Cada año se estrena una película especial que atrae la atención de todos como un magneto gigante hecho de pizza. En el dos mil quince este puesto lo ocupó The Revenant, el año anterior le tocó a Birdman, anterior a ese, The Wolf of Wall Street compartió los honores con Gravity. Algunos han odiado a las obras que he mencionado, pero es una constante el hecho de que son los filmes de los que más se ha discutido en general.

En el dos mil dieciséis, La La Land se ha convertido en la película más popular. En su mayoría ha recibido críticas bastante positivas, pero no se ha librado de una buena dosis de odio y cuestionamientos.

No es coincidencia que sea la película más comentada, de su proceso de realización y de las bases en que se soporta se derivan varios procedimientos que rara vez son divisados en producciones de Hollywood. A continuación enumeramos cinco prácticas que la industria cinematográfica estadounidense debería adoptar de La La Land.

5. Es imposible crear algo que valga la pena sin tomar riesgos

La crítica más recurrente que recibió el último capítulo de Star Wars fue su falta de originalidad y creatividad. A diferencia de la trilogía original, en The Force Awakens vimos una simple renovación técnica de una historia que ya todos conocíamos. Comprar los derechos de la franquicia fue un tiro al piso para Disney. Con tan solo el nombre ganarían billones, ¿entonces por qué molestarse en realizar una película excelente en el proceso?

George Lucas ha hablado bastante acerca de este tema. Las películas verdaderamente buenas requieren riesgo. El realizador no sabe si su idea será bien recibida o no, y eso no es lo que debería importarle en primer lugar. Cuando se es libre de presiones externas es que el trabajo creativo florece.

Ya a estas alturas debemos perdonarlo por las precuelas.

Hollywood ha perdido la rebeldía que poseía antes para tomar riesgos. Por eso es que cuatro secuelas de Avatar están en producción, por eso es que se decidió reiniciar Los Cazafantasmas, esta vez con mujeres, por eso es que Tranformers y Rápido y Furioso serán eternas, al igual que Star Wars en todas sus facetas.

La La Land se opone directamente a todo este conformismo en que ha degenerado Hollywood. Además de revivir un género muerto, lo acompañan con una historia fascinante, personajes creíbles y una banda sonora inolvidable. Los estudios se opusieron a la visión del director, Damien Chazelle, desde el principio. Querían realizar varios cambios en el guion, a los cuales Chazelle se negó hasta que hizo Whiplash y convenció a los ejecutivos de que le dieran una oportunidad. La condición principal: control creativo total.

"Antes de Star Wars, no había nada como Star Wars" —George Lucas

Siete Golden Globes y catorce nominaciones al Óscar después, sumadas a las alabanzas de parte de los críticos y el público en general, Damien Chazelle probó que tomar riesgos da resultados, un principio básico que Hollywood ha ignorado por muchos años.

4. Una película no tiene que ser descerebrada para ser popular

La subestimación de la capacidad intelectual de las audiencias en general se ha vuelto común. La mayoría del dinero en las arcas de los estudios se utiliza para financiar "blockbusters" sin una gota de creatividad que apenas figuran en la categoría de "películas".

El rotundo éxito de La La Land demuestra que las audiencias a todo nivel son receptivas al cine de calidad. El público pide más que entretenimiento, quieren ser estimulados emocionalmente y explorar de cerca su humanidad común. La La Land les ofrece una oportunidad para hacerlo, sin comprometer su integridad artística.

"¡Compramos las entradas que no eran pero nos dejó de importar!".

Los críticos de cine son muchas veces tildados de snobs, personas que creen que las únicas películas verdaderamente buenas se hicieron en Alemania durante los años setenta y todo los demás desde entonces ha sido basura, o algo por el estilo. Es cierto que muchos se adecuan a este arquetipo pero, en su mayoría, los analistas de películas solo buscan introducir a la audiencia a un cine de más calidad y creatividad que el que es ofrecido en la cotidianidad.

La La Land es la película perfecta para lograr este propósito, ya que no solo se evidencia que posee una calidad técnica, argumental y poética excelsa, sino que también es capaz de atraer a audiencias de todo tipo con su encanto único.

3. Las películas de mediano presupuesto son buen negocio

En las últimas décadas, el cine de mediano presupuesto ha estado desapareciendo. Debido al fenómeno de los blockbusters, Hollywood optó por invertir todo su dinero en producciones masivas, esperando ganancias enormes. Como resultado, varios cineastas excelentes (David Lynch, Francis Ford Coppola, John Waters,etc) desaparecieron del mapa.

Las películas de superhéroes sirven como el ejemplo más directo. Con una inversión de doscientos millones aproximadamente se llega a ganar hasta un millardo (o incluso un poco más), multiplicando varias veces el presupuesto inicial. Lo negativo es que filmes de este tipo suelen ser genéricos y repetitivos. Los estudios no buscan inventar nada nuevo con ellos, solo aplican la misma fórmula empresarial una y otra vez.

"De acuerdo, estamos seguros que La Era del Hielo 9 será un gran éxito".

Sin embargo, esta tendencia está dejando de ser rentable poco a poco. Pongamos algunos ejemplos: el remake de Los Cazafantasmas costó ciento cuarenta y cuatro millones y recaudó casi doscientos treinta, Pixels costó ochenta y ocho millones y recibió doscientos cuarenta y cuatro en taquilla, Star Trek: Beyond costó ciento ochenta y cinco millones y recaudó trescientos cuarenta y tres.

Todos estos números suenan muy bien hasta que los comparamos con los de otras películas exitosas de presupuesto medio. La La Land costó apenas treinta millones pero ha recaudado (hasta ahora) doscientos veintitres, lo que equivale a casi un ochocientos por ciento de ganancia, sumados al prestigio y reconocimiento que significan la aprobación general y las nominaciones.

Birdman es otro ejemplo interesante, con dieciocho millones de presupuesto logró recaudar poco más de cien millones, es decir, un quinientos por ciento de ganancia, más unos cuantos premios de la academia.

Las películas mencionadas anteriormente apenas rozan la cifra del trescientos por ciento de ganancia sobre la inversión anterior, y sin poseer el valor agregado de ser aclamadas por la crítica y el público, lo que se traduce en más publicidad gratis y ventas de blu-rays.

En algunos países se dicta pena de muerte de inmediato al que se atreva a comprar una de estas.

Nosotros somos los encargados de revertir esta tendencia. Si una película parece una basura echa con el único objetivo de ganar dinero fácil (lo que es fácil de evaluar a primera vista, la mayoría de las veces), pues lo que hay que hacer es no ir a verla bajo ninguna circunstancia. Y si de todas formas quieres verla por curiosidad, pues para eso Julian Assange inventó los torrents.

2. Si una película es tratada con el respeto que merece, ganará dinero por si sola

El cine como negocio ha corrompido el concepto de película. Un filme no es un producto, por lo que no debe ser tratado como tal. Es decir, la producción de una obra cinematográfica no debería estar sujeta a reglas publicitarias con el potencial de dañar irreversiblemente el proyecto.

La gran mayoría de los blockbusters se alejan contundentemente de cualquier acción creativa, su prioridad es qué quiere ver la gente, la cual es una interrogante peligrosa.

Una película solo debería seguir las reglas inherentes de la historia, construidas por el director y el guionista. Cuando la opinión pública influye en las decisiones que se toman desde el principio, pues el producto final será un extraño híbrido, aburrido y sin personalidad alguna.

Ehem...

La La Land, al igual que otras películas excelentes, sirve de ejemplo para este argumento. La historia es sumamente personal para el director, la estética es una expresión genial de lo que sienten los personajes y la banda sonora nació solo de la pasión del compositor.

El guion se llevó a la pantalla como fue escrito, sin tomar en cuenta qué podía pensar el público si, por ejemplo, el final era agridulce, si el jazz tenía un papel protagónico (siendo un género poco popular), si duraba más de dos horas, etc. Sin libertades de este estilo, los filmes de calidad no se pueden realizar.

1. Lo importante no es qué se cuente sino cómo se cuente

El núcleo de La La Land es una historia de amor (eso sí, adaptada inteligentemente a nuestra época) pero, a estas alturas, ¿la gente no debería estar cansada de relatos así? Incontables dramas y comedias románticas de todo tipo tratan sobre lo mismo, sin embargo, se siguen haciendo.

Esto se debe a que lo importante en el cine no es la premisa, sino cómo esta se lleve a la pantalla. La La Land es excepcional porque comunica su historia de manera extravagante y creativa. Crea un universo único y lleno de magia en que los personajes persiguen su sueños con brío. Un premisa difiere bastante del corte final de una película.

Confusiones así explican fenómenos como la obsesión de Hollywood con el espacio que surgió luego del estreno de Star Wars. Pensaban que el rotundo éxito de la película se debía a que tomaba lugar en escenarios espaciales fantásticos, no comprendían que sus causas se encontraban bajo la superficie.

Reunión de ejecutivos: "Presidente, hemos llegado a la conclusión que todo se debe a las peleas con espaditas de colores".

Star Wars se convirtió en un éxito universal porque supo combinar una historia bien construida e interesante con una narrativa que cualquiera pudiera disfrutar, lo demás son detalles circunstanciales. Si la película se llamara Gang Wars y se llevara acabo en un escenario urbano, igual se hubiera convertido en un clásico.

Si al personaje de Ryan Gosling le hubiera gustado el Rock o el Ballet y al de Emma Stone le apasionara los concursos de comida, haría poca diferencia, la película sería excelente de todas formas.


Claro que Hollywood se puede dar el lujo de ignorar todos estos consejos y concentrarse en hacer dinero, sin darle mucha importancia al aspecto artístico del cine. Pero nos gusta pensar que la mayoría de personas en la industria aman el séptimo arte tanto como nosotros.

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