El colorido de las ciudades tiene un encanto que a veces olvidamos apreciar por los vaivenes de la cotidianidad. En México, por ejemplo, los mercados municipales son parte del día a día de muchas personas y a veces son gentes de fuera las que nos recuerdan la belleza que se esconde en esos lugares; belleza que se esconde a plena vista.

A esto recuerdan las tradicionales "klek-shops" de Sofía, la capital de Bulgaria. Su nombre se deriva del verbo kliakam, que significa agacharse. Agacharse porque se encuentran ras de piso, y los que atienden estas bonitas tienditas se encuentran en la parte más baja del establecimiento.

El origen y peculiaridad de estas klek-shops se remontan a principios de los años noventa. En ese entonces, Bulgaria vivía un cambio político y social significativo debido a la caída del comunismo. Entonces, la propiedad privada volvió a ser legal y las personas aprovecharon sus sótanos para vender productos, esto por dos razones: pagar un local no estaba en las posibilidades de muchos y sacaban provecho de sus propias viviendas.

El origen de las klek-shops se remonta a la caída del comunismo en ese país

Las ventanillas de las klek-shops están en la parte baja de la banqueta y los escaparates están adosados a las fachadas. Algunos son escaparates que tienen puertas que se cierran; otros, en cambio, no necesitan cerrarse pues funcionan las 24 horas.

Lo que se vende en las klek-shops va desde refrescos, dulces, postres, licores, tabaco, algo así como productos "complementarios" pero también podemos ver otras especializadas en pan, zapatos y una que parece un pequeño súper.

Algunos testimonios sobre estas vistosas tienditas cuentan que en décadas pasadas casi cada calle contaba con su propia klek-shop, sin embargo, en la actualidad ha disminuido la cantidad de estas tiendas que, como decíamos al inicio, es probable que con la vertiginosidad de la vida cotidiana se pase de largo de su belleza y encanto. Ojalá que no.

👇 Más en Hipertextual