En el mundo moderno en el que vivimos parece mentira que todavía existan colectivos irracionales tan ridículos como los antivacunas. Pero lo cierto es que existen. Y hacen daño. Mucho más daño del que podamos imaginar.

Así lo mostraba recientemente el mismísimo CDC con cifras y datos especialmente alarmantes. Hablamos de un aumento de más del 300% en casos de sarampión en Estados Unidos desde 2013. Este país es uno de los lugares donde los lobbys y colectivos antivacunas son más poderosos, lo que se traduce en más afectados por enfermedades infecciosas que pueden resultar muy graves. En pocas ocasiones la causa y el efecto son tan claras; y más aún teniendo en cuenta que las razones de los antivacunas son poco menos que incomprensibles.

Los números de la insensatez

La controversia generada por los antivacunas no es nueva, pero sí está creciendo sensiblemente durante los últimos años. Esto no dejaría de ser una cuestión anecdótica si no se estuviesen cumpliendo las peores expectativas de los epidemiólogos y expertos de todo el mundo. Nunca se había visto con cifras tan sumamente claras. El número de casos de sarampión durante el pasado 2014, en Estados Unidos, alcanzaba los 644 afectados. No es una cifra baladí en un país que El sarampión ha acabado con la vida de más de 200 millones de personasse considera "limpio" de sarampión. Y tampoco es ninguna estupidez temerle a esta enfermedad.

El sarampión constituye la segunda pandemia que más muertes ha causado en los seres humanos (con más de 200 millones de cadáveres a su espalda). Actualmente la vacuna triple vírica o SPR nos impide caer enfermos por el paramixovirus que la causa. Sin embargo, los no vacunados pueden sufrir terribles consecuencias que van desde lesiones cutáneas de por vida a trastornos motores y neurológicos incurables. Eso sin mencionar la muerte, evitada con un sencillo pinchazo. Pero el problema no se queda ahí. Los afectados son el campo perfecto para que el virus mute y cambie, pudiendo desarrollar cepas diferentes que podrían afectar incluso a los vacunados.

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Afectados por sarampión en EEUU por año. Fuente: WP. Datos CDC.

De las 644 víctimas, la gran mayoría, indica el CDC, no estaban vacunadas, bien por ignorancia, bien por voluntad propia. Estas personas no vacunadas son el frente donde la enfermedad comienza una posible epidemia, extendida a otras personas que, como decíamos, podrían incluso estar vacunadas, por culpa de la insensatez. Pero solo hablamos del sarampión. Ahora pensemos en el resto de enfermedades infecciosas que podrían ser evitadas gracias a la administración de una sencilla vacuna. Estos colectivos antivacunas se ponen en peligro a sí mismos y al resto de la sociedad.

La controversia de los antivacunas

Pero, ¿de dónde viene la controversia azuzada por los antivacunas? La historia tiene raíces profundas, aunque la principal razón es la irracionalidad y el miedo. En tiempos pasados, cuando la vacunación no estaba tan controlada y los medios sanitarios dejaban mucho que desear, el movimiento antivacunas se cebaba en cuestiones más o menos comprensibles. En un primer momento, sectores de la iglesia condenaban la vacunación por poner límites a un supuesto "castigo de Dios". Edward Jenner, quién desarrolló las primeras bases de las vacunas, la inoculación, fue incluso perseguido por el clero. Esto unido a las técnicas primitivas de entonces (consistentes, por ejemplo, en esnifar costra seca de pústulas de vaca) asentó algunas de las bases que hoy se argumentan. A pesar de estar completamente desfasadas.

Actualmente muchos de los colectivos antivacunas se centran en varios puntos sobre su seguridad. Aunque no hay ningún tipo de evidencia científica al respecto, y las que hay son poco consistentes o falsas, los antivacunas sostienen razones tales cómo la excesiva presión en el sistema inmunitario o el hecho de que las vacunas pueden provocar autismo. Este último fue recientemente refutado científicamente por varios estudios pero eso no impide que sea uno de los argumentos centrales para los lobbys antivacunas. Precisamente, A día de hoy existen organizaciones dedicadas "profesionalmente" a luchar en contra de la vacunaciónalgunas de las razones que esgrimen este tipo de grupos suele originarse dentro del debate científico, real, ya que los resultados en la ciencia no son siempre fáciles de comprender o percibir.

Actualmente existen organizaciones profesionales dedicadas a demonizar a las vacunas, así como a luchar en contra de su aplicación. Vacunas que han conseguido erradicar algunas de las enfermedades más letales de nuestra historia y a un coste, en cuanto a efectos secundarios, ínfimo. Mientras tanto, el 51% de los estadounidenses encuestados recientemente siguen desconfiando de las vacunas. Iniciativas como ésta, la de los antivacunas, son claramente un punto que juega en contra de nuestro bienestar y desarrollo. Un peso muerto generado por la irracionalidad y la ignorancia cuyas consecuencias son sencillamente devastadoras.