OGM genéricos

El campo vuelve a ser centro de innovación: claves de la nueva agricultura

La nueva agricultura ya está aquí: big data, drones y tractores autónomos para librar al ser humano de la dureza del campo, mejorar la productividad y lograr los cultivos con mayor calidad que nunca.

Presentado por

Si hay un sector productivo que ha vivido innumerables transformaciones desde su aparición, allá por el Neolítico, es la agricultura. Lo que nació como una manera de posibilitar los asentamientos, aspecto clave para las sociedades primitivas, se fue convirtiendo con el tiempo en un eje vertebrador de ellas, permitiendo la acumulación de riqueza y grandes cambios a largo de los siglos. Ahora la agricultura tiene un papel más secundario en la economía, pero como área clave que sigue siendo, no deja de experimentar innovación que agiliza día a día la labor de las personas.

La introducción del regadío aumentó exponencialmente la producción a la vez que liberó de trabajo a los agricultores, permitiendo alimentar las plantaciones a distancia y ganando una eficiencia enorme en cuanto al gasto de agua. El próximo gran actor en este campo ya son los drones, que tras revolucionar otros campos como la cinematografía, lo harán próximamente con el transporte de mercancías e incluso pasajeros. Con ellos comenzaron primero estudios "económicos" sobre las lindes de los terrenos para más tarde jugar un papel en la monitorización periódica.

Ahora, su popularización y el abaratamiento los ha llevado a intervenir directamente en el proceso de siembra, pulverizando herbicidas y esparciendo semillas. Además, ofrecen a los propietarios un nivel de detalle increíble sobre el estado de terreno y su plantación que años atrás habría sido impensable. En ese sentido, lo autónomo, que es el próximo gran paso, tampoco decepcionará al mundo del campo.

Hasta ahora todo tenía que ser controlado de forma intensa por una mano humana, desde conductores de tractores hasta los propios robots, pero la creciente inteligencia artificial permite el uso de tractores autónomos siempre que se les ordene mediante un software dedicado para la función a llevar a cabo durante la sesión de trabajo, que puede ser arado, recolección, descarga de esta, etc. El campo requiere precisión, pero no existen los peligros, saturación o retos de sincronización y tránsito que tienen las ciudades. Por ello es un área donde, a diferencia de los 5-10 años que quedan por delante en otros, el futuro ya es presente, pese a que las implementaciones dependan mucho de la topografía del terreno y de la calidad de los mapas.

Los robots también intervendrán en el control de cultivos. Aunque los organismos transgénicos supusieron un gran avance en cuanto a conservación, los herbicidas continúan jugando su papel en la prevención de la aparición de malas hierbas. Lo malo es que, a su vez, los herbicidas pueden afectar a las plantaciones. La solución aquí es similar a en los casos anteriores: automatización y robotización.

Nada de esto sería posible sin los datos generados y recopilados por las explotaciones agrarias, gestionados por sistemas de big data que existen gracias a los dispositivos del Internet de las cosas. Por ejemplo, gracias a sensores instalados en el subsuelo, en plantaciones de arroz, es muy sencillo obtener información en tiempo real del agua contenida, que gracias a conexiones de redes y de datos móviles puede ser consultada mediante aplicaciones en los sistemas operativos más populares, sin necesidad de caros dispositivos dedicados. Así, los responsables de las fincas pueden saber cuándo es necesario regar o cuándo es mejor dejar estar el suelo; o cuándo sembrar y abonar según la estructura física y los microorganismos presentes en él.

Los avances repasados pueden enmarcarse dentro de la cuarta revolución industrial, cuya idea principal es la digitalización de los procesos de producción. En las plantas inteligentes, encargadas de procesar todo lo recolectado, el ser humano continuará siendo esencial, pero desde un punto de vista creativo, no productivo. Seremos los encargados de programar tareas y procesos, pero nos olvidaremos completamente los actuales trabajos mecánicos para dejarlos precisamente a las máquinas. El futuro será automático, eficiente y verde, es decir, mejor. Y con ello, también lo será lo que comemos, pues nunca antes hemos conocido tan bien cómo y cuándo producir. Es sólo cuestión de tiempo.