Con Thor: Ragnarok la tercera es la vencida. Esta entrega cinematográfica sobre el Dios del Trueno de Marvel Studios ha llegado a los cines con Taika Waititi a la cabeza, que le ha proporcionado exactamente lo que necesitaba.

Lo cierto es que Thor (2011) y Thor: El Mundo Oscuro (2013), cuarta y octava películas del Universo Cinematográfico de Marvel, que fueron dirigidas por el británico Kenneth Branagh (Mucho ruido y pocas nueces, Hamlet), también actor, y el yanqui Alan Taylor (Juego de tronos, Terminator: Génesis) respectivamente, no resultaron todo lo satisfactorias. Tal vez por su peripecia poco inspirada y un humor muy por debajo de las mejores cotas de estas aventuras protagonizadas por tan conocidos superhéroes.

Así que la elección de este realizador neozelandés, por su idiosincrasia fílmica, ha sido un gran acierto para Thor: Ragnarok, más allá de toda la lógica que podamos encontrarle a toro pasado.

Según cuenta el productor Kevin Feige, que Waititi utilizara la canción “Immigrant Song”, de Led Zeppelin, para presentarles su primer tratamiento del filme “fue sorprendente”. “Definió lo que iba a hacer” y sirvió para demostrarles que el cineasta estaba en su misma onda y que comprende el espíritu juguetón de Marvel.

Marvel Studios

Más que nada porque el propio Waititi ya había lucido el mismo espíritu en sus largometrajes anteriores. Desde la inaugural Eagle vs. Shark (2007), atravesando la particular comedia dramática Boy (2010). Pasando por el falso documental Lo que hacemos en las sombras (2014), con Jemaine Clement, que constituye lo más logrado y gracioso del neozelandés hasta la fecha y que seguro le valió para encargarse asimismo del corto marvelita Bando Thor. Hasta A la caza de los ñumanos (2016), donde se encuentran clarísimos ecos de la icónica obra del estadounidense Wes Anderson (Moonrise Kingdom, El Gran Hotel Budapest).

Thor: Ragnarok: Thor desatado

Las críticas que ha recibido el cineasta de parte de un sector del público por el tono abiertamente cómico de Thor: Ragnarok son de lo más absurdas, pues este recorre el Universo Cinematográfico de Marvel, con hitos como los dos volúmenes de Guardianes de la Galaxia, de James Gunn (2014, 2017).

De hecho, su hilaridad jubilosa e incontestable se alza como una de las razones por las que supera a sus dos predecesoras, en parte gracias al vivo guion de Eric Pearson, Craig Kyle y Christopher Yost, quien ya se había ocupado de coescribir el de El Mundo Oscuro con Chris Markus y Stephen McFeely. También, por las inclinaciones guasonas de Waititi, cuya filmografía precedente rezuma un humor que se ceba en lo ridículo, la parodia y, a veces, la excentricidad.

Y eso es justo lo que requerían las andanzas de Thor para revitalizarse, como la agradecida presencia de otros superhéroes de la saga, con los que el Dios del Trueno interactúa en impagables secuencias cómicas. Sin olvidar que algunos de los mejores golpes chistosos de Ragnarok hacen referencia al que es, sin duda, el más descacharrante de Los Vengadores, realizada por Joss Whedon en 2012.

Sin embargo, la experiencia cinematográfica de Waititi no era ninguna garantía de que fuese capaz de dirigir. No ya un filme de aventuras porque A la caza de los ñumanos lo es a su manera, ni de fantasía porque Lo que hacemos en las sombras también se incluye en tal género narrativo, sino uno de acción espectacular, con las diversas peleas entre superhéroes, malos malosos, seres ambiguos y algo más que se suceden a lo largo del metraje.

Pero ha salido airoso de este desafío, con la ayuda del coordinador de lucha Jon Valera, al igual que del de enfrentarse a los géneros que ya conocía en una superproducción de este calibre, es decir, con su complejidad y sus elementos multiplicados.

La fortaleza de Thor: Ragnarok está en Taika Waititi

Desde el mismo comienzo de Thor: Ragnarok, se deja clarísimo que el neozelandés va a explotar su fortaleza cómica. A tal punto de que no es un estupendo ritmo lo que consigue que sus más de dos horas se nos pasen volando, sino el interés agudo que despierta rápidamente en el espectador. Por saber qué va a ocurrir una escena tras otra, llenas de maravillas planetarias, de colorido y de la habilidad del veterano español Javier Aguirresarobe (El milagro de P. Tinto, Los otros, Soldados de Salamina, Mar adento) en la dirección de fotografía. Y por saber con qué chistes nos van a producir la siguiente carcajada, cameos incluidos. Mientras que el punto dramático vuelve a girar en torno a la trama paterna; como en Boy y A la caza de los ñumanos, todo sea dicho.

Ahora bien, pese a que la planificación del aparato visual que compone Waititi nos brinda lo que se espera de un filme de Marvel Studios y a que el montaje popero a distintas bandas de la trifulca definitiva, con algún superhéroe maravillosamente fuera de lugar, es muy gratificante, tampoco deslumbra.

Por otro lado, el argumento sobre la agresión de Hela (Cate Blanchett) y el Ragnarok predicho queda un tanto insuficiente a causa de su escaso desarrollo. Toda la gozosa odisea en Sakaar lo ensombrece, de modo que la villana se desdibuja y se normaliza y, así, no es memorable en absoluto, con la camaleónica actriz haciendo lo que buenamente puede.

Tanto como el limitado Chris Hemsworth con su divertido Thor, Tom Hiddleston con su descafeinado Loki, Tessa Thompson con su guerrera valkiria. Un desatado Mark Ruffalo en la piel del siempre imperdible Hulk, Idris Elba como el aquí poco imponente Heimdall o un festivo Jeff Goldblum encanando al Gran Maestro.

También tenemos a Karl Urban como el confuso Skurge, el distinguido Anthony Hopkins interpretando de nuevo a Odín y Benedict Cumberbatch como el flemático Doctor Strange. Finalmente cabe destacar a Rachel House, actriz fetiche de Waititi, como Topaz, y que el propio cineasta, aficionado a aparecer en sus películas, es el pedregoso Korg.

Conclusión

No hay vacilación posible en cuanto a que Thor: Ragnarok satisfará a todos aquellos espectadores que se sientan a ver los filmes de Marvel Studios con el deseo, siempre respetable, de pasar un rato entretenido e hilarante; ni respecto a que se trata de la mejor película hasta ahora centrada en el Dios del Trueno.

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