Es natural que millones de cinéfilos alrededor del mundo estén pendientes de cada movimiento que realiza Alejandro González Iñárritu. El mexicano cuenta con una filmografía impresionante. En mi opinión todas sus películas son excelentes. Cada uno de sus proyectos es dramáticamente distinto al anterior. Pasó de dirigir comerciales y ser locutor de radio a realizar una de las mejores cintas de cine latinoamericano "Amores Perros".

Diecisiete años después, Iñárritu ya persigue otros horizontes muy distintos. Ha sido galardonado tanto en el festival de cine de Cannes como en los premios de la Academia, siendo la estrella de las ceremonias de premiación más prestigiosas del mundo en múltiples ocasiones.

Además de su talento individual, el éxito de Alejandro González Iñárritu se debe en gran parte a que ha sabido armar un equipo excelente a su alrededor. Guillermo Arriaga, Emmanuel Lubezki, Rodrigo Prieto, Gustavo Santaolalla, etc. Sus proyectos suelen estar compuestos de varios sujetos expertos en sus respectivos oficios.

Una "selfie" de Lubezki ya es en sí misma una obra de arte.

En el festival de Cannes de este año Iñárritu estrenará su ambicioso nuevo proyecto, en el cual vuelve a colaborar con el cinematógrafo Emmanuel Lubezki. Se trata de una instalación de realidad virtual en la que los participantes podrán experimentar de primera mano cómo se siente ser un refugiado mexicano o centro-americano, tratando de cruzar la frontera hacia los Estados Unidos.

En dicha instalación cada participante podrá vivir un fragmento de estas travesías. Basándose en varias entrevistas realizadas personalmente, Alejandro decidió adaptar las historias más impactantes a este novedoso formato. La línea entre espectador y participante directo de la acción se vuelve borrosa con "Carne y Sangre".

La experiencia dura unos seis minutos, pero estará disponible en su versión completa cuando sea exhibida en la Fondazione Prada. Iñárritu señaló lo siguiente sobre su nueva obra.

Mi intención era experimentar con la tecnología de realidad virtual para explorar la condición humana en un intento por romper con la dictadura del encuadre—dentro del cual, las cosas sólo son observadas—y reclamar el espacio para permitirle así al visitante una experiencia directa, caminando en los pies del inmigrante, por debajo de su piel, y dentro de su corazón.

Los conceptos planteados por Iñárritu son intrigantes. ¿Estaremos a las puertas de una nueva revolución cinematográfica? Solo queda esperar a ver si este nuevo experimento es tan excelente como parece en la superficie.