Comment

Desde su aparición, una de las grandes virtudes de los blogs fue la posibilidad de **entablar un diálogo con los autores**. Los comentarios tienden un puente entre lector y escritor, de modo que sea posible un intercambio de ideas crítico y constructivo. El flujo de información se convirtió en una autopista de dos vías, derribando [la cuarta pared](http://es.wikipedia.org/wiki/Cuarta_pared), y permitiendo la libre opinión sobre los temas. Los comentarios permiten una retroalimentación que, aunque diacrónica, constituye la apertura de un foro abierto, **una nueva ágora pública en la que se fomenta la discusión**. Al menos, en la teoría.

En la práctica, los comentarios de un blog nos permiten observar, cuando menos, un par de fenómenos curiosos. En primer lugar, se han convertido no sólo en un espacio de intercambio, **sino de catarsis**. Basta un vistazo para percatarse de la enorme cantidad de comentarios cuya mera función es el desahogo del lector. Sea una noticia indignante, una postura encontrada, o un tema que toque las fibras sensibles, los blogs se convierten en lugares de alivio inmediato. **Comentar es una forma de deshacerse de la negatividad, de poner el reclamo en un sitio visible.** De algún modo, este carácter público refuerza la práctica. El deshogo trasciende lo privado – como sería si lo escribiéramos en una mera hoja de papel – para insertarse en una esfera pública. Por alguna razón, el lector quiere -¿o necesita?- que su frustración sea escuchada.

Al segundo fenómeno lo denomino ***el reto del lector***. En mi experiencia como editor – y como lector también – he encontrado que ciertos comentaristas hallan un extraño placer en superar a quien escribe. El comentario, en estos casos, se convierte en **un desafío al escritor, a sus ideas, a su estatus**. A pesar del caracter democrático de los blogs, el autor representa, dentro de este ciberecosistema, la voz hegemónica. Por tanto resulta reconfortante **demostrar que el lector es igual o más capaz que quien escribe**. De ese modo, el autor es cuestionado de forma constante. El problema es que esta discusión -siempre deseable- a veces deviene en provocación, en una confrontación que pasa del nivel de las ideas al [ataque *ad hominem*](http://es.wikipedia.org/wiki/Argumentum_ad_hominem#Falacia_ad_hominem). Así, la línea entre el comentarista puntilloso y el troll de blog es muy, muy delgada.

Los blogs viven de, por, y para sus lectores. Los comentarios son, en numerosas ocasiones, igual o más interesantes que las entradas del autor. Representan una tierra fértil para cualquier ejercicio etnológico, ya que mientras que las entradas nos muestran una opinión, **los comentarios nos permiten un acercamiento a la percepción de la realidad de la sociedad de la información**. Sírvase esta reflexión, pues, para desatar la discusión, el desahogo o el duelo. Ustedes, ¿por qué y para qué comentan?

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