Hace tan solo unos días saltaba la noticia: Neill Blomkamp dirigirá RoboCop Returns, una secuela directa de la película original de 1987. Los aficionados acérrimos a la satírica obra de Verhoeven se pusieron en alerta pero que esta nueva película tome como base el guión escrito hace décadas por Ed Neumeier y Michael Miner, guionistas de la original, parece una buena señal. Lo mismo ocurre con que ambos estén involucrados como productores ejecutivos.

Curiosamente, fue el propio Blomkamp, realizador detrás de District 9 o Elysium, el que estuvo trabajando en Alien 5, una continuación directa de Aliens en la que Sigourney Weaver retomaría el papel de Ripley y se continuaría la franquicia original sin tener en cuenta Prometheus, obra del propio Ridley Scott. El director australiano llegó a mostrar bocetos y pruebas de concepto sobre la película pero tras meses de desarrollo, Fox y Ridley Scott apostaron por dar prioridad a Alien: Covenant, aparcando indefinidamente dicho proyecto.

Más recientes y con un futuro más esperanzador son dos obras con el mismo carácter, films intercalados dentro de una larga franquicia y que continúan una de sus partes sin tener en cuenta las múltiples secuelas. La más relevante, no cabe duda, es la nueva Terminator, todavía sin título (y que ha rodado parte de su metraje en Madrid), producida y con el visto bueno de James Cameron y dirigida por Tim Miller (Deadpool).

Nuevo y antiguo. A la vez

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Fue el propio Cameron el que confirmó que se trataba de una secuela directa de Terminator 2, la película mejor valorada y más recordada de toda la franquicia, que no tendría en cuenta obras posteriores (dura y jusficadamente criticadas) como Terminator 3 o Terminator Génesis. Esta nueva película que deberíamos ver en noviembre de 2019 supone el regreso a la saga de Linda Hamilton como Sarah Connor, tras más de 26 años alejada de la marca. Por el momento, eso sí, no sabemos mucho más sobre qué y cómo se contará.

El otro film de este corte que nos ocupa ha sido bautizado finalmente como La noche de Halloween. Y sí, hablamos de una secuela directa de la original, lanzada en 1978, que no tendrá en cuenta las hasta ocho entregas que llegaron después. En ella retoman sus icónicos papeles Nick Castle y Jamie Lee Curtis y John Carpenter, director de la cinta original, ha ejercido como productor ejecutivo y asesor creativo en el proyecto. Llega, además, bajo el amparo de Blumhouse Productions, sello detrás de films tan potentes como Déjame salir, Múltiple o Whiplash.

De un tiempo a esta parte, los reboots, secuelas tradicionales, precuelas o películas en un mismo universo han plagado la cartelera año a año. La nostalgia y las grandes marcas siguen teniendo tirón comercial y Star Wars, Jurassic Park, Indiana Jones, Harry Potter, Rocky o las propias Terminator y Alien todavía tenían mucho dinero que dar. Otra cosa, claro está, es que traer de vuelta este tipo de franquicias vaya de la mano de grandes obras o, tema candente tras la polémica de The Last Jedi, millones de aficionados que idolatran dichas marcas hagan el ridículo montando en cólera ofendidos por el proyecto resultante.

¿Una moda sostenible?

Ahora se va un paso más allá y, parece, esta suerte de secuelas intercaladas comienzan a ser tendencia. Los motivos, evidentes: el retorno de caras conocidas e inherentes a la saga en cuestión (Linda Hamilton en Terminator, Jamie Lee Curtis en Halloween o Sigourney Weaver en la cancelada Alien 5), el apoyo declarado de los artífices de la marca (James Cameron, Ed Neumeier y Michael Miner o John Carpeter) y el seguir desde el punto más alto, ignorando todo aquello que vino después y no funcionó, parecen señales más que suficientes para esos aficionados que se debaten entre la ilusión y el miedo al fracaso antes de lanzar sus billetes a la pantalla.

Pero también son varios los problemas: el primero, no podía ser de otro modo, está en esa intención de borrar del mapa, y de las mentes de los espectadores, múltiples películas que, como las que nos ocupan, llegaron en su tiempo con una misma intención: quizá no hubiera tanto cariño ni tantos nombres respetables detrás pero, al final, lo que importaba era la rentabilidad. Un reboot es un producto que comparte una marca pero termina siendo independiente mientras que precuelas y secuelas hacen crecer lo que ya conocíamos. En cambio, aquí hablamos de películas que vienen a alterar e invalidar lo ya conocido.

¿Dónde quedarán en un par de años RoboCop 2, RoboCop 3, Terminator 3 o Terminator Génesis? ¿Quién asegura que, dentro de otros tantos años, no vayan a llegar nuevos proyectos que, de nuevo, invaliden lo lanzado hoy día? Y, mientras tanto, va a ser curioso ver cómo las compañías promocionan y trabajan en el marketing de estos proyectos. Comunicar que RoboCop Returns, la nueva Terminator o La noche de Halloween son nuevas películas y, a su vez, secuelas directas de clásicos con décadas a sus espaldas, con múltiples secuelas ya publicadas, no parece tarea fácil. Así las cosas, a poco que los tres films que nos ocupen funcionen bien en taquilla, las sagas discontinuas y las secuelas que ignoran películas anteriores habrán llegado para quedarse.