La Segunda Guerra Mundial suele ser el escenario idóneo para hablar de los dolores, rigores y terrores de los conflictos bélicos. Convertida en un tópico recurrente en la pantalla grande y pequeña, una de las grandes tragedias del siglo XX, también permite la exploración de la época. Al mismo tiempo, de los rigores a los que sometió por poco más de un lustro de batallas y luchas a toda una generación. El resultado es una premisa que puede familiar, pero que en cada oportunidad, analiza un ángulo nuevo de lo ocurrido.
Es lo que ocurre con Los amos del aire de AppleTV+. Basada en el libro homónimo de Donald L. Miller, la serie, de nueve episodios, narra de nuevo la guerra, pero esta vez desde el aire. En específico, lo que vivieron los integrantes del llamado 100th Bomb Group. Los denominados Bloody Hundredth, eran la avanzada de pilotos dispuestos a morir para detener el asedio del Tercer Reich. Pero mucho más que su disposición al ataque directo, estaba el convencimiento que las fuerzas aéreas alemanas eran el punto esencial para los ataques de Adolf Hitler. Por lo que destruirlas o al menos, diezmarlas, permitía un avance considerable en la estrategia de los aliados.

Los Amos del Aire
La serie de Apple TV+ regresa al género bélico con una cuidada recreación acerca de las batallas aéreas del llamado Bloody Hundredth. El grupo destruyó más de cien aviones alemanes y la producción reconstruye la hazaña con un prodigio visual que convierte las batallas en una experiencia inmersiva. Pero su punto más fuerte es el guion, que dedica tiempo, interés y profundidad a sus personajes.
La serie extrae la mayor parte de su argumento del libro en el que se basa. Lo que permite el mismo aire de realismo crudo que, en su momento, se celebró en Hermano de sangre. La serie de HBO marcó historia en cómo narrar los rigores de la guerra y también, la vulnerabilidad de los que participaron en ella. El guionista John Orloff logra ese equilibrio, dedicando una buena cantidad de tiempo a explorar en sus personajes. De hecho, los dos primeros capítulos dedican interés en dejar claro dos cosas. Por una parte, este es un equipo de hombres unidos por un objetivo. Al otro, que el drama en pantalla es mucho más que su aspecto técnico. En la combinación de ambas cosas, se encuentra el éxito de su historia.

A través del aire en busca del triunfo
La fotografía de Adam Arkapaw, Jac Fitzgerald, David Franco y Richard Rutkowski logra recrear la sensación de urgencia de una batalla a gran altura. Por supuesto, dos décadas atrás, los efectos prácticos habrían sido los responsables de imitar la presión, las bajas temperaturas y la violencia del viento. En Los amos del aire, la decisión está en utilizar una experiencia digital y casi inmersiva para mostrar cómo es pilotar a 25.000 pies de altura. Un elemento que desde sus primeras secuencias se convertirá en esencial, para entender el comportamiento del equipo de hombres que formaban parte de la vanguardia aérea británica.

La voz protagonista de este grupo de autodenominados hombres sin miedo, es el mayor Harry Crosby (Anthony Boyle). A través de él, se cuenta la evolución de ser unos tripulantes con misiones específicas a un grupo de amigos dispuesto a dar la vida el uno por el otro. La trama se cuida mucho de caer en sensiblerías o motivos edulcorados. El vínculo entre los personajes se logra, cuando comprenden que la habilidad del otro, es la garantía de continuar con vida. Es a través de este punto de vista, que la historia evita crear héroes artificiales o para que el relato avance en una dirección concreta.
En lugar de eso, explora con cuidado el contexto de todos y le brinda un momento de atención a cada figura, que permite empatizar con cada uno de ellos. Del piloto Gale ‘Buck’ Cleven (Austin Butler) y el mayor John Egan (Callum Tornero). Los amos del aire, se concentra en el crecimiento emocional e intelectual de sus personajes. En especial, le brinda la oportunidad a los actores, de mostrar matices más allá de su capacidad para parecer, manejan armamento pesado de forma convincente.

A partir de estas dos figuras, la serie profundiza su historia acerca de cómo es volar sin saber si sobrevivirá o incluso, estar convencido de la muerte. Uno de los puntos más sólidos de la producción, es lograr que esa ambigüedad no parezca temeraria o un acto de osadía artificial. Los pilotos tienen miedo y lo demuestran. Pero el miedo no es suficiente para cercenar su forma de entender su responsabilidad con el país y con el mundo. Poco a poco, la serie deja claro que el conflicto principal, no es sobre qué tanto realismo puede mostrar, sino que tan creíble es el riesgo recurrente que corren sus personajes. Un matiz imprescindible para comprender la forma de desarrollar su escenario.
Una serie que celebra al género bélico
Para describir tramas como la de Los amos del aire, se suele hablar de argumentos con corazón. Un término brumoso que implica que no se trata solo de una historia, sino una destinada a conmover. Podría decirse eso también de la producción de AppleTV+, pero sería restar importancia al esfuerzo de su guion por construir un documento emocional y verídico.

El relato pasa buena parte de su tiempo, explorando en los motivos. Pero más allá de lo que pueda o no decidir este grupo de jóvenes oficiales, el tema está en que tienen pocas opciones. Una es dejar que la Alemania nazi les convierta en otro territorio conquistado. La otra, resistir hasta que se puede. El guion encuentra entonces sus mejores partes, cuando insiste en que el único objetivo — y propósito — es luchar, antes de caer vencido o ser aplastado por la maquinaria enemiga.
Con la producción de Steven Spielberg, Tom Hanks y Gary Goetzman, es evidente que hay mucho de Hermanos de sangre en esta premisa de la misma envergadura y solidez. Pero con todo, Los amos del aire conserva su identidad y se abre paso para tener mucho más sentido de la lucha en lugares poco comunes. Ya sea en un avión destinado a ser derribado, como en las decisiones personales en la barraca. El punto más interesante de esta obra magnífica que se hace mejor capítulo a capítulo.

