La semana pasada, un avión de la compañía Alaska Airlines protagonizó un extraño suceso. Poco después del despegue, la puerta de una de las cabinas se desprendió, abriendo un agujero que provocó la despresurización de la aeronave y la succión de varios objetos, que salieron volando, causando el desconcierto y el terror de los pasajeros. Afortunadamente no hubo heridos, pero algunas personas reconocieron haber perdido sus objetos personales. Unos aún no han aparecido, otros han sido hallados en increíbles buenas condiciones, como el iPhone 14 pro sin apenas un rasguño que encontró poco después del incidente un hombre que caminaba por la zona. Resulta extraño que algo así pueda suceder, pues muchos sabemos lo que es tener que desechar un móvil que se rompe tras caer de nuestro bolsillo. ¿Cómo sobrevivió el iPhone que se cayó del avión?

Esta es una pregunta que se han hecho muchas personas desde entonces, por lo que físicos e ingenieros se han lanzado a hacer los cálculos. Lo cierto es que hay una explicación por la que un teléfono móvil tiene más probabilidades de sufrir daños graves al caer del bolsillo que al caer de miles de metros de altura.

Eso sí, es importante tener en cuenta que el iPhone que se cayó del avión también tuvo suerte. Esto no es infalible. Lo normal es que un objeto que cae desde tanta altura sufra algún daño. Pero lo cierto es que es innegable que la física también juega en su favor. Veamos cómo.

El papel de la aceleración de la gravedad

Por supuesto, cuando un objeto cae hacia abajo, como sería el caso del iPhone que se cayó del avión, la aceleración de la gravedad juega un papel fundamental. Básicamente, lo que hace es aumentar la velocidad de caída. Es decir, la velocidad es igual a la velocidad inicial, con la que salió despedido, más la aceleración de la gravedad, que es fija, multiplicada por el tiempo. La fórmula sería v=vo+gt, donde v es la velocidad final, vo es la velocidad inicial, g es la aceleración de la gravedad y t es el tiempo.

Sin embargo, en una caída tan alta hay otro factor implicado: la resistencia del aire. Esta actúa en sentido contrario. Es decir, mientras que la aceleración de la gravedad acelera el objeto, la resistencia del aire lo frena. No obstante, llega un momento en el que estas se igualan y se anulan, de modo que la velocidad en lo que resta de caída se mantiene constante. Esto se conoce como velocidad terminal y fue una suerte para el iPhone que se cayó del avión, ya que da igual que caiga de 4 kilómetros de altura o de la azotea de un edificio. A grandes alturas, no hay tanta variedad, pues la velocidad no sube por encima de la terminal.

En un artículo para Medium, el físico Rhet Allain ha calculado cuál sería aproximadamente esa velocidad terminal para el teléfono que se cayó del avión. Esta, según sus cálculos, sería aproximadamente de 27 metros por segundo. También calculó cuál sería la velocidad si cae desde la altura de una persona: unos 5 metros por segundo. No tiene sentido entonces que se pueda romper al caer del bolsillo, pero no al caer de un avión. ¿O sí lo tiene?

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La suerte del iPhone que se cayó del avión

El iPhone se encontró en una zona de campo, con bastantes arbustos. Por este motivo, es posible que no cayese directamente al suelo, sino que se amortiguase un poco antes. Es decir, empezaría a frenar antes de impactar. Aquí entra en juego la velocidad de frenado, por lo que el objeto se desacelera. Y, puesto que la fuerza es igual a la masa por la aceleración, si la aceleración disminuye, también lo hace la fuerza. En este caso, suponiendo que los arbustos midieran unos 50 centímetros, el impacto final sería de unos 137 newtons, según los cálculos de Allain. No es demasiado, por lo que es factible que resista. 

De momento, hay dos factores importantes que salvaron el iPhone que cayó del avión. Por un lado, la resistencia del aire, por la cual no importa que cayese desde tan alto. Se alcanza una velocidad terminal que tampoco es tan disparatada. Por otro lado, la posibilidad de una distancia de frenado importante, gracias a los arbustos.

Pero, en realidad, hay otro factor más, que no es cuestión de suerte: la presión. Si un objeto se rompe al caer no es solo por la fuerza con la que toca el suelo. También influye la presión. Esta es igual a la fuerza dividida entre la superficie. Es decir, ya tenemos la fuerza de impacto, pero la presión que esta ejercerá sobre el objeto depende de su superficie. A mayor superficie, menor presión. Y el teléfono que se cayó del avión es un iPhone. Es ligero, pero ancho, con una gran superficie. Por eso, la probabilidad de que se rompa es menor que la de un objeto más pequeño.

Esto se entiende muy bien pensando en las personas que andan con raquetas en la nieve. Si andan directamente con los pies, se hunden. En cambio, las raquetas, que son alargadas, como el iPhone, imprimen menos presión en el suelo, de manera que no profundizan en la nieve.

El iPhone que se cayó del avión tuvo suerte, pero también mucha física que lo salvó. De todos modos, por si acaso, intenta que el tuyo no se caiga nunca. Desde ninguna altura. 

One reply on “¿Por qué ha ‘sobrevivido’ un iPhone al caer de un avión, pero el tuyo se rompe al caerse del bolsillo?”