No me he vuelto loco, no voy a viajar en el tiempo metiéndome en una cámara fotográfica, os hablo metafóricamente. Hubo gente que viendo una fotografía por primera vez pensaba que el fotógrafo era una especie de brujo capaz de encerrar el espíritu de las personas, algo parecido ocurrió en el seno de una tribu africana durante el rodaje de un documental, dicen que sus miembros corrieron asustados cuando vieron el documental porque en el tiempo que tardó en rodarse el mismo murieron varios de ellos y no se explicaban como era posible que pudiesen verlos caminar nuevamente aunque encerrados en un pequeño monitor. Desconozco si es una leyenda urbana o no pero es plausible. Este es el poder de la fotografía.

¿Habéis visto los montajes que fusionan fotografías de un mismo sitio en tiempos distintos? Hay muchos ejemplos poblando la red y el efecto es realmente curioso, hace funcionar el fenómeno fotográfico como una máquina del tiempo capaz de unir dos épocas distintas. Con edificios parece funcionar muy bien pero ¿a alguien se le ha ocurrido probar suerte con retratos?

Si pensabas que no siento decirte que te equivocas porque el fotógrafo Bobby Neel Adams sí que ha tenido la idea y la ha convertido en un interesantísimo proyecto fotográfico consistente en fusionar dos fotografías de una misma persona pero en distintas épocas de su vida: mitad niños, mitad adultos. El resultado es cuanto menos curioso porque se cae el tópico de: *¡cuánto has cambiado!*, al menos en los ejemplos que podemos ver.

Lo mejor es que podéis probar el experimento en casa, tan solo tenéis que escanear la foto de una persona en su niñez, fotografiarla con la misma pose y sentaros delante del ordenador para hacer la fusión. Pueden salir montajes muy divertidos.

Vía Paranoias | Fotos: Bobby Neel Adams

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