Un equipo de científicos de la Universidad de Götingen, en Alemania, ha descubierto que una parte del oro del núcleo terrestre está migrando hacia la superficie. Hace tiempo que se sabe que el núcleo de nuestro planeta está plagado de metales preciosos, como el oro, que se fundieron allí cuando la Tierra aún estaba en pañales. Sin embargo, hasta ahora no se había visto que una parte de ese oro ha encontrado el camino para emerger hacia la superficie.
¿Significa eso que podemos hacernos mucho más ricos? Ojalá, pero no. Por un lado, la proporción de oro que ha escapado del núcleo terrestre es mínima. Y, por otro, aunque se ha dirigido hacia la corteza terrestre, no es tan accesible como para extender la mano y cogerlo. En la mayoría ni siquiera se puede acceder fácilmente cavando.
A pesar de todo eso, este es un hallazgo muy útil, ya que nos aporta datos muy interesantes sobre los orígenes y el comportamiento posterior de nuestro planeta. Y, ¿por qué no?, también de otros planetas rocosos.
Los buscadores de oro del siglo XXI
Un equipo de científicos alemanes ha encontrado oro en Hawái. Pero no lo ha hecho con un cedazo o una batea, como los buscadores de la antigua fiebre del oro. En su caso, han empleado técnicas de detección de isótopos muy novedosas y específicas.
Todo empezó cuando se encontraban analizando unas rocas volcánicas extraídas en Hawái. Descubrieron que estas tenían una proporción bastante alta de metales preciosos, incluido oro. Esto, en un principio, no tenía que ser necesariamente algo raro. El oro llegó a la Tierra de dos formas distintas. Por un lado, este y otros metales presentes en el espacio se fundieron durante la formación de nuestro planeta y quedaron albergados en el núcleo. Pero, por otro lado, hubo más oro que llegó hasta nosotros a bordo de meteoritos. Este último sí que quedó clavado en la corteza terrestre.

La cuestión es que, como buen metal precioso, el oro superficial es escaso. Se considera que en el núcleo hay una cantidad suficiente de oro como para forrar toda la superficie de nuestro planeta con una capa de 50 centímetros de espesor. Es el 99 % del oro total del planeta. Y no, no podemos acceder a él, no somos un personaje de Julio Verne.
El indispensable papel de los isótopos
Al encontrar rocas tan ricas en oro, los autores del estudio que se acaba de publicar en Nature pensaron que se podría tratar de una parte del oro del núcleo que estaría emergiendo hacia fuera. Lo suponen posible porque hay bastantes pruebas de que esto ha ocurrido antes con hierro y helio primordial. Sin embargo, no podían saber con seguridad si estaba ocurriendo lo mismo con el oro. ¿O sí?
Se les ocurrió que podría determinarse al analizar la presencia de ciertos isótopos en la misma roca. Concretamente, los isótopos de rutenio. Los isótopos son átomos de un mismo elemento que tienen una cantidad distinta de neutrones, de modo que su masa atómica cambia ligeramente. En el caso del rutenio, se sabe que los isótopos del núcleo son ligeramente distintos que los de la corteza. Pero muy ligeramente. La diferencia es tan pequeña que hasta ahora no había técnicas capaces de distinguirlos. Estos científicos, en cambio, consiguieron desarrollar una prueba mucho más precisa que sí permitió hacer el análisis.

De este modo, comprobaron que el rutenio que acompañaba al oro en las rocas volcánicas era significativamente más abundante en isótopos procedentes del núcleo. Por lo tanto, el oro debía venir del mismo sitio.
¿Qué significa todo esto?
Este hallazgo sugiere que una parte de los metales siderófilos, esos que quedaron encerrados en el núcleo terrestre cuado se formó la Tierra, están migrando al núcleo y, de ahí, a la corteza. La mayoría de estos elementos son inaccesibles. Son muy pocos los que pueden llegar a extraerse de rocas volcánicas como las analizadas en este estudio. Por lo tanto, nosotros, como humanos sedientos de oro, no vamos a notar la diferencia. Pero sí que tenemos nueva información sobre nuestro planeta. Sabemos que el núcleo no está tan aislado como creíamos y que su contenido puede llegar a escaparse. Es cierto que los motivos no son los mismos, pero es igual de interesante que el de aquellos cazadores de antaño.
