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La inteligencia artificial nos hará inmortales

14 de enero de 2016, 09:25

Ya es posible transferir la personalidad y actitud de una persona a un robot ciberconsciente.

La inteligencia artificial es una realidad que ya está entre nosotros y varias compañías cuentan con modelos operativos que está obteniendo grandes resultados. Lo mejor del asunto es que esto no ha hecho más que empezar. Recordemos que hace tan solo unos días saltaba la noticia de que Apple había comprado Emotient, una startup de inteligencia artificial. Debemos estar seguros de que los ordenadores tienen unos objetivos y metas compatibles con los nuestros porque este concepto tan futurista no está tan lejos como pensamos.

El invitado de esta semana, Bruce Duncan, investigador jefe del LifeNaut Project, nos habla de su proyecto para almacenar la identidad humana como una mente digital, y así asegurar la existencia eterna en una copia clonada o un humanoide.
Ya es posible transferir la personalidad y actitud de una persona a un robot ciberconsciente

Durante el video, Bruce nos presenta a Bina48, su mujer cibernética. Este ejemplo de cómo introducir las actitudes, pensamientos o creencias y recuerdos de una persona en un ente cibernético es lo que en palabras de nuestro invitado, nos depararán los próximos años de la ciencia y tecnología.

Bina48 responde a las preguntas que se le formulan a través de un algoritmo de inteligencia artificial (AI) situado dentro de una base de datos. Por el momento su prototipo habla de forma mecánica y puede llegar a abrumar a su interlocutor con sus respuestas que, a diferencia de otras herramientas como Siri, son casi siempre diferentes y están cargadas de profundidad. Esto se produce porque en ocasiones el algoritmo AI no consigue obtener la cantidad de información necesaria. A pesar de ello, su alta carga tecnológica con una serie de sensores fisiológicos, como cámaras en los ojos, para identificar el contexto y tratar de adaptar la respuesta, pueden mejorar si se refinan.

Las máquinas no provocaran una guerra, en todo caso los humanos.
Existe cierto miedo a que esta revolución tecnológica se nos vaya de las manos. De cierta manera las reglas para combatir este riesgo están hechas. Isaac Asimov desarrolló las tres leyes de la robótica. Aunque era solo ficción, señala que hay que dotar a la tecnología inteligente de ciertas guías o normas de comportamiento. Y no sería la tecnología lo que nos debería preocupar, sino el ser humano que está detrás.

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