¿Qué se esconde tras un suculento potaje de garbanzos?, ¿y en las pepitas decorativas de una magdalena o un bizcocho cualquiera? La fotógrafa Caren Alpert ha decidido revelarnos todos estos secretos con un poco de imaginación, una buena dosis de paciencia y un microscopio de electrones que es prácticamente imposible de conseguir.
Caren lleva años dedicándose a la fotografía gastronómica (ha trabajado para Food & Wine y Bon Appétit), pero nunca se había acercado tanto a los objetos protagonistas de sus fotografías. La estadounidense pensó que la comida siempre puede ser sorprendente y que la búsqueda de las texturas y el acercamiento a los alimentos podía ser una manera de conocer al detalle qué es lo que comemos; así que consiguó un permiso para utilizar el microscopio de electrones del Departamento de Ciencia de la Universidad de Arizona y durante varios meses se ha dedicado a seleccionar texturas y alimentos que utilizamos en nuestra dieta habitual para ampliarlos entre 40 y 250 veces su tamaño hasta devolver una imagen que no se asemeja en nada a lo que nosotros podríamos apreciar como un trocito de chocolate o una simple mora.

El microscopio de electrones, principal herramienta de trabajo de Alpert, es un instrumento muy delicado y sólo captura imágenes en blanco y negro, así que los dos ejemplos que podéis ver en esta entrada han pasado por un programa de edición para recomponer el color. Además, para lograr este resultado se han necesitado grandes dosis de tiempo y paciencia, ya que trabajar con unidades tan pequeñas requiere una gran precisión en el encuadre. Finalmente, el resultado ha merecido la pena y gracias a ella hoy conocemos un poco mejor qué textura y aspecto tienen los manjares que nos llevamos a la boca.
Vía: Pdn Online
