—No hagas ruido que tu mamá está durmiendo.
—¿Por qué?
—Porque está cansada.
—Y... ¿Por qué?
—Porque trabajó mucho.
—¿Y por qué trabajó mucho?
—Porque te quiere mucho.
—¿Sí papi? ¿Me quiere mucho? ¿Por qué?

En la vida de todo cinéfilo llega el momento de ver esa película, una joya del séptimo arte que tu padre o conocido mencionan como pronunciando un término universal. Y era mi momento de presenciarla.

Prejuicio nro. 1.- la película era vieja. Prejuicio nro. 2.- supuestamente duraba cinco horas. Prejuicio nro. 3.- rezaba a los ídolos de las paredes para que me gustara. Claro que en el minuto en que todo comenzó dejé de pensar para siempre en cualquiera de estos prejuicios, y más bien se convirtieron en la base mítica sobre la cual presenciaría un filme sin igual.

427 días más tarde otra película me impacta. La ya tan anunciada cinta que se pasa al digital empieza, entrando a la sala una luz nostálgica potenciada por el reflejo de nuestros ojos y de algunas lágrimas.

—Y así niños, es como los concebimos.

Nunca me pregunté cómo se había logrado una obra maestra de tal escala. Quizás solamente pensaba en que había sido realizada por un adulto, y estos seres ancestrales descifraron el código de realizar películas. Sin embargo, una versión con una década sumada de experiencia empezó a investigar.

Orson Welles fue un hombre sin igual, famoso a los 22 y con un enorme futuro por delante, siempre describió su carrera como "comencé en la cima y he estado trabajando mi camino hacia abajo desde entonces".

Curiosamente la frase que fácilmente terminaría con cualquier conversación mientras todos se ríen observando tus "éxitos más grandes", posee mérito que la justifica, dirigiendo El Ciudadano Kane a sus 25 años después de recibir un contrato completamente inusual que le daba control creativo sobre su obra. Pero ¿cómo lo logró?

Probablemente mirando directamente a tu alma y desplegando sus habilidades innatas de "mejor cineasta de todos los tiempos".

Viajamos por el tiempo hacia un momento único e irrepetible. Un miembro de la audiencia en ese entonces quince años menor, hablaba a la cámara con una inocencia socrática que mostraba el espíritu de la Atenas milenaria con la sabiduría que sólo se alcanza en los primeros o tardíos momentos de una vida.

En 1960 Welles era entrevistado en la televisión sobre esa obra de la que nunca se contara lo suficiente, y siendo la celebridad que siempre fue respondía todas las preguntas con la misma gracia que comentaría en mi artículo sobre El momento más reflexivo en la historia del cine.

Eventualmente el presentador decide preguntar directamente: ¿De dónde sacaste la confianza para realizar una película de este tipo? A lo que Orson respondería con la misma gracia que siempre lo caracterizaría:

Ignorancia, pura ignorancia. Sabes, no hay confianza para igualarla. Es solo cuando sabes algo sobre una profesión, yo pienso, que es cuando eres tímido, o cuidadoso.

¿Pero cómo podremos utilizar esa ignorancia para hacer cine? Un arte lleno de reglas, teorías y parámetros que se enseñan en Escuelas reconocidas como las nociones básicas de este séptimo complejo.

Pensé que se podía hacer cualquier cosa con la cámara que el ojo pudiera hacer, o que la imaginación pudiera hacer. Y si vienes desde abajo en la industria del cine te enseñan todas las cosas que el camarógrafo no quiere intentar por miedo a ser criticado, por miedo a fallar... No sabía que había cosas que no podías hacer, así que todo lo que pude pensar en mis sueños, lo intenté fotografiar".

Los avances técnicos que surgieron de El Ciudadano Kane llegaron a nosotros gracias a esa saludable dosis de ignorancia y claramente el trabajo admirable del cinematógrafo que decidió dejar de lado ese miedo a fracasar.

Como todo gran maestro de su oficio Gregg Toland le explicaba a Welles que no existía ningún trabajo de cámara que una persona inteligente no pudiera aprender en medio día. Ya que como explica el niño promesa "el gran misterio que toma 20 años en ser comprendido no existe en ningún campo". Al final, sólo debemos ver la obra maestra para entender de qué sirvió esa ignorancia.

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