Comment

Desde su aparición, una de las grandes virtudes de los blogs fue la posibilidad de entablar un diálogo con los autores. Los comentarios tienden un puente entre lector y escritor, de modo que sea posible un intercambio de ideas crítico y constructivo. El flujo de información se convirtió en una autopista de dos vías, derribando la cuarta pared, y permitiendo la libre opinión sobre los temas. Los comentarios permiten una retroalimentación que, aunque diacrónica, constituye la apertura de un foro abierto, una nueva ágora pública en la que se fomenta la discusión. Al menos, en la teoría.

En la práctica, los comentarios de un blog nos permiten observar, cuando menos, un par de fenómenos curiosos. En primer lugar, se han convertido no sólo en un espacio de intercambio, sino de catarsis. Basta un vistazo para percatarse de la enorme cantidad de comentarios cuya mera función es el desahogo del lector. Sea una noticia indignante, una postura encontrada, o un tema que toque las fibras sensibles, los blogs se convierten en lugares de alivio inmediato. Comentar es una forma de deshacerse de la negatividad, de poner el reclamo en un sitio visible. De algún modo, este carácter público refuerza la práctica. El deshogo trasciende lo privado - como sería si lo escribiéramos en una mera hoja de papel - para insertarse en una esfera pública. Por alguna razón, el lector quiere -¿o necesita?- que su frustración sea escuchada.

Al segundo fenómeno lo denomino el reto del lector. En mi experiencia como editor - y como lector también - he encontrado que ciertos comentaristas hallan un extraño placer en superar a quien escribe. El comentario, en estos casos, se convierte en un desafío al escritor, a sus ideas, a su estatus. A pesar del caracter democrático de los blogs, el autor representa, dentro de este ciberecosistema, la voz hegemónica. Por tanto resulta reconfortante demostrar que el lector es igual o más capaz que quien escribe. De ese modo, el autor es cuestionado de forma constante. El problema es que esta discusión -siempre deseable- a veces deviene en provocación, en una confrontación que pasa del nivel de las ideas al ataque ad hominem. Así, la línea entre el comentarista puntilloso y el troll de blog es muy, muy delgada.

Los blogs viven de, por, y para sus lectores. Los comentarios son, en numerosas ocasiones, igual o más interesantes que las entradas del autor. Representan una tierra fértil para cualquier ejercicio etnológico, ya que mientras que las entradas nos muestran una opinión, los comentarios nos permiten un acercamiento a la percepción de la realidad de la sociedad de la información. Sírvase esta reflexión, pues, para desatar la discusión, el desahogo o el duelo. Ustedes, ¿por qué y para qué comentan?