Las velas perfumadas son la opción preferida de muchas personas para hacer más confortable su hogar. Hay para todos los gustos. Con olores más dulzones o más cítricos, con cera de abeja, soja o parafina, con la mecha de cuerda o de madera, para que suene como los troncos crepitando en la hoguera… En el pasado se hablaba mucho de los riesgos que suponían para la salud. Muchas personas piensan que se debe solo a la parafina. Por eso, con el paso del tiempo estas suelen ser las menos habituales. También se ha optado por ingredientes más naturales. Sin embargo, algunos científicos insisten en que eso no es suficiente.
No hay mucha investigación al respecto. Pero sí hay algunos estudios en los que se miden las concentraciones de partículas tóxicas en estancias mal ventiladas en las que se han usado velas perfumadas. Estos son estudios pequeños, por lo que sus resultados se deben leer desde la cautela. No obstante, pueden tenerse en cuenta para tomar medidas útiles, mucho más allá de la restricción en el uso de parafina.
La regla de oro, lógicamente, es la ventilación. Aunque hay olores que se asocian también con épocas veraniegas, es mucho más habitual usar velas perfumadas cuando hace frío. En esas épocas no solemos ventilar tanto y es ahí donde se encuentra el principal problema, pues la ventilación es esencial para que todas esas partículas que se acumulan en el ambiente fluyan, permitiendo la entrada de aire fresco.
Las sustancias tóxicas pueden proceder de actividades controlables, como el encendido de velas perfumadas. Pero también hay algunas, como el gas radón, cuya acumulación en nuestros hogares es imposible de evitar. Sí que podemos ventilar y, sobre todo, controlar aquello que está en nuestra mano. Por eso es tan importante saber cuáles son los riesgos de perfumar nuestras casas con velas.
El problema está en la combustión incompleta
A grandes rasgos, la combustión es el proceso por el cual un hidrocarburo, compuesto por hidrógeno y carbono, reacciona con el oxígeno para dar lugar a dióxido de carbono, agua y una gran liberación de energía en forma de luz y calor. También se necesita una ligera energía de activación para dar lugar a la reacción. El típico chispazo con el que se enciende un fuego.
Si hay suficiente oxígeno, todo el combustible se quema y solo se produce dióxido de carbono y agua. Sin embargo, a veces no hay suficiente oxígeno o este no puede acceder a todo el combustible. Cuando eso ocurre, se produce lo que se conoce como combustión incompleta y se generan otros productos, como el monóxido de carbono o el hollín, que resultan peligrosos para la salud cuando se respiran a concentraciones altas.
Las velas normalmente sufren una combustión incompleta, ya que el oxígeno a su alrededor se va agotando a medida que se queman. Es fácil detectar cuando se está produciendo este tipo de combustión, porque la llama parpadea en vez de mantenerse constante.
Esto da lugar a la liberación de grandes cantidades de esas sustancias tóxicas. Además, en el caso de las velas perfumadas, la presencia de aceites esenciales y aromatizantes químicos añade otros elementos al combustible. Ya no se trata de un simple hidrocarburo. Por eso, se pueden liberar al ambiente otras sustancias, como el dióxido de azufre o los óxidos de nitrógeno, que también pueden ser peligrosas.
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En un estudio publicado en 2024 se vio que en las estancias en las que se usan frecuentemente velas perfumadas la concentración máxima de partículas finas suele ser 15 veces mayor que la que la Organización Mundial de la Salud (OMS) establece como segura. Estas son partículas que penetran fácilmente en lo más profundo del sistema respiratorio, afectando a su buen funcionamiento. Además, la concentración de formaldehído suele ser más alta de lo normal. Esta sustancia, junto a todas las demás, puede aumentar el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, cáncer o bronquitis crónica, entre otras afecciones. También pueden empeorar el asma.
¿No deberíamos usar velas perfumadas?
Como vimos anteriormente, es importante destacar que estos estudios son pequeños. Además, se tienen en cuenta estancias mal ventiladas en las que se usan muchas velas con mucha frecuencia.
En un artículo para National Geographic, el director de la empresa de toxicología y evaluación de riesgos Safer Chemical Analytics, Hans Plugge, señaló que las velas perfumadas no deberían ser peligrosas con un uso normal. Aun así, tanto este como otros expertos señalan algunos consejos para reducir al máximo los riesgos.
Ya hemos visto que el primero es la ventilación, pero hay más. Por ejemplo, se sabe que la mayor parte del hollín, así como de otros compuestos tóxicos, se produce justo cuando se apaga la vela. Todos hemos visto ese humillo negro que se produce. Por eso, es recomendable apagarla al aire libre o cerca de una ventana. También se puede apagar sin soplar, cerrando la vela con su tapa. Así, la vela se queda sin oxígeno para seguir con la combustión y el hollín queda encerrado dentro. Después se puede limpiar con un paño una vez que la tapa se haya enfriado.
Además, el recipiente de la vela también es un factor importante. Si hay mucha distancia entre la mecha y la boca del recipiente, habrá menos acceso a oxígeno, de modo que la combustión es más incompleta y se genera más hollín. No podemos evitar que la llama esté más baja a medida que se gasta la cera, pero sí podemos evitar el uso de velas muy altas.
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Finalmente, como es lógico, debemos evitar encender velas perfumadas fabricadas con parafina. Pero tampoco debemos confiarnos con las que se venden como totalmente naturales. Los compuestos naturales también se pueden someter a una combustión incompleta. Además, los aceites esenciales pueden liberar muchos alérgenos al calentarse. Eso no es peligroso para personas no alérgicas, pero también se debe tener en cuenta.
¿Y si no encendemos las velas perfumadas?
Hay personas que tienen las velas perfumadas simplemente como decoración y nunca las encienden. Lógicamente, no olerá igual, pero puede ser una buena opción. De todos modos, si vemos que no somos alérgicos a los aceites esenciales o aromatizantes que se desprenden, podemos recurrir a calentar la vela sin encenderla.
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Hoy en día existen calentadores que utilizan una bombilla halógena para derretir la cera, de modo que se liberen los compuestos volátiles causantes del perfume, pero sin llama. Con estos se evitan accidentes, pero eso no es todo. También se evita la formación de hollín. Pueden liberarse al ambiente algunas partículas tóxicas, pero muchas menos que con la combustión. Además, se puede aprovechar al máximo toda la cera, algo que a veces no es posible con las velas de mecha.
En definitiva, lo peligroso es usar muchas velas, en estancias pequeñas y sin ventilar. Si ventilamos bien y no abusamos, no deberían llegar a ser peligrosas. Lógicamente, se debe investigar mucho más en esta línea. Y, mientras tanto, si puedes recurrir a los consejos extra que te hemos dado, mejor que mejor.