No es la primera vez que hablamos de los 155 kilómetros de hormigón que, hasta el 9 de noviembre de 1989, dividió al mundo en dos mitades. La caída del Muro de Berlín supuso el fin de una era y el comienzo de la cicatrización de aquellas heridas presentes desde la Segunda Guerra Mundial.

Ahora, el “muro de la vergüenza” se ha convertido en un símbolo internacional de aquello que nos separaba y de lo que nos debería unir. Con motivo de ello, como recogen en REUTERS, los grandes trozos del Muro de Berlín han viajado a diferentes lugares del mundo para mostrar un pedazo de la Alemania dividida.

Los Ángeles. Créditos: REUTERS
Los Ángeles. Créditos: REUTERS

Londres. Créditos: REUTERS
Londres. Créditos: REUTERS

Costa Rica. Créditos: REUTERS
Costa Rica. Créditos: REUTERS

Madrid. Créditos: REUTERS
Madrid. Créditos: REUTERS

California. Créditos: REUTERS
California. Créditos: REUTERS

Israel. Créditos: REUTERS
Israel. Créditos: REUTERS

Madrid, Nuevo México, Sudáfrica, Australia… son muchas las zonas a las que han llegado los fragmentos de una demolición tan deseada que para muchos era difícil de concebir. Pero el día llegó. El 13 de agosto de 1961, la República Democrática Alemana difícilmente llegaría a imaginar que, años más tarde, esos mismos pedazos que construyeron para dividir al mundo terminarían viajando alrededor de él.

Créditos: REUTERS