El pasado mes de septiembre la Unión Europea tomó la decisión de prohibir el uso de purpurina que no sea biodegradable. Esta ha sido una de las muchas medidas que se están tomando poco a poco para minimizar el vertido de microplásticos a los ecosistemas acuáticos. Sin embargo, gracias a un nuevo estudio realizado por científicos brasileños, ahora sabemos que los microplásticos no eran el único problema de la purpurina.
Si nos fijamos, a menudo estas partículas brillantes, utilizadas en maquillaje, manualidades e infinidad de aplicaciones, cuentan con un recubrimiento metálico. Este suele estar realizado a base de aluminio, bismuto, hierro o titanio y puede crear un peligroso efecto dominó, que empieza con las plantas acuáticas y termina con buena parte de los animales que viven en sus ecosistemas.
Afortunadamente, las opciones biodegradables que se están desarrollando como alternativa no llevan esta cubierta metálica. Aun así, está bien saber que los microplásticos no son el único problema de la purpurina, por lo que es importante analizar todos sus ingredientes antes de comercializarla. Al fin y al cabo, no todos los territorios han seguido la iniciativa de la Unión Europea.
Un problema de la purpurina mucho menos conocido
La purpurina convencional está compuesta por partículas muy pequeñas, a veces incluso de menos de un milímetro de diámetro. Sus dos materiales principales son el plástico y una cubierta metálica. El plástico suele ser de tipo Mylar. Esto quiere decir que se trata de fragmentos muy pequeños de una lámina de poliéster hecha a base de tereftalato de polietileno estirado (PET). En cuanto a la cubierta metálica, como ya hemos visto, suele ser de hierro, aluminio, bismuto o titanio.
Los perjuicios de los microplásticos los conocemos bien. A pesar de su reducido tamaño, pueden tardar siglos en degradarse, por lo que se acumulan en los ecosistemas, tanto terrestres como acuáticos, causando verdaderos problemas a las especies que viven en ellas. Los daños más estudiados son los que se producen sobre los entornos acuáticos. Una vez allí, es fácil que pasen al organismo de las especies filtradoras y, de ahí, a todos los animales que se alimentan de ellas. Su concentración en el organismo de estos animales se hace cada vez mayor y puede llegar a ser tóxica. Además, pueden llegar de vuelta a los humanos a través de la alimentación.
Ahora bien, ¿qué es lo que pasa con los metales? Este problema de la purpurina reside en la forma en la que estos evitan que la luz llegue hasta las plantas acuáticas. Del mismo modo que las terrestres, estas se fabrican su propio alimento a través de la fotosíntesis. Para ello necesitan agua, de la que tienen más que de sobra, nutrientes extraídos del fondo marino y luz del sol. Esta debería llegar sin problema al fondo marino, salvo que haya sustancias que la vuelvan opaca, como los vertidos de petróleo. En el caso de la cubierta metálica de la purpurina, el problema reside en que la luz se refleja en ella, por lo que, dicho muy grosso modo, rebota y no se introduce en el fondo del mar.

El primer golpe de un efecto dominó
Este nuevo problema de la purpurina ha sido descubierto por científicos de la Universidad Federal de Sao Carlos. Para sus experimentos utilizaron cultivos de una planta acuática conocida como maleza acuática de Brasil (Egeria densa). Concretamente, incubaron 400 trozos de esta planta en frascos con agua extraída de un embalse brasileño. Dichos tubos se dividieron en dos grupos. En el primero no se añadió nada más, mientras que en el segundo se pusieron partículas de purpurina con una superficie de 0,14 milímetros cuadrados hasta alcanzar una concentración de 0,04 gramos por litro. El experimento, además, se realizó tanto con luz como en oscuridad.
Así, se vio que, en la mezcla con purpurina, buena parte de la luz se perdía al incidir sobre el metal. De hecho, la tasa de fotosíntesis de las plantas fue 1,54 veces menor que en los frascos en los que no se habían añadido las partículas brillantes.
Esto, lógicamente, es un problema para las plantas acuáticas, pero el problema no se queda ahí. Estas especies sirven como alimento, refugio, sombra y fuente de oxígeno a muchísimas especies de animales del fondo marino. Por eso, si ellas caen, los demás también lo hacen, como si se tratase de las fichas de un dominó.
Además, muchas de estas plantas acuáticas son muy útiles en fitorremediación, para eliminar contaminantes del agua. Todo esto demuestra que el problema de la purpurina es mucho mayor de lo que podríamos haber pensado y que los microplásticos no son el único motivo. Ojalá esta forma de fabricarla caiga rápido en el olvido y pronto podamos brillar sin hacer daño a ningún ecosistema por el camino.
