Quizá el thriller independiente Reservoir Dogs, Perros de la calle o Perros de reserva (1992) sea la película más redonda de ese cineasta tan admirado y de levantiscos modales como guionista que es Quentin Tarantino, para quien fue su debut, con la dudosa disculpa de los que aman profundamente la verborrea incontenible de la oscarizada Pulp Fiction (1994). Sin embargo, lo cierto es que ya en su primer largometraje dio visos de dicha tendencia a escribir una cháchara arrolladora en los diálogos de sus personajes; y nada más empezar, pues en la primera escena se desarrolla la siguiente conversación entre los criminales sin nombre que protagonizan el filme mientras fuman y toman algo:

“Dejad que os cuente de qué va «Like a Virgin»”, dice el señor Marrón, al que interpreta el propio Tarantino: “De una chica que se cuela por un tío que tiene una polla enorme. La canción entera es una metáfora sobre las pollas grandes”. Prometedor y desconcertante inicio, que continúa como sigue: “No, no”, replica el señor Rubio, encarnado por Michael Madsen. “Trata sobre una chica que es muy vulnerable. La han puteado varias veces y conoce a un tío muy sensible”. Pero el señor Marrón le corta: “Espera, espera, espera… Se acabó el tiempo. Cuéntale esa basura a los turistas”. Y tras una pregunta al aire de Joe Cabot, al que da vida Lawrence Tierney y que parece hablar consigo mismo, prosigue: “«Like a Virgin» no va de una chica sensible que conoce a un buen tío. De eso trata «True Blue»; no hay discusión sobre ello”.

Entonces, entre lo que declara el señor Naranja, con el rostro de Tim Roth, las respuestas de Eddie Cabot y las intervenciones del señor Rubio y el señor Azul, en cuya piel se metió Edward Bunker, todo sobre las canciones de Madonna, el señor Marrón se queja de que le están haciendo perder el hilo de sus pensamientos, el cual reconduce gracias al señor Rosa, interpretado por Steve Buscemi, mientras Joe sigue a lo suyo. “Dejadme deciros de lo que trata «Like a Virgin»”, insiste el señor Marrón: “es todo sobre esta putita que es una auténtica máquina de follar; estoy hablando de mañana, mediodía, tarde, noche… Polla, polla, polla, polla, polla, polla, polla, polla, polla”. “¿Cuántas pollas son esas?”, inquiere el señor Azul. “Un montón”, apunta el señor Blanco, al que encarna Harvey Keitel.

Y el señor Marrón continúa con el asunto: “Entonces, un día conoce a este hijo de puta de John Holmes [actor porno estadounidense] y es como: «¡Guau, baby!». Quiero decir que este tío es como Charles Bronson en La gran evasión [John Sturges, 1963]: está cavando túneles. Ahora tiene una verdadera polla en acción, y está sintiendo algo que no había sentido nunca: dolor, dolor”. Y tras un nuevo apunte retórico de Joe, concluye: “Le duele, le duele. Y no debería dolerle porque su coño tendría que ser como Bubble Yum ahora pero, cuando este tipo se la tira, le duele. Le duele como si fuera su primera vez. El dolor le recuerda a la máquina de follar cómo fue cuando era virgen. De ahí, «Like a Virgin»”.

Por supuesto, todo este desbarro machista a Tarantino le sirve para describir a su personaje como un bruto que disparata más que otra cosa, y qué compañías escoge el grupo criminal o de qué pasta están hechos algunos de sus componentes. No obstante, la noche que el director conoció a Madonna en una fiesta por el estreno de la aclamada película, este le pidió a la cantante que le firmara un ejemplar de su quinto y entonces nuevo álbum de estudio, Erótica, en el que no está incluida la canción a la que se refieren en Reservoir Dogs con tales términos. Y, en el autógrafo, ella escribió lo que sige: “Quentin: es sobre amor, no sobre pollas”. Lo cual, sea como fuere, supuso un buen guiño, todo un detalle, de la música al cineasta, que probablemente él nunca olvidará.