El catálogo de Walker Evans de la Fundación Mapfre es uno de los libros que tampoco debería faltar en la biblioteca de cualquier fotógrafo, ya sea moderno o clásico, lleve aros en las orejas o vaya todos los días con pajarita al cuello. Walker Evans es uno de los padres fundacionales de la fotografía. Todo pasa por él. Y el catálogo de la Fundación Mapfre, con motivo de la exposición retrospectiva que montaron en 2008 en Madrid, es una de las mejores formas de acercarse a su figura.

Los catálogos de la Fundación Mapfre son todos ellos voluminosos y caros pero maravillosos. Y antes de empezar a hablar del libro de Walker Evans, voy a dar un tirón de orejas a dicha fundación, si me lo permitís. ¿Por qué dejasteis de publicar los maravillosos cuadernos, de precios contenidos, que contenían algunos de los textos de los catálogos de las exposiciones y una pequeña selección de las fotografías de las mismas? Para muchos era la solución perfecta. No se podían permitir el catálogo, pero al menos tenían acceso a la preciada información. En mi caso, no me puedo comprar, con todo el dolor de mi corazón, todos los catálogos, por cuestiones económicas y de espacio, pero tengo como oro en paño, todas las revistas, que ocupan poco y tienen todo el saber. Una pena, que en esta época de crisis, no volváis a publicarlos. Las ventas se dispararían.

Este libro me lo compré por varios motivos. El principal es porque lo recomendó uno de los mejores profesores que he tenido, José Manuel Navia, en uno de los cursos que hice con él. Probablemente es la mejor retrospectiva que se ha hecho de la obra y vida de Walker Evans en español. La exposición estuvo comisariada por Jeff L. Rosenheim, uno de los mayores expertos en el ilustre fotógrafo y curador, como les gusta llamarse ahora, del departamento de fotografía del museo Metropolitan de Nueva York.

Walker Evans nació en 1903 y desde joven soñó con hacerse escritor. Trabajó en librerías y bibliotecas y tuvo la oportunidad de viajar en 1926 a París, donde estaban los grandes escritores. Pero el joven volvió frustrado y decidido a renunciar a la pluma. El mundo perdió a un escritor, pero ganó a uno de los mejores fotógrafos de la historia. En una época en la que la fotografía seguía, como un corderito, a la pintura como ejemplo a seguir, él supo darse cuenta que el camino iniciado por Atget, el fotógrafo que dio a conocer en América Berenice Abbot, era el acertado.

Muy pronto se hizo con una cámara de banco y empezó a buscar el estilo antiartístico, o mejor dicho el estilo fotográfico del que beberían más tarde los más grandes representantes del mundo la imagen, una fotografía en la que aparentemente no pasara nada, que no pretende cambiar ni modificar nada, tan sólo enseñar lo que hay delante del objetivo.

Es el rechazo de lo monumental, lo artístico y lo comercial, que encuentra la esencia de la sociedad norteamericana en la experiencia de lo cotidiano y la exploración de lo vernáculo, legando a las generaciones venideras un retrato anónimo y colectivo de esta sociedad a través de la fotografía.

El catálogo profundiza en esta idea, en la nueva forma de ver las cosas de Walker Evans, gracias a los ensayos del propio Jeff L. Rosenheim, Jordan Bear y Chema González, especialistas y amantes del genial americano. Gracias a ellos aprendes a mirar de otra forma la obra de Walker. Por ejemplo, trabajó para la FSA (Farm Security Administration) de Roosevelt, con el encargo de reflejar el drama social que se estaba viviendo. Él no sacó la pobreza de manera evidente, sino que se limito a retratar la dignidad de las personas que no tienen nada pero que miran de frente. No son miserables de ropas raídas, soy gente trabajadora que no se resignan  a estar con los brazos cruzados. Sus casas son humildes, pero tienen los paños limpios colgados de un gancho para limpiar los platos que casi no tenían comida. Tan poco dado a la lágrima fácil que fue despedido, pero sus fotografías de estos años están consideradas obras maestras. En 1936 publicó junto con su amigo James Agee un libro que fue rechazado, en forma de reportaje, por ser demasiado duro. Ampliaron los contenidos y nació Elogiemos ahora a hombres famosos, una perfecta simbiosis de texto y fotografía sobre la pobreza.

El catálogo, prolijo en fotografías y textos, es único y permite conocer al hombre, que murió en 1975, con una Polaroid SX70 entre sus manos para experimentar con el color, que cimentó las bases de la buena fotografía, fuera cual fuera la cámara. Lo podemos encontrar en las librerías especializadas y en los mejores museos. Su ISBN es 978 84 9844 146 8