Por mucho que nos cuidemos, nuestro cuerpo cambia con la edad. Es inevitable y una buena noticia, pues significa que estamos vivos. Uno de los cambios más curiosos que tienen lugar es el tamaño de las orejas. Si nos fijamos en cualquier anciano o anciana, veremos que estas son mucho más largas de lo que fueron en su juventud. También pasa algo parecido con la nariz. ¿Pero a qué se debe?
Esta es una pregunta que muchas personas se han hecho a lo largo de la historia. De hecho, en la antigua China las orejas grandes se consideraban un signo de riqueza y una larga vida. También se han hecho la misma pregunta los científicos, aunque los estudios realizados al respecto no son tan antiguos como puede ser la cuestión. De hecho, la primera investigación al respecto se llevó a cabo en los años 90 del siglo pasado. Un equipo de científicos ingleses midió las orejas de 200 personas y comprobó que, efectivamente, estas crecen a medida que nos hacemos mayores, a un ritmo aproximado de 0,22 mm al año.
Es una cifra mínima, pero en 50 años supone más de 1 centímetro y eso sí que puede ser ya perceptible. Ahora bien, aquí hay que hacer una aclaración y es que, en realidad, el tamaño de las orejas no varía. De hecho se calcula que el que tenemos a los 10 años de edad es aproximadamente el que tendremos el resto de nuestra vida. Lo que ocurre, por lo que cambia su longitud, es que tienen lugar una serie de procesos que, acompañados de la acción de la gravedad, hacen que se descuelguen y parezcan más grandes. La oreja es la misma, pero su elasticidad ya no es la que era.
¿A qué se deben los cambios en el tamaño de las orejas?
Ya hemos visto que el tamaño de las orejas varía un poco cada año, pero que en realidad no es la propia estructura la que lo hace. ¿Cuál es entonces el motivo?
Existen varias hipótesis al respecto, pero las más aceptadas tiene relación con el colágeno. Esta es una proteína que se encarga de unir los tejidos conectivos y que, entre otras funciones, hace que nuestra piel se mantenga más tersa. También es la encargada de dar elasticidad al cartílago. Y es aquí donde entran en juego las orejas, ya que están compuestas principalmente por cartílago.
Se sabe que, a medida que nos hacemos mayores, vamos perdiendo colágeno. Esto puede potenciarse por hábitos como el tabaquismo, el consumo de alcohol o la exposición excesiva a la radiación ultravioleta. Todas estas acciones aumentan la oxidación, que daña a las células de la piel y afecta también a la producción de colágeno. No obstante, por mucho que nos cuidemos, el propio envejecimiento celular derivado de la edad también provoca la pérdida de esta proteína. Es una de las razones por las que nos van saliendo arrugas, aunque aquí influye también la deshidratación.
La cuestión, en lo referente al tamaño de las orejas, es que, al haber menos colágeno, la piel está menos tersa, por lo que los lóbulos se estiran. Además, el cartílago pierde su elasticidad, de manera que el resto de la oreja cae también cae por efecto de la gravedad.
Algunos estudios han llegado a utilizar el tamaño de las orejas como indicador de la edad de una persona, de manera que está claro que hay una correlación evidente.

Otras causas menos demostradas
Algunos científicos tienen otras hipótesis sobre el cambio del tamaño de las orejas con la edad. No cuestionan la acción de la pérdida de colágeno, pero creen que puede haber otros motivos.
Por ejemplo, en 2023 se publicó un artículo en el que se proponía que también podría influir la tensión provocada por la acumulación de grasa facial, pues la distribución de la grasa en el cuerpo también cambia con la edad.
En realidad, buena parte de la grasa de la cara se reabsorbe cuando vamos cumpliendo años. No hay más que ver lo hinchados que están los mofletes de los niños y lo planas que se ven las mejillas de las personas mayores. Sin embargo, el envejecimiento sí que conlleva la aparición de acumulaciones de grasa en algunas zonas concretas, como la parte anterior de las orejas. Esa es la razón por la que Mohammed Abrahim, de la Universidad de McMaster, piensa que puede influir en el tamaño de las orejas.
Es una hipótesis con mucho menos apoyo científico, por lo que sería necesario investigarla con más profundidad. Cabe destacar que la adiposidad facial es más común en mujeres, tras la menopausia, y que la mayoría de estudios no encuentran diferencias de sexo en la proporción con la que cambia el tamaño de las orejas.
Sea como sea, es cierto que cuando nos hacemos mayores nuestras orejas se ven más grandes. Pero eso no es algo preocupante. Al fin y al cabo, a todos nos pasa.
