En los últimos años, las técnicas de edición genética han mejorado tanto que gracias a ellas los científicos están consiguiendo hazañas propias de películas de ciencia ficción. Buena parte de culpa de ello la tienen herramientas como las “tijeras” moleculares CRISPR-Cas9 o los editores de bases. En conjunto, permiten cortar, borrar y reescribir como un niño que corrige sus deberes, pero de una forma mucho más complicada y capaz de salvar vidas.

Uno de los casos más recientes, es el de un equipo de científicos del Hospital Infantil de Philadephia y la Escuela de Medicina Perelman, en la Universidad de Pensylvania, cuyos resultados han sido publicados recientemente en Nature Medicine.

Edición genética prenatal

Para la realización de este estudio, los investigadores utilizaron una línea de ratones diseñados para desarrollar una enfermedad llamada tirosinemia tipo 1 (HT1). Esta patología congénita comienza a manifestarse en humanos entre los 15 días y los tres meses de edad, a través de síntomas como vómitos, diarrea, ictericia o hipoglucemia. Normalmente se trata mediante modificaciones en la dieta del paciente y la administración del fármaco nitisinona. Sin embargo, en algunas ocasiones estas dos medidas no surten efecto y la enfermedad empeora, pudiendo causar fallo hepático, cirrosis y cáncer de hígado, entre otras afecciones.

El objetivo de estos investigadores, era tratar de eliminar la enfermedad en los ratones antes de su nacimiento, cuando aún se encontraban en el útero materno. Para ello, utilizaron una combinación de la herramienta CRISPR-Cas9 y el editor de bases 3 (BE3). El uso individual de CRISPR-Cas9 corta la zona del ADN que se quiere modificar y añade una nueva secuencia para corregirlo. En cambio, al añadir el editor de bases no es necesario realizar todo este proceso, pues modifica químicamente la secuencia, de modo que una letra se “transforma” en otra. De este modo, se evita que la molécula de ADN cortada quede expuesta a errores imprevistos durante el proceso de reparación.

Una vez que nacieron los ratones, se comprobó que su función hepática era mucho mejor que la de los ratones con HT1 que no habían sido tratados y que las tasas de supervivencia habían aumentado. Además, los resultados fueron incluso mejores que los de los roedores que habían sido tratados con modificaciones de la dieta y nitisinona.

Resultados muy prometedores

Como vía de administración de CRIPSR-Cas9 y BE3 se utilizaron adenovirus. Este tipo de vector de transmisión es muy usado en terapia génica, ya que se dirigen directamente al material genético del paciente. Sin embargo, en muchas ocasiones han generado problemas derivados de una respuesta brusca del sistema inmunológico en respuesta a su entrada en el organismo.

Por eso, el siguiente paso de estos científicos está siendo investigar otras vías, como las nanopartículas lipídicas, que tienen menos probabilidad de generar este tipo de respuestas por parte del sistema inmune. Además, de cara a un futuro esperan poder repetir los resultados con otras enfermedades y, con el tiempo, también en humanos. Falta mucho para eso, pero sin duda estas herramientas podrían ser la solución futura a muchas enfermedades hereditarias congénitas.