¿Recuerdas cuando durante los tiempos más crudos de la pandemia de COVID-19 entrabas en pánico al ver a alguien toser cerca de ti? En realidad, no siempre entramos en pánico, pero lo cierto es que nuestro cerebro siempre nos pone en alerta cuando vemos a alguien aparentemente enfermo acercándose hacia nosotros. De hecho, la alerta es de tal magnitud que afecta incluso al sistema inmunitario, desde el que empieza a liberarse un primer batallón defensivo para evitar contagios. Es la conclusión de un estudio que se acaba de publicar en Nature Neuroscience de la mano de un equipo de científicos de la Universidad de Lausana, en Suiza.
Estos científicos llevaron a cabo su investigación con ayuda de la realidad virtual. De este modo, sus voluntarios podían exponerse a avatares de personas con diferentes aspectos o expresiones. Unos eran neutros, otros parecían asustados y los terceros mostraban mala cara y síntomas de estar enfermos. Por ejemplo, podían estar tosiendo o con claras erupciones cutáneas. El cerebro captó rápidamente a los últimos y puso en marcha varios mecanismos de alerta. Los investigadores ya contaban con que eso podría ocurrir a nivel cerebral. Sin embargo, lo que no esperaban es que el sistema inmunitario se pusiera también a trabajar.
Al analizar muestras de sangre de los voluntarios vieron que aquellos que se habían expuesto a caras enfermas desarrollaban una primera respuesta defensiva para evitar contagios. Era tan intensa que incluso podría compararse con la que tiene lugar después de la vacunación. Esto es curiosísimo, sin duda, pero también puede tener muchas utilidades en la práctica médica.
Tu cerebro empuja al sistema inmunitario para evitar contagios
En este estudio participaron 248 personas que se expusieron a los 3 tipos de rostros antes mencionados en realidad virtual. Cuando se acercaron a ellos las caras enfermas hubo varios tipos de respuesta. Por un lado, se activaron las zonas cerebrales asociadas a la monitorización del espacio personal y la detección de amenazas. Y, por otro, el sistema inmunitario puso en marcha la liberación de células linfoides innatas.
En el caso del cerebro, sobre todo aumentó mucho la actividad en un área conocida como red de saliencia. Esta es una red compuesta por varias regiones cerebrales, como el córtex cingulado anterior dorsal y la ínsula, cuyo papel es atribuir valor a todo lo que ocurre en nuestro entorno y reconocer y traducir las sensaciones internas que eso nos produce. Básicamente, nos ayuda a analizar el medio que nos rodea. También se activaron algunas regiones cerebrales asociadas a la sensación de alerta. Esto, curiosamente, podría haber ocurrido también con los avatares de realidad virtual que se mostraban asustados. Ver a alguien preocupado a nuestro alrededor debería ponernos en alerta. Y lo hace, pero no tanto como las caras enfermas.

¿Y qué pasa con el sistema inmunitario?
En este estudio se tomaron muestras de sangre para analizar los niveles de dos tipos de células: las células linfoides innatas y las natural killers. No encontraron cambios en las segundas al comparar la sangre antes y después del experimento de realidad virtual, pero las primeras sí cambiaron mucho.
Estas son unas células que se liberan como primer batallón defensivo. Cuando un patógeno ingresa en nuestro cuerpo, antes de que se pueda llevar a cabo una respuesta certera con anticuerpos específicos para él, acuden unas líneas de más amplio espectro que se encargan de llevar a cabo una primera respuesta defensiva. Esas, entre otras, son las células linfoides innatas. Esto fue muy chocante para los investigadores, ya que no esperaban que algo tan simple como ver a una persona enferma pudiese desencadenar esta respuesta. No obstante, tiene cierto sentido, ya que es una forma rápida de evitar contagios.
De hecho, tanto la actividad cerebral como los niveles de células defensivas aumentaron cuanto mayor era la cercanía con las caras enfermas y especialmente si esas personas virtuales les tocaban.
Igual que con las vacunas
Los autores de la investigación compararon tanto la actividad cerebral como la respuesta inmunitaria de estos voluntarios con la de un grupo de personas que habían recibido una vacuna contra la gripe. Curiosamente, la respuesta fue muy parecida a ambos niveles. Se generó esa primera línea de defensa inmunitaria, pero también hubo cambios a nivel cerebral. Cuando los voluntarios realizaron una tarea cognitiva durante el estado inflamatorio derivado de la vacunación, las áreas cerebrales activadas fueron en parte las mismas.

¿De qué nos sirve saber todo esto?
Estos resultados pueden ser muy útiles, por ejemplo, para mejorar la eficacia de las vacunas. Una personas podría vacunarse y después someterse a un corto tratamiento de realidad virtual con caras enfermas para dar un boost a su sistema inmunitario y evitar contagios. Se necesita más investigación para aterrizarlo en un tratamiento bien diseñado. Pero, sin duda, es un hallazgo de lo más interesante que nos indica hasta dónde puede llegar nuestro cerebro para protegernos.
