A veces, los mundos de ficción pueden tener mucha realidad detrás. Cuando Frank Herbert, el autor de Dune, ideó cómo sería Arrakis, se basó principalmente en las dunas de arena de la costa de Oregón. Sin embargo, es innegable que también tiene un gran parecido con Marte. Por eso, algunos científicos se han dedicado a tratarlo como un verdadero planeta, para ver cuánto realismo hay detrás de sus descripciones.

Por ejemplo, recientemente un equipo de científicos de las universidades de Bristol y Sheffield han desarrollado un modelo climático capaz de predecir los cambios en el clima de Arrakis, teniendo en cuenta las descripciones de Herbert en Dune. 

Han llegado a la conclusión de que, efectivamente, sería un planeta habitable. Pero muy poco confortable para vivir. De hecho, sería más confortable en el pasado, tal como lo describe el autor de Dune. Es interesante, porque estas mismas pesquisas son las que se realizan también en la realidad para buscar exoplanetas potencialmente habitables. Arrakis, tal y como se muestra en las películas y la novela, no sería de los mejores candidatos. Pero, al menos, si existiese, se podría vivir en él.

El verdadero clima de Arrakis

Herbert describe que, en el pasado, Arrakis era un planeta océanico. Buena parte de su superficie estaba cubierta por agua, incluso más que en la Tierra. Sin embargo, hubo una catástrofe que llevó a la desertificación del planeta.

Quedó algo de agua, pero una especie invasora, la trucha de arena, terminó con ella, llevándola debajo de la tierra. Esta especie no existe. Sin embargo, como ocurre con otros tantos fenómenos de Dune, describe muy bien la naturaleza de la vida real. Las especies invasoras, introducidas fuera de su hábitat natural, pueden conllevar la destrucción de ecosistemas, por agotamiento de recursos o desplazamiento de las especies autóctonas.

En este caso, la especie invasora es el gusano de arena y la trucha es la larva que, en vez de un huevo, nace del gusano muerto. El agua es tóxica para el gusano, pero la trucha es capaz de retirarla de la superficie. Además, una vez que se convierte en gusano, este contribuye a la formación de más arena, por lo que está muy relacionado con el paisaje desértico.

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Los básanos de arena contribuyen a que haya un paisaje aun más desértico. Crédito: Warner Bros.

Ahora bien, ¿cómo pudo cambiar este clima, primero con la catástrofe y después con la llegada del gusano de arena? Según el modelo climático de estos científicos, las temperaturas serían mucho más confortables en el pasado de Arrakis. Esto se debe a que los océanos crean humedad en el aire. Esa humedad contribuye a la formación de nubes y, como consecuencia, a la producción de precipitaciones. Pero, además, de los océanos también se liberan a la atmósfera halógenos naturales. Estos son elementos como el cloro o el yodo. Se sabe que, al reaccionar en la atmósfera con los gases de efecto invernadero, disminuyen sus niveles, de manera que se reduce el calentamiento global.

Un cambio drástico de temperatura

Por lo tanto, mientras haya agua, las temperaturas serán más cómodas. De hecho, en el Arrakis de Dune se alcanzarían temperaturas de 70 ºC, mientras que en el pasado serían, en los peores casos, de solo 45 ºC

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Comparación de la habitabilidad de Arrakis y otros planetas conocidos. Crédito: Farnsworth et al

¿Qué tiene que ver Dune con los exoplanetas?

Todo esto, en realidad, no deja de ser ficción. Sin embargo, puede que haya algún Arrakis fuera de la trama de Dune.

Cuando los científicos buscan exoplanetas habitables, se rigen normalmente por su tamaño, preferiblemente similar al de la Tierra, la presencia de atmósfera y su ubicación respecto a la estrella en torno a la que gira. Debe estar dentro de lo que se conoce como zona de habitabilidad. Es decir, suficientemente cerca para que el agua se mantenga líquida, pero no tan lejos como para que se congele. 

En el caso de los planetas océanicos, con mucha agua en su superficie, esa área de habitabilidad es más reducida. Todo esto se debe tener en cuenta. Además, una vez que se conozca mejor el exoplaneta, se podría someter a un modelo climático como el que han hecho estos científicos con Arrakis. Así, se puede saber si sería habitable y, además, cómodo para vivir. Al fin y al cabo, nuestro planeta seguirá siendo habitable mucho tiempo, pero lo estamos haciendo cada vez menos confortable. Lo importante es detener la progresión; pero, mientras tanto, la vara de medir con otros planetas debe ser más o menos la misma.