‘Aves de paso’ y la industria oculta del cine

La distribución de cine debería evitar que el público desconozca la existencia de películas independientes tan premiadas como Aves de paso.

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No cabe duda de que la llamada fábrica de sueños de Hollywood es la gran apisonadora de la taquilla de cine. Sus películas arrasan en cuanto a número de espectadores y espectadoras, empujando por lo general a la cuneta a las minoritarias y de autor, de comercialización reducida a pesar de que siguen ganando múltiples premios en los más prestigiosos festivales. Son carne de salas escasas, de filmotecas municipales, de canales de televisión especializados y de plataformas de distribución bajo demanda, y sólo las ven los más ávidos cinéfilos, los cuales son conscientes de las maravillas del séptimo arte que se pierde la mayoría del público.

Y esto es lo que ocurre con Aves de paso, rodada en 2015 como el tercer largometraje del belga Olivier Ringer, sobre el viaje de autoconocimiento de dos niñas, Cathy (Clarisse Djuroski) y Margaux (Léa Warny), para salvar a un pequeño pato, y que se estrenará en España solamente en algunas salas de Madrid, Barcelona, Santiago de Compostela, Alicante, Andalucía y Castilla-La Mancha este 3 de febrero —podéis ver el listado completo aquí—. Ha sido galardonada en los más destacados festivales de cine infantil, como el FIFEM de Montreal, el Kineko de Tokio, el Buster de Copenhague, el de la italiana Giffoni, el parisino Mon Premier, el de la checa Zlin, el de Chicago y el de Nueva York, así como con el Gran Premio de la European Children Film Association y el Giraldillo del Festival de Cine Europeo de Sevilla este pasado 2016.

Lo primero que salta a la vista es que, con tal número de reconocimientos, resulta de lo más lógico que nos entristezcan las dificultades de difusión que enfrentan producciones semejantes. Según los datos del Observatorio Europeo Audiovisual, las distribuidoras independientes, que son las que absorben mayoritariamente películas como Aves de paso, consiguen una cuota de mercado inferior al 20% en España, frente al 50% que llegan a obtener, por ejemplo, en un país como Francia, si bien se trata de un porcentaje mayor que, digamos, Argentina, donde es cercano al 10%.

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Aves de paso (Les oiseaux de passage).

Sin embargo, en un informe de 2014, el Observatorio explicó que unos setenta filmes infantiles europeos logran un 11% de la cuota de taquilla cada año en el continente, con una tasa de exportación fuera de su mercado nacional nada menos que del 71%, lo cual no está nada mal, sobre todo si lo comparamos con el 49% del que alcanzan las películas europeas no infantiles. En España, según la última encuesta de hábitos y prácticas culturales del Ministerio correspondiente, el 9,2% de los espectadores y espectadoras acudieron a una proyección de este género, aunque habría que comprobar cuáles de ellas fueron de cine producido en Europa.

Es de suponer que, para que la situación de la cuota de mercado española destinada al cine independiente y minoritario suba y el público no se pierda obras tan galardonadas como Aves de paso, es preciso un cambio en las políticas educativas y en los hábitos de consumo cultural, además de una mayor apuesta por este cine en las salas de exhibición. Y no es una idea descabellada: ahí tenemos el ejemplo francés para nuestras aspiraciones. Así que conseguir una difusión justa para las películas de esta industria cinematográfica de calidad, oculta para la mayoría, es perfectamente posible.