El género de las películas de terror empezó como un gran experimento. Se trataba de historias baratas, populares y a las que se podían añadir innovaciones visuales. Al menos, fue lo que pensó Georges Méliès al rodar uno de sus éxitos más recordados. La mansión del diablo, estrenada el 24 de diciembre de 1896, contaba la simple historia de una propiedad, asediada por fuerzas invisibles. Lo que permitió al director y guionista, dedicar tiempo y esfuerzo a dar vida a efectos visuales y formas complicadas de causar miedo. La cinta fue un éxito rotundo en París, pero también, abrió la puerta hacia un género nuevo.
Se trató de un paso importante en el mundo cinematográfico. No solo por dar cabida a un tipo de cine entretenido, cuya popularidad creció con las décadas. También, por permitir la exploración de técnicas, relatos y puntos de vista novedosos que, difícilmente, podían lograrse en un cine más sobrio. De hecho, el terror basó su efectividad, desde el comienzo, en la posibilidad de sorprender al público. De utilizar recursos para convertir a sus mejores películas, en una mezcla entre imaginación y también, de recursos narrativos. Lo que hizo de muchos argumentos, la perfecta mezcla entre la exageración, pero al mismo tiempo, la exploración de lo que asusta como parte de la cultura y la época.
Te dejamos cinco películas de terror que rinden tributo a esa característica peculiar del cine del género y lo llevan a una nueva dimensión. De una cinta que desconcierta por usar las limitaciones tecnológicas a su favor hasta un relato basado en la mitología asiática. Se trata de un recorrido por la forma en que el miedo se comprende en la actualidad. Pero a la vez, y como descubrió Georges Méliès, una forma de narrar que siempre es novedosa. Su mayor atributo.
Skinamarink, el despertar del mal

El director Kyle Edward Ball tomó la premisa de las casas embrujadas y la convirtió en un fenómeno viral que sorprendió a internet y a los amantes de las películas de terror. La fórmula es tan simple que podría resultar ingenua, a no ser por la inteligencia en su forma de contar la historia en pantalla. Dos niños despiertan en medio de la noche y descubren que se encuentran solos en casa. Pero, peor aún, que cada puerta y ventana, parece haber desaparecido o comenzar a hacerlo. Por si eso no fuera suficiente, una entidad violenta y sigilosa les acecha desde las sombras.
Skinamarink, el despertar del mal, utiliza su en apariencia simple apartado visual, para crear una atmósfera cada vez más terrorífica. Con la imagen saturada de grano que recuerda a las grabaciones analógicas, una historia liminal y la sensación constante de terror, la historia abruma. Eso, a pesar de ser minimalista y acentuar en cada momento posible, la percepción del miedo como partes inexplicables de una historia que jamás llega a contarse del todo.
Para su final — en la que toda la historia encaja en una escena cierre escalofriante — la película mostró que lo que sobresalta es tanto lo que se cuenta, como la manera se hace. Lo que brinda a la cinta un lugar entre el mejor cine extraño de la última década. Al mismo tiempo, la cualidad de un experimento curioso que resulta satisfactorio por peculiar manera de explorarse.
V/H/S/85

El found footage es uno de los géneros más curiosos de las películas de terror actuales. En especial, porque permite a realizadores y a guionistas, utilizar los recursos tecnológicos y visuales, a favor de la narración. Es el caso de esta antología, que reúne cinco historias cortas que exploran en los más diversos tópicos. Todo, a través de distintas formas de metraje encontrado. También, de puntos de vista acerca de relatos terroríficos, que se entrecruzan entre sí en un escenario cada vez más inquietante y singular.
De David Bruckner — que dirige el segmento titulado Total Copy—, hasta Scott Derrickson, que explora el miedo a lo desconocido en el fragmento Dreamkill. La cinta V/H/S/85 es un homenaje al terror en sus matices más extremos, inquietantes y a la vez, singulares. Los relatos, ordenados sin una secuencia específica, pero unidos entre sí por un vínculo en común, muestran cómo los tópicos más corrientes pueden llegar a ser espeluznantes.
Las preguntas sobre la mortalidad, la violencia ciudadana e incluso, el contacto alienígena, se unen en una premisa que utiliza lo poco usual como punto más fuerte. Asimismo, un puente para profundizar en el bien y el mal. A la vez, una fuente de cuestionamientos, acerca del ser humano. ¿Un dato curioso? La película es la segunda de una saga de tres, que utiliza el mismo esquema para narrar varios relatos de horror a la vez.
Huesera

Una de esas películas de terror sobrenatural, que utiliza la mitología de varios países latinoamericanos, para profundizar en la idea de la maternidad y la mujer. Su directora, Michelle Garza Cervera, explora la forma una mujer que acaba de convertirse en madre, deberá recorrer los lugares más oscuros acerca de las creencias acerca de la muerte y el dolor. Eso, desde un escenario cotidiano en que lo invisible se convierte en una amenaza tenaz que su protagonista no puede entender. Mucho menos, detener.
Valeria (Natalia Solián), es una joven madre que lidia con las inquietudes del nacimiento de su primer hijo. Pero lo que podría parecer una experiencia natural o en el mejor de los casos, cotidiana, se convierte en una terrorífica. Eso, cuando una entidad violenta, intente asesinarla y robar a su pequeño hijo. La película utiliza su, en apariencia habitual premisa, para narrar, en clave alegórica, el machismo y la presión social que atraviesa una mujer. Pero a la vez, cómo tener un hijo puede convertirse en el escenario que une a diferentes dolores, traumas y necesidades insospechadas.
No obstante, esta es una película de miedo y la cineasta trabaja con cuidado en un apartado visual que se vale de luces y sombra, para sostener su premisa. Para su final, ambiguo y abierto a interpretaciones, Huesera dejó algo claro. El cine de terror sigue siendo un vehículo formidable para contar los elementos más incómodos de la mente humana.
Brujería

El director Christopher Murray toma un hecho real ocurrido en la isla de Chiloé (Chile) y lo convierte en una pieza elegante y visualmente ingeniosa. Cuando un grupo religioso autóctono es acusado de prácticas demoníacas, el delicado equilibrio entre las creencias de colonos y pueblos originarios se destruirá. Lo que desencadenará la violencia, crueldad y el abuso, a la vez que una venganza misteriosa que se convierte en un destino temible.
Murray construyó una historia competente, utilizando con cuidado paisajes naturales, primeros planos estáticos y el anuncio de una amenaza escondida. Pero Brujería es mucho más que un acertado uso de su apartado técnico y visual. El guion logra integrar con habilidad leyendas locales, con tópicos habituales sobre la magia y la hechicería. Lo que, finalmente, construye una versión muy diferente al resto de películas de terror del mal y la venganza.
La mujer del infierno

También basada en leyendas locales, en esta ocasión de Indonesia, la película de Joko Anwar explora el ancestral temor a una mujer condenada por fuerzas oscuras. En específico, una que, además, puedes transmitir el horror a todas las generaciones que le siguen y a las que emparenta, un vínculo terrorífico.
Es el caso de Maya (Tara Basro), que descubrirá que lo que comienza como un viaje al pueblo del cual procede su familia, se convertirá en un descubrimiento atroz. Mucho más, cuando se haga evidente que está atada a una trágica historia en la que una mujer debe morir para complacer a fuerzas ocultas.
A mitad entre lo simbólico y el terror que se construye a través de los descubrimientos más atroces, la película reconstruye el tópico de familias unidas por el horror. Eso, para llevar la historia a un final que deja abierta la posibilidad que incluso la muerte, no sea el último paso hacia regiones más oscuras de lo desconocido.

