Vivimos en una época en la que nos encanta ponerle nombre a todo lo que nos pasa. Algunas personas lo consideran innecesario, pero otras opinan que esos nombres pueden ayudarnos a entender mejor. Y lo cierto es que, mientras no se tachen de síndromes los conceptos que no lo son, no hay nada de malo en ello. Un buen ejemplo de esos nuevos términos que se usan en el ámbito de la psicología, pero que en realidad no tienen un origen científico, es el del efecto Sonder. Recientemente se ha empezado a hablar más sobre él en España después de que la psicóloga Elizabeth Clapés, esmipsicóloga en redes, hable sobre ello en el podcast que comparte con la también psicóloga Alicia González: Tal y como somos.
En un vídeo que ha compartido en su Instagram se muestra un fragmento de la grabación del podcast en el que habla del efecto sonder. Explica que es “la sensación que te invade cuando te das cuenta de que cada persona tiene una vida tan importante y profunda como la tuya”. Esto, según Elizabeth Clapés, es beneficioso por dos motivos. En primer lugar porque nos ayuda a ser más empáticos y comprender que no somos el centro del universo. Y, en segundo lugar, porque nos hace ver que los problemas que normalmente nos agobian también los tienen otras personas. Saber que no estamos solos pude hacer la carga un poco más liviana.
Elizabeth Clapés lo ha explicado desde el punto de vista de la psicología, pero ella en ningún momento dice que el efecto Sonder sea un concepto psicológico. Básicamente porque no lo es. En realidad, es uno de los términos que forman parte del Diccionario de las melancolías oscuras, un proyecto dirigido a poner nombre a sentimientos, normalmente negativos, para los que no existe una palabra que nos haga más fácil describirlos.
Los orígenes del efecto Sonder
John Koenig es un actor de voz, diseñador de gráfico, escritor y creador de vídeos que en 2009 decidió crear un curioso diccionario. Quería que esas sensaciones que a veces nos incomodan tuviesen un nombre que nos permitiese darles más presencia.
Nació así el Diccionario de las melancolías oscuras, donde aparecen términos como fotograma clave. Este hace referencia a “un momento que inicialmente parecía inocuo, pero terminó marcando una desviación hacia una nueva y extraña era de tu vida”. También podemos encontrar emodox, que define a “alguien cuyo estado de ánimo está perpetuamente fuera de sincronía con todos los demás a su alrededor”.
Nace aquí también el efecto Sonder. Koenig lo describió como “la comprensión de que cada transeúnte al azar está viviendo una vida tan vívida y compleja como la tuya, poblada con sus propias ambiciones, amigos, rutinas, preocupaciones y locura heredada”. Koenig continúa describiendo esa otra historia como “una historia épica que continúa invisiblemente a tu alrededor como un hormiguero que se extiende profundamente bajo tierra, con pasajes elaborados a miles de otras vidas que nunca sabrás que existían, en las que podrías aparecer solo una vez, como un sorbo de café extra en el fondo, como un borrón de tráfico que pasa por la autopista, como una ventana iluminada al anochecer”.
Y es que, en realidad, el efecto Sonder, así como el resto de términos de este diccionario, tienen una razón de ser más filosófica que psicológica. Aun así, en 2012, este término en concreto se hizo de fama en Internet. Después, poco a poco se ha extendido a otros ámbitos, llegando a formar parte del discurso de Elizabeth Clapés.
El uso positivo de Elizabeth Clapés
La psicóloga insiste en que el efecto Sonder, en realidad, hace referencia al momento en el que somos conscientes de una realidad. La realidad de que otras personas tienen vidas tan intensas como las nuestras, con lo bueno y lo malo. Darnos cuenta de todo eso es positivo. Es un clic bastante importante, le demos nombre o no. La parte de nombrarlo no es más que una anécdota, como ocurre con tantos otros términos de este estilo. Si te ayuda ponerle nombre, adelante, pero sobre todo recuerda que no estamos solos, ni en lo bueno ni en lo malo. Eso es con lo que más te debes quedar de todo esto.
