Cada vez que se perpetra un atentado islamista en Occidente, como el que sufrió la revista satírica francesa Charlie Hebdo o el de la Rambla de Barcelona a manos del Daesh, hay multitud de dimes y diretes sobre los motivos, la responsabilidad y, por supuesto, el papel de la comunidad musulmana del mundo ante lo ocurrido. La propia organización terrorista explicó en el número quince de su revista virtual Dabiq “por qué nos odia y lucha contra nosotros”: básicamente, porque somos infieles y vivimos como tales y, aunque nuestros países dejaran de intervenir en los de mayoría musulmana, seguirían odiándonos por esa razón.

A lo cual hay que añadir que ocho de cada diez víctimas de este terrorismo son musulmanes, y que el ochenta y siete por ciento de los atentados yihadistas se han consumado en sus países entre 2000 y 2014 según Global Terrorism Database. Es decir, el Daesh y compañía pretenden someter o acabar con todos aquellos que no abracen su extremismo religioso en la implantación de la sharia o ley islámica, el código de conducta arcaico y ultraconservador que se funda en el Corán y otros escritos, ya sean musulmanes moderados o de cualquier ideología distinta. Pero ¿qué es lo que piensan los seguidores de Alá sobre dicha ley y el terrorismo de la yihad? Según los datos aportados por las investigaciones del Pew Research Center, nada de lo que parecen asumir un lado y otro del espectro político.

atentados yihadistas

Al contrario de lo que se suele pensar, las creencias y las prácticas de los musulmanes varían dependiendo de su país de origen. El islam, tanto como el cristianismo u otros credos, no es uniforme en su corpus ideológico salvo en lo que se refiere a su adoración de la divinidad con Mahoma como su profeta y, en gran medida, el deber del ayuno durante el Ramadán. La opinión respecto a implantar o no la sharia como ley que rija los sistemas políticos también es diversa, y el asunto va desde el escaso ocho por ciento de los musulmanes que lo quieren en Azerbaiyán y el terrible noventa y nueve de Afganistán. Pero hay que decir con claridad meridiana que una mayoría considerable de los creyentes islámicos está de acuerdo con que sea así.

Ello explica por qué desde el Proyecto Religión y Estado aseguran que la libertad religiosa está amenazada de una manera muy grave en muchos países de mayoría musulmana”. Sin embargo, el concepto que los seguidores de Alá tienen sobre el terrorismo del Daesh es muy desfavorable en la inmensa mayoría de los casos, hasta el punto de que sólo en Pakistán los que no saben qué responder, un sesenta y dos por ciento, superan al veintiocho que se opone a sus matanzas. Pero en ninguno de los once países musulmanes encuestados en 2015 se llegó siquiera al quince por ciento de opiniones propicias al Daesh, desde el noventa y nueve por ciento contrario de Líbano hasta el sesenta por ciento de Senegal con un veintinueve que no sabe o no contesta a la cuestión.

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Debemos resaltar, por otro lado, que el catorce por ciento de Nigeria que se dice a favor del grupo terrorista, el mayor obtenido, coincide con la presencia en el país de los yihadistas de Boko Haram, que juraron lealtad al Daesh hace dos años. Del mismo modo que no hay más remedio que acordarse de Hamás al saber que el cuarenta por ciento de los encuestados en Palestina sugieren que la violencia del terrorismo, atentados suicidas inclusive, está a veces justificada, y de los talibanes con el treinta y nueve en Afganistán. Pero lo que desde luego no deberíamos olvidar nunca es de que, en muchos casos, las personas de países con grandes poblaciones musulmanas están tan preocupadas como las naciones occidentales por la amenaza del extremismo islámico. Y actuar contra ella es lo que debe unirnos a todos.