama de incertidumbre. Todo, frente a unos Verdes que han recuperado fuerzas.
Lo peor de la tercera temporada de ‘La casa del Dragón’
Un ritmo irregular

A pesar de los momentos épicos, la tercera temporada de La casa del Dragón no estuvo exenta de problemas. El más recurrente, la irregularidad en el ritmo narrativo. De los primeros cuatro episodios, considerados brillantes y bien construidos, a los últimos, con una severa caída del tono y la acción. Lo cierto es que la serie de nuevo, mostró su incapacidad para sostener su historia en medio de la combinación de batallas e intrigas de palacio.
En particular, porque es evidente, que Ryan Condal repite la fórmula de reservar lo mejor solo para los dos primeros episodios y el último. Por lo que el resto pareció alargarse indefinidamente y sin propósito a la trama. Del recorrido de Aegon II por Poniente a la reclusión de Aemond en Harrenhal. Lo cierto es que el argumento de la serie no encuentra un equilibrio entre su aproximación a una guerra total y la necesaria evolución de sus personajes.
Una serie que se aleja de la novela original

Otro punto de gran controversia se centró en el desarrollo de personajes clave y las licencias creativas respecto al material original de George R.R. Martin. En especial, por la incapacidad del argumento de explorar en Daemon, el personaje más complejo de la novela. Pero este villano con momentos heroicos se convirtió en apenas una sombra de su par literario. Mucho más, por la insistencia del guion en evitar sus momentos más crueles y convertir su odisea por el poder en un recorrido accidentado de lealtades contrapuestas.
Pero las decisiones de Ryan Condal no se quedaron ahí. Especialmente polémicos fueron los cambios en la historia. En específico, escenas inéditas como un beso entre Alicent y su hijo. Una decisión que asombró por completo al mostrar una relación incestuosa que no forma parte del relato original.
Más complicado resultó, reducir la guerra civil Targaryen a una especie de movimiento de fichas de poder. Todo mientras la reina se refugiaba en el palacio. O la forma en que el guion, restó motivación y profundidad a personajes como el fallecido Jacaerys Velaryon (Harry Collett). Este último, convertido en víctima de sus malas decisiones. Al contrario que en el libro, en que tiene un final heroico y significativo.
Caos narrativo en medio de una guerra violenta

Por si eso no fuera suficiente, La casa del Dragón no la tuvo todas consigo para analizar a sus míticas bestias. Lo que fue de la falta de claridad sobre el destino de dragones importantes y las inconsistencias en el tamaño de las criaturas. También el hecho de que el apartado de efectos especiales, no las tuviera todas consigo para hacer más realistas sus movimientos y envergadura.
).Otro punto polémico fue la desaparición de personajes relevantes en el libro en favor de giros de guion inexplicables en la trama televisiva. El más llamativo, la desaparición de la jinete de dragón Ortigas (Nettles), en favor de la princesa Rhaena Targaryen. El personaje interpretado por Phoebe Campbell tomó el lugar de la figura y cambió por completo la trama alrededor del dragón salvaje. Algo que influyó en la trama de Daemon y hasta en la sorpresiva relevancia de Mysaria (Sonoya Mizuno)
Lo feo de la tercera temporada de ‘La casa del Dragón’
Una muy pública discusión

Las polémicas de la tercera temporada de La casa del Dragón se volvieron un dilema que superar en medio del rodaje y la transmisión. La controversia más complicada involucró directamente al creador del universo, George R.R. Martin. Todo debido, a que este criticó con dureza al showrunner Ryan Condal.
Martin expresó públicamente su malestar por la eliminación del príncipe Maelor (el tercer hijo de Helaena). También, la forma en que se manejó el suicidio de la joven reina en el final de temporada. Según el autor, despojar a Helaena del contexto trágico del libro restó impacto y justificación a su muerte. Lo que provocó una oleada de quejas de los lectores que acusaron a HBO de realizar modificaciones tóxicas e innecesarias en el material original.
Un productor que defiende su obra

El malestar sobre los cambios de la serie con respecto al libro, llegó a su punto culminante, en el último capítulo. Este incluyó el discurso profético de Rhaenyra sobre su predestinación a ocupar el trono. El hecho de que la reina proclamara abiertamente la profecía de la Canción de hielo y fuego desconcertó. En especial, porque siempre se supuso que el punto era un secreto que debía ser revelado al final de la historia. Algo que la proclama a gritos, contradice y hasta invalida.
El propio Ryan Condal tuvo que salir a defender la escena públicamente. Eso, al indicar que buscaban retratar los inicios de su transformación en una gobernante impopular. Una aclaración que no bastó para calmar el descontento general por un cierre de temporada que pareció contradecir el centro mismo de la historia de la saga.

