La figura de Pinna-Brelstaff es una imagen estática de anillos que parecen girar a medida que el observador se acerca o se aleja de la figura, mientras fija la mirada en el punto concéntrico. Aun así, nada se mueve realmente en la imagen.

Aunque los psicólogos y neurólogos han tratado de explicarlo durante mucho tiempo, las ilusiones ópticas no se entienden bien, lo que impulsó a un grupo de investigadores del Instituto de Neurociencias de la Academia China de Ciencias a estudiar esta cuestión con más detalle.

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Analizando la actividad cerebral

El estudio, que involucró a humanos y simios, encontró que el mismo subconjunto de neuronas codifica el movimiento de flujo complejo real e ilusorio.

Para el experimento, los investigadores recurrieron a los macacos rhesus machos (Macaca mulatta), a los que se les insertaron electrodos en sus cerebros para analizar la actividad con mayor precisión.

Inicialmente, los autores del estudio tenían que determinar si los macacos podían incluso percibir las ilusiones; para ello, se analizaron las respuestas a la percepción de movimiento de nueve voluntarios humanos y dos macacos que observaron la ilusión óptica.

Los humanos cuantificaron el efecto de la ilusión, por ejemplo, si la rotación era en el sentido de las agujas del reloj o en sentido contrario, si se estaba expandiendo o contrayendo cuando la ilusión se acercaba o se alejaba.

Tanto los monos como los humanos tuvieron respuestas similares, lo que significa que es muy probable que los monos perciban la ilusión óptica de manera similar a como lo hacen los humanos.

Seguidamente se procedió a registrar la actividad cerebral de los monos. Después de recuperarse de la cirugía para implantar los electrodos, a los monos se les mostró la ilusión y otras animaciones en la que sí había movimiento. No se les indicó cuál era cuál; solo fueron entrenados para indicar la dirección de la rotación, y si la figura se estaba expandiendo o contrayendo.

El equipo descubrió que las ilusiones activan la misma parte del cerebro que el movimiento real, lo que indica que el cerebro procesa el movimiento ilusorio y real con las mismas neuronas.

Tiempo adicional

Al mismo tiempo, los datos revelaron que al observar un movimiento ilusorio, las neuronas de la parte dorsal del giro temporal medio superior se activan 15 milisegundos más tarde que cuando se observa el movimiento real.

No está exactamente claro qué causa este retraso, pero los investigadores creen que el cerebro podría estar usando el tiempo adicional para registrar la diferencia entre el movimiento ilusorio y el movimiento real.

Los autores explican que es muy probable que nuestros cerebros tengan el mismo retraso, lo que puede parecer un defecto, pero en realidad, solo están siendo eficientes.

Cuando vemos algo, nuestro cerebro trata de adivinar rápidamente qué es. Normalmente, esa suposición es bastante precisa porque las reglas físicas de nuestro entorno son generalmente consistentes. En el caso de la ilusión óptica, el cerebro está usando un atajo, sustituyendo el movimiento aparente por el movimiento real.

En referencia a los resultados, los investigadores señalan que el estudio proporciona nuevos conocimientos sobre cómo el cerebro se enfrenta a la falta de coincidencia entre la percepción y la realidad.

Este artículo fue publicado originalmente en Tekcrispy