En fotografía a veces las historias no terminan bien y la imagen que vemos oculta una realidad que nos toca de forma especial. Eso me ocurrió con las últimas imágenes del fotógrafo Robert Landsberg que revelan la furia de un volcán y la voluntad del ser humano de dejar algo para el futuro aunque él mismo ya esté perdido.

En 1980 el volcán St. Helene empezó a entrar en erupción atrayendo curiosos y fotógrafos a la escena. Entre los asistentes estaba Robert Landberg quien visitó decenas de veces el lugar para fotografiar el cambiante fenómeno. Este podría haber sido otro paso más en su carera como fotógrafo, pero en la mañana del 18 de mayo, se encontraba a pocas millas de la cumbre cuando el volcán finalmente estalló. Poco sabemos de lo que ocurrió en aquel instante, qué pensó Robert Landsberg al verse envuelto por la nube tóxica de humo que se acercaba a gran velocidad. Lo que si sabemos es que siguió disparando fotografías quizás ya seguro de que serían las últimas que tomaría. En los últimos instantes que le quedaron, logró rebobinar la película, colocarla en su caja, poner la cámara en su bolsa y esta en su mochila junto con su billetera, posiblemente para ayudar a su identificación. Finalmente se echó sobre su mochila intentando proteger su contenido.

Diecisiete días más tarde encontraron el cuerpo de Landsberg enterrado en ceniza con su mochila bajo suyo. El film logró ser recuperado, estudiado por geólogos, y publicado para preservar de alguna forma su memoria.

Pero Landsberg no fue la única tragedia que el monte st. Helene trajo, otras 56 personas murieron incluyendo a otro fotógrafo. Reid Blackburn cubría la erupción para un periódico local y para el National Geographic. Su cadáver fue encontrado cuatro días después aun en su coche. Su cámara fue recuperada pero la película había sido completamente destruida por las altas temperaturas.

No son estos los únicos fotógrafos muertos al hacer su trabajo, en una profesión que puede ser arriesgada. Fotógrafos de guerra, foto periodistas y fotógrafos de la naturaleza se juegan muchas veces la vida con el equipo al hombro.

Sólo queda pensar un poco en ellos, y la próxima vez que sientan que puede haber peligro piénsenlo dos veces antes de arriesgarse por una toma.

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