El cine es un arte que no sólo emociona a los espectadores que disfrutan de sus maravillas sentados ante las pantallas correspondientes, sino que constituye un capítulo básico de su memoria emocional tanto como jalona la vida del equipo que trabaja denodadamente en cada uno de los proyectos cinematográficos que se ponen en marcha, en Hollywood y más allá de su letrero enorme en el Monte Lee, lleguen o no a buen puerto. Por esa razón, Harrison Ford rompió a llorar durante una entrevista sobre Blade Runner 2049 (Denis Villeneuve, 2017), y por lo mismo, el californiano Mark Hamill, su compañero de reparto en la trilogía original de Star Wars (George Lucas, Irvin Kershner y Richard Marquand, 1977, 1980, 1983), no pudo controlar las emociones que le produjo ver a Frank Oz con la marioneta de Yoda en el rodaje de Los últimos Jedi (Rian Johnson, 2017).

El Episodio VIII de la celebérrima saga de aventuras espaciales saldrá pronto a la venta en DVD y Blu-ray en todo el mundo y, entre los extras interesantes que encontrarán los fans, aparte de catorce escenas eliminadas, está el momento en que Hamill, regresando a la piel de Luke Skywalker, contempla cómo el actor y tiriritero inglés trajina con la marioneta del maestro Yoda y le presta su voz como ya hiciese en las películas anteriores. “Oh, Dios mío…”, le dice Hamill a Johnson, cabecilla en todo el asunto. “Realmente me está afectando”. Oz se da cuenta de lo que ocurre, se aproxima a Hamill y ambos se abrazan amistosamente, con la historia de cine y de vida que tienen detrás en su pensamiento. “Todavía estoy celoso de que no haya envejecido ni un día”, bromea Hamill refiriéndose al pequeño Yoda. Porque el humor es un estupendo broche para una escena emotiva como esta.