No cabe duda de que uno de los mayores iconos cinematográficos de los últimos años ochenta es La princesa prometida (1987), una cómica aventura de fantasía escrita por estadounidense William Goldman (Butch Cassidy and the Sundance Kid, Todos los hombres del presidente) según su propia novela y con la dirección del neoyorkino Rob Reiner, que tiene en su haber otras películas reconocidas como Cuenta conmigo (1986), When Harry Met Sally... (1989), Misery (1990) o, sobre todo, A Few Good Men (1992). Muchos espectadores más o menos cinéfilos han crecido recordando algunas de sus frases consideradas míticas, muy especialmente aquella en la que el espadachín español Íñigo Montoya (Mandy Patinkin) se identifica ante un asesino buscado y le reta a muerte.

El humor es un elemento clave en el filme, y las carcajadas que pudo provocar en su día habrán sido algo básico para que hoy por hoy se la recuerde así. Pero lo que no sabíamos es que los espectadores no son los únicos que sucumbieron a la hilaridad con La princesa prometida, pues el mismo Reiner ha contado que arruinó varias tomas en el rodaje porque no podía parar de reír por culpa del también actor Billy Crystal (Hamlet, 1996), coprotagonista de When Harry Met Sally... con Meg Ryan (City of Angels), que no por ninguna razón ha sido elegido diez veces para presentar la gala de los Oscar y que interpreta al Milagroso Max: “Billy improvisó mucho mientras estábamos filmando y comencé a reír”, asegura. “Arruiné cinco o seis tomas”. Siendo así, es indiscutible que Crystal hizo bien su trabajo.